domingo, 11 de diciembre de 2011

¡Salvemos a Xochimilco!

Manuel Gómez Granados
En el Valle de México, los pueblos de civilizaciones prehispánicas de Mesoamérica y los españoles que entraron a Tenochtitlán hace 490 años se maravillaron de las obras de ingeniería hidráulica, de la inventiva y de la capacidad de los mexicas y, particularmente, de los xochimilcas, para aprovechar suelos, agua, aire y conservar un equilibrio ecológico y productivo.
Las riberas de un extenso sistema de ríos y lagos naturales, así como de canales sabiamente construidos por xochimilcas, acolhuas, mexicas y texcocanos fueron admirables.
Casi todo quedó en el pasado porque, al menos en Xochimilco, se cometió un crimen ecológico de proporciones épicas, cuyas consecuencias apenas empezamos a percibir en los barrios que lindan con las chinampas y los canales. Y ni el gobierno federal ni el gobierno capitalino o la delegación de Xochimilco asumen cabalmente el reto que plantean la contaminación, el deterioro de los canales, la escasez de agua y la consecuente pérdida del turismo y las fuentes de empleo...
Una reciente iniciativa de rescate, Embarcadero Ecológico, no logró revertir los males que padecen los embarcaderos tradicionales. Los planes han fracasado porque no se reconoce que la presión sobre los cuerpos de agua y la tierra es ya insoportable. Es la presión implacable de los "desarrolladores" inmobiliarios que, de muchas maneras, le dan la vuelta a la reglamentación vigente y seducen al gobierno con la promesa, siempre falaz, de una mayor base fiscal. Las autoridades, lejos de obrar a partir de criterios de largo plazo, muchas veces prefieren cálculos rápidos y al vapor que, literalmente, echan asfalto sobre los canales y los asfixian.
Los xochimilcas son personas trabajadoras y tenaces que producen plantas, flores, hortalizas, dulces mexicanos o viven del turismo con sus trajineras, restaurantes, artesanías, música. Pero hoy enfrentan un problema que los rebasa y requiere la intervención urgente del gobierno y de la vigilancia de la sociedad civil, no sólo por las competencias involucradas y los montos de los recursos que se necesitan para rescatar lo que queda de este lugar, sino por las mafias que operan en el control y explotación de ese otrora destino turístico.
En Xochimilco domina una red organizada de corrupción, incompetencia y despilfarro en la gestión de proyectos destinados a rescatar los canales, la industria turística y la producción agrícola.
Nadie puede gozar de impunidad si no tiene cómplices. Algunas autoridades no hacen su trabajo o no transparentan los recursos destinados a mejorar la zona ni rinden cuentas. Por ejemplo, en mayo de 2011 la dirección general de obras y desarrollo urbano de la delegación Xochimilco lanzó una convocatoria de licitación pública para mantenimiento de ocho embarcaderos, por un millón 650 mil pesos, pero los lancheros y diversos prestadores de servicios aún no ven los resultados esperados y exigen eficacia y transparencia en este proyecto que debió concluir en septiembre de este año. Éste es sólo un ejemplo entre muchos.
Desde los tiempos de la Gran Tenochtitlán se hablaba de Xochimilco como un lugar único, plagado de vegetación que se alimentaba del lago de agua dulce que bordeaba el sur y el poniente de Anáhuac, y competía con el lago de agua salada que se extendía al norte y al oriente. No podemos ignorar la situación de cientos de familias de Xochimilco que contemplan cómo se quedan sin agua sus canales, sin turismo y sin fuentes de trabajo. Si no alzamos la voz ahora, nadie en un futuro próximo podrá decir: ¡Salvemos a Xochimilco!
*Analista
Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=793543

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