domingo, 6 de noviembre de 2011

Las reformas de mercado no bastan



Manuel Gómez Granados | 
Opinión



Como cada año, la empresa chilena Latinobarómetro (http://www.latinobarometro.org/)  publicó los resultados de la encuesta que realiza en todo el continente desde finales de los noventa. Ha ganado prestigio por los temas y la manera en que los aborda, y porque es un instrumento que permite que los latinoamericanos nos veamos en un espejo que muestra lo que nos hermana y lo que debemos mejorar.

Uno de los temas que distingue a esta encuesta es el interés en explorar qué tan satisfechos estamos los latinoamericanos con la democracia y las reformas de mercado.

Precisamente, Latinobarómetro nació en el contexto de las transiciones a la democracia y las reformas de mercado de los noventa, con la preocupación por la fragilidad de la democracia y el riesgo de la inestabilidad, los golpes de Estado, los gobiernos populistas y autoritarios.

Este año, uno de los comunes denominadores es el descontento que los latinoamericanos tenemos respecto de la manera en que se manejan los asuntos públicos en nuestros países.

El estudio destaca la manera en que cae el nivel de satisfacción con la democracia, casi a la par en que cae el desempeño del Producto Interno Bruto en todos los países de la región. Y eso se refleja en la importante caída de la aprobación de los gobiernos, con excepción de Perú y Argentina, donde la aprobación a esos gobiernos crece en 22 y 17 puntos porcentuales.

La más interesante y notable de estas caídas ocurre en Chile, pues el gobierno de Sebastián Piñera, en un solo año perdió 27 puntos de aprobación. Hay una profunda paradoja. Chile es el país que mejor desempeño económico ha tenido en América Latina en los últimos 20 años. Es el ejemplo a seguir, el paradigma del retorno a la democracia, la estabilidad y la mejora económica. Sin embargo, hoy es el país que enfrenta las críticas más severas de sus habitantes sobre el desempeño de su gobierno. El índice de “imagen de progreso” reporta su caída más abrupta (-26%). Y seamos honestos, privatizar la educación fue un modelo que se debe acreditar a los gobiernos de la Concertación (socialistas y democratacristianos) y aunque el estilo de gobernar de Sebastián Piñera es antipático, él no creó ese modelo.

¿Por qué el país que más ha ganado con las reformas de mercado parece dispuesto a echarlas por la borda? Entre otras cosas por la caída abrupta en la percepción de justicia en la distribución del ingreso, que si era bajo en 2010 (12%), se redujo a la mitad en 2011.

Las reformas de mercado sólo pueden lograr el mínimo de condiciones para apoyar el funcionamiento de la democracia. Para rebasar ese mínimo y que el desarrollo se generalice y beneficie a grupos más amplios, son necesarias reformas que favorezcan la justicia, la igualdad y la solidaridad, y permitan que los costos de la educación superior, por ejemplo, se reduzcan y más personas se beneficien de esa actividad. Las reformas de mercado, por su propia naturaleza excluyen a muchos, generan exclusión y encono, como las que se viven ahora en Chile.

Queda claro que en el ánimo de los chilenos y los latinoamericanos existe el deseo de que se haga realidad el principio base de la economía social de mercado: “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario” o, en otras palabras, “tanta competencia como sea posible, tanta solidaridad como sea necesaria”. No creemos en un Estado que decida todo, pero tampoco creemos que los criterios de mercado sean los únicos que deben prevalecer.

Vista con detenimiento, la situación en México no es muy diferente, aunque en el caso de México es necesario agregar que las finanzas públicas dependen del ingreso petrolero, y que el Estado recauda apenas el 10% del PIB, pero grava el trabajo y no el capital.

La confianza de los latinoamericanos en la democracia, sus instituciones y prácticas, sigue ahí, pero es claro que se notan signos de impaciencia, “descontento del progreso”, le llaman los autores del estudio.

Tarde o temprano, en México discutiremos las reformas que tanto hemos postergado. Si se insiste en que basta con reformas de mercado y no una reforma más amplia, más integral de la economía y de las instituciones de la democracia, muy pronto nos toparemos con la misma pared con la que ha topado Chile.

Urge una mayor justicia social, más y mejores oportunidades para muchísimos desempleados o trabajadores informales, el cese inmediato de tanta violencia, inseguridad e impunidad y una mayor participación ciudadana en los asuntos políticos. La ciudadanía ya no aguanta más.


manuelggranados@gmail.com

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