sábado, 14 de enero de 2012

Hacia un nuevo humanismo

Mons. Abelardo Alvarado Alcántara.

Reflexionando sobre la situación de nuestro país y los desafíos que tienen nuestros gobernantes, hemos señalado en un artículo anterior ("Nuestros buenos deseos de año nuevo") la necesidad de cambiar la mentalidad de la sociedad actual, carente de un sentido de confianza en el ser humano, de solidaridad y de cultivar en las familias, la escuela y demás instituciones públicas, el sentido de dependencia y colaboración con las demás personas, reconociendo y compartiendo la responsabilidad de crear mejores condiciones para la convivencia social. Esto es lo que llamaríamos la necesidad de un nuevo humanismo.

Cada época ha estado marcada por diferentes tendencias: privilegiar las ideas, el conocimiento, la filosofía, la ilustración de la razón, la ciencia, el comercio y la economía como motor del desarrollo, la cultura y la civilización, los valores éticos, las religiones, los adelantos tecnológicos, etc., todo lo cual incide necesariamente en la organización social, política y económica de un país. Los nuevos conocimientos actuales nos abren un nuevo panorama sobre el sentido de la vida y sobre cómo relacionarnos con el mundo exterior. Se ha valorado en forma muy positiva el humanismo clásico, encarnado en la civilización occidental, y previamente en el pensamiento greco-romano y especialmente en el cristianismo, que centró la atención en el valor esencial del ser humano, bajo la categoría de persona.

Fue así como se vino enfatizando la subjetividad de la persona, la exaltación de la libertad personal, y la práctica y la vigencia de los derechos humanos. Más recientemente se ha señalado la globalización como el fenómeno más marcado de nuestra época actual. El progreso de la ciencia y de la tecnología ha tenido incidencia en las áreas de salud, educación, comunicación social, conservación del medio ambiente, economía global, políticas públicas de población, etc. Todos estos cambios han significado nuevos modelos de comportamiento y nuevas tendencias en la sociedad actual.

Las tendencias actuales están siendo provocadas por la crisis económica y financiera que afecta a diversas regiones del mundo, a la dificultad de los jóvenes para conseguir empleo  y a la conciencia cada vez más viva de una corresponsabilidad compartida de enfrentar los problemas que afectan globalmente al mundo. Estas tendencias se están manifestando en una incertidumbre y temor de que haya una mayor recesión que agrave la situación económica; en mayor desempleo; en los riesgos del cambio climático, que está provocando graves alteraciones, tanto tormentas en unas regiones como sequías en otras; en el comercio hay una tendencia a favorecer el crédito para impulsar el mercado y buscar una mayor competitividad para el comercio exterior; los avances de la medicina están favoreciendo una mayor longevidad, pero al mismo tiempo esto agrava el problema de los gobiernos para cubrir las pensiones y la asistencia social, pues aumenta el número de personas retiradas.

Hay una tendencia a una mayor austeridad en el consumo. Las redes sociales y el uso de teléfonos inteligentes, de tabletas (iphone, ipad, etc) facilitan el acceso a una mayor información, lo que también incide en la metodología de la enseñanza en la escuela. Hay una mayor preocupación por el uso de la energía y de los recursos no-renovables, por el uso del agua, por evitar la contaminación de la atmósfera y conservar el medio ambiente. Las personas están más preocupadas por cuidar su alimentación y llevar una dieta sana, por hacer ejercicio, por evitar el colesterol, el sobrepeso, y la obesidad etc. 

Pero sobre todo lo que más afecta la vida personal  han sido los cambios   que ha sufrido la familia. Las ideologías feministas han hecho grandes presiones para lograr la igualdad de género; la mujer está teniendo mayor participación en la vida pública, están logrando una mayor preparación profesional  y ocupando cargos ejecutivos en las empresas; aunque todavía hay una diferencia notable en los sueldos, la mujer ha conseguido una mayor independencia económica y mayor libertad para hacer su vida; los jóvenes rehuyen el compromiso del matrimonio y tienden a formar parejas a prueba antes de comprometerse a una vida matrimonial estable; con gran facilidad las mujeres prefieren ser madres solteras o en todo caso, a lo sumo, adoptar un hijo; les da lo mismo; la maternidad y la procreación no son objetivos prioritarios.  Los partidos de izquierda buscan llevar adelante una agenda para establecer políticas públicas a favor del aborto, de los matrimonios del mismo sexo, a la adopción por estas mismas parejas, etc.

En otro orden de ideas, muchos estados pretenden establecer un laicismo extremo, supuestamente en aras de garantizar la libertad religiosa y evitar toda manifestación religiosa en la vida pública como si esto fuera causa de intolerancia y agresión a personas de otras religiones o de ninguna. Se insiste en pretender que la religión debe limitarse a la conciencia y a la vida privada de las personas, sin reconocer la importancia de las convicciones religiosas de la persona para contribuir a una vida social más justa, fraterna y solidaria y para promover un  comportamiento más apegado a los valores morales o éticos.

Una sociedad que prescinde de Dios, suprime de raíz un elemento esencial para entender la esencia misma del ser humano, que consiste precisamente en que el ser humano es un “ser en relación”, que estamos hechos para vivir en relación con nuestros semejantes. Cada uno de nosotros en tanto tenemos una subjetividad (somos un “yo”) en cuanto nos situamos frente al otro (al “tú”) y pueda establecerse un relación interpersonal, que adquiere su plenitud en el amor, es decir, en el reconocimiento de que el otro es para mí un bien, que me atrae, que me da plenitud y me hace feliz precisamente porque me reconoce y también me acepta y me ama.

La fe cristiana nos enseña que los seres humanos hemos sido creados por Dios, que nos ama, que nos ha hecho a su imagen y semejanza  y nos ha destinado a participar de su vida divina. Es en nuestra relación con  Dios en donde se realiza con  mayor plenitud esa vida de relación para la que estamos hechos.  Por eso la religión constituye un elemento esencial de nuestro ser. Los seres humanos somos religiosos por nuestra propia naturaleza. Pretender desconocer o reprimir esta natural tendencia de la persona es despojarla de lo que garantiza su dignidad como persona.

Cuando partimos de esta base entendemos también porqué debemos ser conscientes de que formamos parte de un todo que es la humanidad, que tenemos un mismo origen, un mismo destino y una misma naturaleza que nos hace iguales en dignidad. De aquí surge la necesidad de la solidaridad: ser solidarios es sentirnos responsables de las necesidades de los otros, es hacerlas nuestras y tratar de salir en alivio de ellas en la medida de nuestras posibilidades. Somos parte de la sociedad en la que vivimos y lo que signifique un beneficio o un perjuicio para los demás lo debemos considerar como beneficio o perjuicio para nosotros mismos.

Un nuevo humanismo significa centrar la atención en las personas, en el bien integral de todos los que formamos parte de la sociedad a la que pertenecemos, sentirnos comprometidos con el “bien común”.  Un nuevo humanismo significa educarnos en la aceptación de los otros, en el respeto a la dignidad de todos los seres humanos sin distinción de raza, idioma, sexo, cultura, posición social o económica, pero principalmente debe significar saber compadecerse de los que sufren, de los más necesitados, de los pobres, de los enfermos, de los ancianos, de las personas de la calle, de los migrantes que buscan mejores condiciones de vida porque en sus propios países no la tienen, de los que no tienen posibilidad de una vida humana digna, de los olvidados.

Esto no es fácil ni se da por generación espontánea. Esto implica un cambio de mentalidad. La mentalidad actual nos lleva al egoísmo, a buscar el propio provecho y la satisfacción de las propias necesidades, deseos, e intereses, sin ocuparnos de los demás. 

La actividad económica está regida sólo por el lucro. Mientras no entendamos que tenemos que educarnos a la observancia de las leyes, que hacen posible la convivencia ordenada y armónica, nuestro país seguirá permaneciendo en el subdesarrollo, la pobreza, el desempleo, la inseguridad.   Ojalá los candidatos a la primera magistratura tomen nota de esta situación y desafío a nuestros gobernantes.               

No hay comentarios:

Publicar un comentario