sábado, 26 de noviembre de 2011

Una elección ejemplar

Seguro, Rajoy tomó nota de los errores de su antecesor y sabe que España requiere unidad para enfrentar la recesión.

Manuel Gómez Granados

El domingo 20 de noviembre, mientras México celebraba un aniversario más de la Revolución, España celebraba la democracia. Lo hizo de manera envidiable: tuvo una elección general ordenada. De esa elección surgió un gobierno encabezado por Mariano Rajoy, quien contará con mayoría en el Congreso y, gracias a ello, se espera que pueda realizar los cambios que requiere su país.

México tiene mucho que aprenderle a España. No sólo porque sus autoridades electorales son eficaces, sin escándalos de corrupción y con sueldos razonables, sino por la ausencia de ánimos rijosos de vencedores y derrotados. Unos y otros, de inmediato, asumieron la orden de los electores. Lo hicieron con el interés de España en mente, no con sus intereses electorales o de partido. Fracasaron los partidarios del voto nulo; le apostaron a la participación ciudadana y a la gobernabilidad democrática.

El Partido Socialista Obrero Español sufrió la derrota más dolorosa en su historia, y no sólo fue por la crisis que afecta a España. La crisis pegó; pero también pegó que José Luis Rodríguez Zapatero actuara durante siete años más como candidato en campaña que como jefe de gobierno. Lejos de preparar a su país para hacerle frente a la crisis, que era claro que ocurriría desde 2005, un año después de que tomó posesión, Rodríguez Zapatero sumió a España en un doloroso y polémico debate sobre el legado del franquismo, que no sirvió para superar los conflictos de la Guerra Civil. Más bien, enfrascó a España en una dinámica de conflicto que ni superó el legado del franquismo ni preparó a España para la crisis económica global que se gestaba mientras el gobierno peleaba con la sombra de su historia. Dios nos puso los ojos al frente para mirar adelante. No se trata de borrón y cuenta nueva, sino de justicia, perdón, reconciliación…

Zapatero toleró el deterioro de las finanzas públicas y, así, hirió el legado de la democracia, pues forzó que este año se reformara la Constitución y se eliminaran las salvaguardas económicas y sociales.

Mariano Rajoy seguramente tomó nota de los errores de su antecesor y sabe que España requiere unidad para enfrentar el monstruo de la recesión. Tendrá que hacerlo con pocas opciones, pues como otros países de Europa, ya no podrá recurrir a devaluar la moneda. De todos los problemas que enfrenta, el más difícil es el desempleo, que golpea a los más jóvenes. Sin empleos, sin crecimiento, las democracias se debilitan y la confianza desaparece.

Las lecciones de España para México no acaban en lo electoral. Aunque la certeza en los resultados ayuda, debería quedarnos claro que una elección tan tersa, a pesar de los resultados catastróficos para el partido en el gobierno, no sólo la construyen las autoridades, sino también la civilidad de los ciudadanos. Los partidos y sus candidatos también lo hacen al aceptar, tan pronto como sea posible, el mandato de las urnas y construir, desde el resultado electoral, soluciones y no conflictos.

En México, los partidos y sus precandidatos a la presidencia de México, mujeres y hombres, tendrán que reconocer que la elección de 2012 no será fácil y que necesitarán ser generosos para que quien gane, gane bien, sin humillar; y que el que pierda no haga de la derrota un chantaje. Sólo así podremos hacer que la democracia mexicana construya la base para resolver los otros problemas que nos aquejan: violencia, inseguridad, desigualdad, pobreza.

                *Analista
                manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=opinion_interior&cat=184

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