lunes, 24 de octubre de 2011

México en el Índice Global de Paz

La Crónica de Hoy

Manuel Gómez Granados
2011-10-16 
En los primeros días de octubre se hicieron públicos los resultados del Índice Global de Paz 2011 (IGP 2011), elaborado por el Institute for Economics and Peace (http://bit.ly/IGP2011), radicado en Australia, en colaboración con The Economist Intelligence Unit. Índice robusto, que analiza a 153 naciones a partir de la información de 23 distintas variables y que ofrece una idea clara acerca de las características que una sociedad debe reunir para ser considerada pacífica.

Entre los hallazgos más importantes está el hecho de que nos encontramos, a escala global, en un espacio de tres años que ha hecho del mundo un lugar menos pacífico. Es claro que una de las razones es el activismo de organizaciones terroristas y criminales, pero esta condición de “menos pacífico” también está relacionada con la intensificación de los conflictos en algunas naciones o regiones, con la creciente inestabilidad vinculada con las alzas en los precios de las materias primas, los combustibles, los alimentos y la desaceleración económica global.

No es posible pensar que todos los problemas de los que da cuenta el IGP 2011 estén relacionados con realidades o conflictos a escala global. Una de las aportaciones más útiles del índice es la posibilidad de vincular el nivel de paz interior de cada país con indicadores nacionales. Ya lo decía Pablo VI: el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, por eso, no sorprende que México sea uno de los países de América Latina peor calificados, pues ocupamos el lugar 20 de 23 naciones de la región, y nos encontramos por debajo de países con niveles de desarrollo muy inferiores al nuestro, como Honduras, El Salvador o Haití. Esto hace que nos ubiquemos en el lugar 121 de 153 naciones a escala global y nos coloca en una situación muy difícil si consideramos que el país necesita inversiones que dependen, en buena medida, de cómo se nos percibe en el exterior, así como de la confianza que los inversionistas nacionales puedan tener para dejar su dinero en México, además de simplificación administrativa y burocrática.

Más allá de que el IGP 2011 nos ofrece la posibilidad de comparar dónde estamos en relación con América Latina y con el mundo, el índice también nos permite encontrar alguna de las razones por las que calificamos tan mal. Y no, no es sólo el problema de la violencia, de los decapitados, de los periodistas muertos o de los profesores que se niegan a dar clases porque los capos del crimen organizado les exigen el pago de cuotas de “seguridad”. Esos son los síntomas de la enfermedad y —como se ha podido constatar— ganamos poco al atacar esos síntomas sin atacar las causas estructurales de la violencia.

Entre esas causas, destacan las dificultades para consolidar nuestra democracia. La semana pasada, en este mismo espacio, hacíamos referencia a los hallazgos de los autores del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina (http://bit.ly/kasiddlat2011), patrocinado por la Fundación Konrad Adenauer. Allí se evidencia que México, en lugar de mejorar en los últimos años en ese importante indicador, ha empeorado. Algo parecido ocurre en el IGP 2011, pues la calidad de la democracia mexicana sigue siendo insuficiente; peor incluso que la de naciones con severos problemas de integración política como Sudáfrica.

La correlación entre el índice y la calidad del desempeño del gobierno no es mejor. En ese renglón, México está en una situación más precaria que Sudáfrica que tiene un mejor desempeño de sus instituciones de gobierno. Lo que es más grave, la percepción de corrupción en México es igual o similar a la de países como Argelia o Guatemala y de mayor corrupción que la que se tiene en Sudáfrica o Arabia Saudita.

Además, las correlaciones entre el IGP 2011 y los tres indicadores que dan forma al Índice de Desarrollo Humano, reflejan los problemas que tenemos en materia de distribución del ingreso, de desempeño del sistema educativo y de cobertura y atención del sistema de salud. Este como otros índices disponibles confirman la necesidad que tenemos de mejorar nuestra vida democrática, el desempeño de los gobiernos y atacar de frente a la corrupción, de mejorar la distribución del ingreso y de mejorar la calidad de la educación y los servicios de salud del país. La indiferencia y el desencanto de muchos sectores de la sociedad para atender temas de democracia y participación ciudadana parece no tener fin, esto nos lleva a preguntarnos, ¿hasta cuándo dejaremos la política sólo en manos de los políticos y asumiremos nuestra responsabilidad como ciudadanos?

manuelggranados@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario