domingo, 15 de enero de 2012

Desigualdad y riesgo global

Manuel Gómez Granados.
A finales de este mes, la élite financiera mundial se reunirá en Davos, Suiza, en el marco del Foro Económico Mundial y, como cada año, difunde previamente distintos informes. Uno de los más importantes es el Global Risks, o Riesgos Globales, que en esta ocasión llega a su séptima edición (http://reports.weforum.org/global-risks-2012/).

El documento de este año identifica 50 tipos de riesgos agrupados en cinco categorías: económicos, que incluyen los desequilibrios fiscales, desigualdad severa del ingreso o la volatilidad de los precios de alimentos y energía. Los riesgos ambientales, entre los que destacan las emisiones de gases de efecto invernadero, la urbanización mal planeada o mal administrada y las fallas en la adaptación a los cambios climáticos, entre otros.

En los riesgos geopolíticos, destacan el terrorismo, la corrupción generalizada y la fragilidad de algunos Estados. Respecto de los riesgos sociales, destacan las crisis provocadas por la escasez de agua o de alimentos, los errores en el manejo de los cambios demográficos y el fanatismo religioso. Finalmente, están los riesgos tecnológicos, donde destacan los ciber-ataques, fraude o robo de identidad, entre otros.

Se trata de un catálogo muy completo de los posibles problemas que las sociedades contemporáneas enfrentarán en el corto plazo. Llama la atención que, además de identificar a las desigualdades en el ingreso como uno de los factores de riesgo más graves, el documento destaque a México como un caso especial en este rubro: somos el país más desigual de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

Ese tema no es novedoso en sí, pues el informe incluye información recabada por la OCDE, que a su vez procesa con los datos que las instituciones del gobierno federal elaboran. En otras palabras, es información pública, ampliamente conocida, pero no siempre se le presta la debida atención.

Parece que nos hemos acostumbrado a la pobreza y sus efectos, pero haríamos bien en prestar atención a lo que el reporte señala:

“En una escala sin precedentes, hay un sentimiento de pérdida de esperanza en el futuro. Datos de la empresa Gallup en 2011 revelan que, a escala global, las personas perciben que su calidad de vida cae y expresan menor confianza en la capacidad de sus gobiernos para revertir esta tendencia. Su descontento se exacerba por la marcada desigualdad de los ingresos: la mitad más pobre del mundo es dueña de apenas el 1% de la riqueza, mientras que el 1% de las personas, los que acumulan mayores ingresos, poseen cerca de la mitad de toda la propiedad mundial”.

Y advierten:

“Cuando se percibe que es posible mejorar, las disparidades en el ingreso pueden alentar a las personas a tratar de ser exitosas. Sin embargo, cuando los jóvenes emprendedores y ambiciosos consideran que, sin importar qué tanto trabajen, sus posibilidades de mejorar están limitadas, entonces se popularizan sentimientos de impotencia y de falta de vínculos y de capacidad para comprometerse. Los movimientos sociales de 2011, desde Estados Unidos hasta el Medio Oriente, demostraron que los gobiernos en todo el mundo deben atender las causas del descontento antes de que se convierta en una fuerza violenta, desestabilizadora”.

No nos engañemos. En México lo hemos vivido ya. Los hechos ocurridos en Chilpancingo, a finales del año pasado, son resultado de ese desencanto que convierte a los jóvenes en carne de cañón para movilizaciones que no resuelven los problemas de fondo que enfrentamos. Si no atendemos pronto las causas profundas de esos problemas, veremos más actos vandálicos. Nuestras policías, de por sí ineficaces, se verán abrumadas y no sería difícil que al enojo por el deterioro económico se sumaran nuevas violaciones a los derechos humanos, lo que alentará nuevas protestas.

Si a este riesgo agregamos otros, como el mal manejo de la urbanización, evidenciado por la crisis de la basura que vive ahora el DF, o la corrupción, enfrentaremos escenarios muy difíciles.

En 1950 Ayn Rand escribió:”Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.” Si cada uno no hacemos algo, el texto anterior será la descripción cotidiana de nuestro país.

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