domingo, 27 de noviembre de 2011

México, Centroamérica y la geografía



En los años noventa, cuando se discutía con mayor intensidad el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los personeros del gobierno de México acuñaron una frase que se convirtió en lugar común: podemos cambiar todo, menos la geografía.

La frase encerraba la idea de lo inevitable de la relación con EU. Así como la necesidad de que México tenía que aprovechar la cercanía con el vecino del norte. En cambio, nada similar se dijo de Centroamérica cuando se impulsó, por ejemplo, el Plan Puebla-Panamá o cuando se han promovido, con mayor o menor empeño, otras iniciativas de integración regional entre México y Centroamérica.

La relación con Centroamérica es tan geográficamente inevitable como la relación con Estados Unidos y está marcada por denominadores comunes que van desde los orígenes mayas y mexicas, los tres siglos de pasado colonial, así como el breve Imperio Mexicano que incluía a Centroamérica, y tantas otras cosas en común, como la lengua, la religión o la comida. Sin embargo, México voltea poco hacia Centroamérica.

México y Centroamérica comparten retos que no se limitan a la lucha contra el crimen organizado. Están, por ejemplo, los problemas causados por el aumento en el precio de los alimentos, que provocan ya hambre en las zonas rurales de la región. También compartimos el reto del manejo de recursos comunes, como el agua, los bosques o distintas especies animales.

Eso sin olvidar a los grupos de mexicanos y centroamericanos que, con la excepción de Costa Rica, son emigrantes en Estado Unidos. Muchos de ellos, sin los papeles necesarios para llevar allá una existencia tranquila. No olvidemos que para muchos centroamericanos, ser indocumentado inicia antes de llegar a Tijuana. Los problemas inician en Chiapas, en algún punto de la frontera con Guatemala o Belice.

 Y si en los noventa México abrazó las posibilidades que ofrecían los acuerdos comerciales, también abrazó una idea equivocada en materia de migración. Impuso un régimen restrictivo, policiaco, de irrespeto sistemático de los derechos humanos. Fue un régimen que institucionalizó la violencia, el abuso y la corrupción contra los más débiles.

Abundaron las críticas a México. Afortunadamente, funcionarios como el secretario José Francisco Blake (q.e.p.d) y personalidades como Margarita Zavala, comprendieron que era necesario cambiar la relación con América Central.

El cambio se expresó, primero, en mayor respeto a los críticos del gobierno. Fue el caso del padre Alejandro Solalinde quien, junto con otros, hablaba desde hace varios años de la necesidad de modificar las leyes mexicanas y no criminalizar al indocumentado. Exigía, entre otras cosas, no hacer con los indocumentados centroamericanos lo mismo que criticamos de Estados Unidos.

El cambio finalmente se expresó en las reformas a la Ley de Migración que el Ejecutivo publicó en el Diario Oficial el 25 de mayo de este año. Queda pendiente, conocer qué cambios ocurrirán en el reglamento y en parte del personal que deja mucho que desear y sobre lo cual personas y asociaciones se han manifestado. Queda pendiente saber qué tan generosos seremos con Honduras, El Salvador y Nicaragua. En la actualidad, el gobierno de México exige el requisito de visa, mexicana o de Estados Unidos, para que los ciudadanos de esos países ingresen a México.

Las expectativas son muy altas. En Honduras, por ejemplo, funcionarios del gobierno de Porfirio Lobo hablan de un acuerdo inminente para eliminar el requisito de visa para entrar a México. La prensa hondureña ha publicado notas sobre los posibles efectos del acuerdo con México. Tristemente, no hay claridad de parte de México. Es importante que México reconozca su lugar en el mundo. Por ejemplo, en materia de divisas, no sólo las recibimos. México es, después de Estados Unidos y España, el país que más remesas envía a Honduras.

Ojalá que en el nuevo reglamento de la Ley de Migración sea congruente con su otrora famosa hospitalidad. Es necesario que dejemos de exigir a Estados Unidos o Canadá lo que no ofrecemos en temas como visas o los derechos humanos de los indocumentados.

El combate al crimen organizado no puede ser, como ahora, el criterio rector de la relación con Centroamérica. Necesitamos nuevos enfoques que permitan una relación más madura y productiva. Una relación que desarrolle ciclos virtuosos en materia económica, de respeto de derechos y de consolidación de la cultura común.

Y no es sólo por ser solidarios. México podría sacar mayor provecho de las oportunidades que Centroamérica ofrece. Las oportunidades van desde ofrecer más becas para que jóvenes centroamericanos estudien en México hasta aumentar las exportaciones al Istmo. Las oportunidades están ahí, así como la urgencia de atender los problemas comunes. ¿Lo haremos?


manuelggranados@gmail.com


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