lunes, 7 de noviembre de 2011

Nuestros difuntos vienen por su luz

En Xochimilco, DF, hay una comunidad que se llama San Gregorio. La gente lo llama El pueblo de San Gregorio. Su actividad es la agricultura de flores de ornato y hortalizas. Sus tres más importantes fiestas son: noviembre en día de muertos; diciembre, en la navidad, y en marzo, la fiesta de San Gregorio.
Estuvimos en las ceremonias de noviembre, por el día de muertos, los días uno y dos de este mes. Nos recibieron Sergio de los Santos, quien es líder de 52 cooperativas y también nos recibió el sr. Aarón y su esposa Patricia, ellos son cultivadores del hongo comestible llamado setas.
Ellos tenían el gusto de recibirnos en esos días en su pueblo, en su casa. Aclaro que no me permitieron hospedar en un hotel, sino en la casa de Aarón y su mujer.
En ese pueblo hay la firme creencia de que los muertos, los difuntos vuelven al pueblo, al cementerio por la luz; por las ceras que la familia le ponga durante toda la noche del  día primero para amanecer el día dos.
La noche del día primero de noviembre caminamos por las calles del pueblo, observamos como los niños van de casa en casa “calavereando”, ellos tocan a la puerta de las casas y rezan un padrenuestro, una avemaría y luego unas rimas populares que mencionan al chavo del ocho, al hombre araña y otras frases simpáticas.
Aarón y su esposa me dijeron que hay casas que prenden el foco de la entrada, y a esas puertas los niños no tocan, pues son familias que cambiaron de religión, “Se hicieron cristianos, cambiaron de religión”. Y ellos, la forma que tienen de cortar con las costumbres del pueblo es  apartarse. Y abundaron diciendo que los testigos de jehová aquí no pegan, nadie los quiere. El pueblo, dijo, conserva sus tradiciones y todos luchamos para que estas no se pierdan.
Cuando los niños han rezado, es decir “calavereado” una persona de la casa entrega fruta o tamales, pero lo significativo es que la ofrecen en un plato de cerámica, es decir no se da de mano en mano. Dan fruta de un costa que se compró previo para los que tocarán la puerta.
Cabe mencionar que los niños “calaverean” el día primero y los adultos el día dos. La diferencia con los adultos es que ellos llevan guitarra y cantan. Además el día dos se da fruta de la ofrenda.
La fruta de la mesa de ofrenda es “muy especial” pues dice la gente que esa ya tiene otro sabor. “Una naranja del costal y una naranja de la mesa de ofrenda saben muy diferente”, me dijo Alicia una señora del pueblo, e incluso me dio a comer de una y de otra. Alicia dice que la fruta de la mesa de ofrenda ya tiene un sabor seco, es menos dulce pues los muertos, los difuntos han venido a chupar el sabor de los alimentos.
En la madrugada del día dos de noviembre fuimos al panteón: Aarón, su esposa y yo. Mi visita era para tomar fotografías de esos momentos en que la gente está alrededor de sus tumbas. Aarón saludaba a mucha gente, y me iba explicando detalles de como la gente pone cirios largos, flores, encienden una fogata, limpian la tumba, toman café, están en silencio o también algunos contratan a un conjunto que toca piezas melancólicas o alegres.
Cuando la gente se molestaba por verme tomar fotos, Aarón les decía “es mi amigo de la Fundación, y las fotos son para una revista”. Hubo otras personas que hasta me pedían fotos, pero también algunas mujeres se volteaban para que su rostro no saliera.
En el panteón hubo venta de alimentos, ceras largas, adornos, flores,… y hubo gente que me pedía tomara fotos de la basura, una señora anciana me dijo: “mire nomás que gente tan sucia, tan inconsciente, a ellos les gustaría que yo fuera aventar mi basura frente a su tumba, pus no”. La basura era unicel, plástico, follaje seco, papel…
Es muy generalizada la frase de que “los muertos viene por su luz”, es decir por la luz de las veladoras. Nos atrevimos a preguntar a algunos de cómo es que ellos perciben o sienten que su muerto ya vino durante la noche y una mujer me expresó: “En la noche se siente como una brisita, como un aire que pasa cerca de ti, eso es la señal de que tu muerto pasó. Se siente muy bonito. Bueno también hay gente que no siente nada y pues se espera para el próximo año a que vuelva a cerear a su difunto”.
Otro punto importante que refleja la gente de San Gregorio es que la gente del pueblo vecino, llamado el pueblo del mole les robaron a los de San Gregorio la receta del auténtico mole. Dicen: “la verdadera receta la tienen nuestras mamás y abuelas, el mole de ellos es pura porquería, le ponen galleta de animalito sucia y eso no se vale.  Además ellos ya industrializaron el mole y le pusieron etiquetas y lo venden en los supers”. De ahí que un día importante para hacer mole es el día de muertos, ese es el verdadero y es tomado como una ofensa decir que el mole del otro pueblo es bueno.
El día dos de noviembre comimos mole en la casa de la mamá de Aarón. El plato lleva una pieza de pollo, arroz y mole. En la mesa hay coca cola, tortillas, servilletas de papel, vasos, saleros… En esa mesa habíamos doce personas, mientras en la cocina sirven a los que estamos en la mesa y también comen, además cuando uno termina es bien visto volver a repetir plato. Esa familia es generosa y amable.
También se preparó un platillo: ceviche de hongos setas, pues como ellos son cultivadores pues no debían faltar. Al retirarnos me ofrecieron mole para llevar, ceviche y arroz rojo.
Esto es una breve crónica de lo que viví como fotógrafo esos dos días. Realmente me sentí muy bien recibido, y esas buenas personas me acompañaron en todo momento. Es un pueblo donde todos se conocen o son familia.  Un detalle más, en el panteón se oía por el altavoz a un señor que pedía orden y también le decía a otro hombre que estaba tomado que en ese estado no podía darle el micrófono, “ven cuando estés sobrio y te dejo hablar pero en ese estado no puedo”.

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