domingo, 22 de enero de 2012

Incertidumbre y vulnerabilidad: La economía mundial

Manuel Gómez Granados.
Con dos palabras resume el Banco Mundial la economía global para el 2012: incertidumbre y vulnerabilidad. No es de sorprender que así sea. Por donde se observe, hay problemas, limitaciones y condicionamientos al desarrollo. En Europa, ni siquiera Alemania y Francia, las economías más sólidas del viejo continente, han logrado salir libradas de la compleja situación. Ni qué decir de España, Italia, Portugal, Irlanda y, sobre todo, Grecia.
En Asia, la situación tampoco es halagüeña. La economía china depende de las exportaciones que puede realizar a Estados Unidos y Europa y, al caer la capacidad de compra en esos mercados, es imposible que China, o la India, mantengan los niveles de producción que las hicieron emerger en los últimos 15 años, de modo que los efectos de la desaceleración son ya evidentes en esos países, así como en Japón, Corea del Sur y Vietnam que, en distintos grados, también dependen de la exportación al primer mundo.
A pesar de los esfuerzos acumulados en los últimos años para hacer realidad los Objetivos de Desarrollo del Milenio, iniciativa impulsada por instituciones del sistema de Naciones Unidas, resulta que en África no se avanza como se tenía pronosticado. La inestabilidad en los países del norte del continente ha lisiado —por ejemplo— a la economía de Egipto que es, junto con Sudáfrica, la más dinámica de esa región. Y están también los problemas de hambruna en Etiopía y otros países de África Oriental, cuyas poblaciones más vulnerables son diezmadas, mientras que grandes empresas productoras de alimentos, destinados a los mercados del primer mundo y de China, luchan por asegurarse el control de tierras y aguas que les permitan sostener sus metas de producción.
Y América Latina presenta tantas paradojas que es difícil saber por dónde empezar. El primer semestre del 2011 registró tasas de crecimiento sin precedentes, especialmente en los países de la cuenca del Paraná-Río de la Plata (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay), que vieron elevar la rentabilidad de sus tierras por las crecidas constantes en los precios de los alimentos que se producen allá.
Sin embargo, al mismo tiempo surgieron nuevos problemas, tan graves que, por ejemplo, llevaron a Argentina a aprobar la primer semana del año nuevas leyes que limitan la compra de tierras por parte de extranjeros, algo que no ocurría en América Latina desde el siglo XIX, y que ha hecho que en todos los otros países de esa cuenca se discutan medidas similares, de modo que no sean las agroempresas transnacionales quienes decidan qué, cuándo y cuánto se siembra en esa región.
En México y América Central la situación no ha sido tan buena. México ha logrado mantener una relativa estabilidad de los principales indicadores, pero el costo ha sido muy elevado, pues el desempleo real y, sobre todo, el subempleo y la economía informal, se mantienen en niveles que hacen dudar de la eficacia de las medidas aplicadas para hacerle frente a la crisis global. Lo que es más grave, México y América Central resienten la sequía, el cierre de la válvula de escape que fue la emigración indocumentada y el hecho de que los migrantes en Estados Unidos no puedan enviar las cantidades de remesas que antes destinaban a sus países de origen.
Estos factores configuran una situación muy compleja, que exige de cuidado y prudencia, pero también audacia para idear nuevas soluciones a los problemas. Es absurdo pensar que basta con repetir las medidas de ajuste en el tipo de cambio o de pagar el precio del subempleo que pagamos ahora. Debemos aprovechar nuestra capacidad para producir, para emplear a miles de jóvenes que exigen trabajo cada año.
En la lógica del reporte del Banco Mundial, disponible en http://bit.ly/BMIncertidumbre2012, en nuestro país es posible crecer y dar empleo, siempre y cuando México atraiga empresas chinas que se beneficien de la cercanía que existe con Estados Unidos, lo que reducirá sus costos de transporte. Como sea, es importante insistir en que México resentirá las dificultades de EU para poner en orden su propia economía, de manera que tampoco podemos apostar todo a esa posible inyección de recursos de China.
El reporte evidencia el fracaso de la macro estructura financiera, de la manera de entender el papel de la actividad económica en sí misma y de los gobiernos al administrar la economía. Señala, por ejemplo, que las economías en desarrollo son más vulnerables que en 2008, y que debemos prepararnos para hacerle frente, con ideas nuevas y creativas, porque la incertidumbre prevalecerá.
manuelggranados@gmail.com
Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=630375

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