sábado, 24 de diciembre de 2011

La vida es ahora

Manuel Gómez Granados
Esta semana, entre Navidad y Año Nuevo, tenemos la oportunidad de pensar y soñar lo que deseamos hacer con 2012. Es un tiempo para reflexionar, perdonar, pedir perdón, perdonarnos, convivir con nuestros seres queridos y, quienes creemos en Dios, dar gracias por todos los dones recibidos. También podríamos aprender de lo que otros ya han vivido. 
Es interesante observar lo que los moribundos advierten al saber que el fin es inminente y ponen su propia experiencia de vida en una balanza. Bonnie Ware, que en algún momento de su vida se dedicó a enfermos terminales, identificó justamente las cinco causas más frecuentes de arrepentimiento antes de morir.
Con esa información publicó, en agosto de 2011, The Top Five Regrets of the Dying, Las cinco causas más frecuentes de arrepentimiento entre los moribundos, que se encuentra entre los más vendidos de Amazon. Ella misma publicó un pequeño resumen en su bitácora personal (http://bit.ly/Ware5quejas), que autores como Javier Malonda (http://bit.ly/Malonda5Ware) han traducido y Rodolfo Bermejo difunde.
La experiencia de la muerte es distinta para todos, pero es útil pensar en lo que ellos dicen para llegar bien preparados a su destino y para vivir mejor la vida aquí y ahora.
¿Cuáles son estas causas de arrepentimiento?
“Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo; no la vida que otros esperaban de mí”. Ésta es la causa de arrepentimiento más frecuente de todas, pues —al hacer el balance de sus vidas— muchos advierten que no lograron una mínima parte de sus sueños y, lo que es más grave, que muchos de esos sueños los escondieron y renunciaron a ellos. Lo hicieron por un sentido del deber y cumplir las expectativas de otros respecto de sus propias vidas.
“Desearía no haber trabajado tanto”. Este lamento es frecuente entre varones que acaban su vida a sabiendas de que no vieron crecer a sus hijos. En lugar de ello, se dedicaron al trabajo. Pero también están los que dicen “desearía haber trabajado más para darle a mi familia lo que merecía”. Refleja una paradoja profunda entre la búsqueda de metas profesionales y satisfacer las necesidades de la vida familiar.
“Desearía haber tenido el valor de haber expresado mis sentimientos”. Quienes reprimieron sus sentimientos lamentan haberse conformado con vivir una existencia mediocre y amargada en la que no eran ellos mismos. Muchos lamentan no haberse atrevido a decir te amo, o reconocer la grandeza de los demás por atenerse a una visión rígida del “deber ser”, normada por el miedo.
“Desearía haberme mantenido en contacto con mis amigos”. Del mismo modo que muchos se arrepienten de haber descuidado a su familia, hay quienes se arrepienten de no haber cultivado a sus amistades. Muchos dicen: tuve un amigo que me quería mucho, pero lo perdí, se cansó de quererme; otros dicen: nunca le expresé gratitud ni reconocí sus ideas ni sus consejos, a pesar de que los hice míos y se los robé. Lamentablemente es imposible recuperar el tiempo perdido.
“Desearía haberme permitido ser más feliz”. Este es un reproche común que se hacen aquellas personas que prefirieron engañarse a sí mismas y vivir vidas amargadas, con envidia, a medias, en lugar de enfrentarse a su miedo y cambiar de vida.
Estamos a tiempo. No espere al final para ser usted mismo y ser feliz. La vida es ahora y un Niño, que nació en Belén y nos enseñó a ser libres, nos invita a la plenitud, a vivir a tope y disfrutar todo, a compartir lo que somos, sabemos y tenemos. Feliz Navidad.
*Analista

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