domingo, 29 de enero de 2012

Las paradojas de la confianza


Manuel Gómez Granados.

La semana pasada, el diario británico The Guardian y la consultora internacional Edelman (http://trust.edelman.com), publicaron su reporte sobre el estado global de la confianza. Un índice que considera a 25 países a escala global, entre los que se encuentra México.

La doceava edición de Edelman. Trust Barometer, o Barómetro Edelman de la confianza no incluye a todos los países, y sólo considera a la población de entre 25 a 64 años de edad que se reconoce a sí misma como informada. Apesar de ello, la muestra es lo suficientemente representativa de lo que ocurre en el mundo, por lo que el estudio es un referente en la discusión sobre el tema de la confianza.

Una razón que hace de la confianza algo importante, es que reduce los costos de prácticamente todo. Confiar en el gobierno, en los vecinos, en las instituciones, en los medios, hace que uno no tenga necesidad de distraer recursos para sentirse seguro, para sentirse libre, para creer en los demás.

El Trust Barometer de este año es especialmente interesante para los mexicanos. Una de las razones es que aunque no somos inmunes a la caída global en los niveles de confianza, pues pasamos de 69 de 100 puntos posibles en 2011 a 63 de 100 posibles en 2012, esa caída es mucho menor a las ocurridas en otros países. Más aún, a pesar de esa caída, México pasó del sexto al quinto lugar.

Es una situación paradójica pues aunque perdimos puntos en el índice, mejoramos nuestra posición, esto es posible porque en Brasil, Japón y España, el desplome de la confianza en sólo un año fue devastador. Brasil, por ejemplo, pasó de una calificación de 80 en 2011, lo que la hacía la sociedad con mayor grado de confianza en el índice a escala global, a sólo 51 puntos de 100 posibles en 2012, con lo que se unió al grupo de las naciones que Edelman identifica como neutrales en términos de confianza.

Algo similar ocurrió en Japón que, en 2011, ya acusaba los efectos de una profunda erosión de la confianza, resultado de cerca de una década de duras políticas de ajuste económico y de la descomposición del viejo sistema político surgido luego del fin de la segunda Guerra mundial. Aún así, para este año las cosas empeoraron, pues Japón pasó de 51 puntos en 2011 a 34 en 2012. Lo mismo ocurrió en España, que también tenía 51 puntos y se hundió en 37 puntos de 100 posibles, para ubicarse en el grupo de los países en los que la desconfianza campea, y que en 2012 incluye a Suecia, Estados Unidos (ambos con 49), Corea del Sur, Polonia (ambos con 44), Inglaterra, Irlanda (ambos con 41), Francia (40), Alemania (39), España (37), Japón (34) y Rusia (32).

Es importante destacar que no hay un vínculo directo entre desempeño económico o bienestar y confianza. Ello lo demuestra en un sentido el caso mexicano, que con desempeños económicos y niveles de bienestar bajos, logra altos niveles de confianza, en el caso alemán, tenemos una sociedad próspera, la más rica de Europa —sin embargo— registra niveles bajos de confianza.

En el estudio de Edelman, la confianza es resultado de complejos factores. En el caso de Japón, por ejemplo, es claro que uno de los elementos que hundieron el índice de confianza fue el mal desempeño de la industria nuclear de ese país durante la más reciente crisis en la planta nuclear de Fukushima. Eso explica que en Japón la confianza en la industria de la energía haya pasado de 75% en 2011 a 29% en 2012 (p. 5 del reporte ejecutivo, disponible en http://trust.edelman.com/trust-download/executivesummary/), un devastador desplome de 46 puntos.

Las personas no son números, cifras ni mucho menos objetos. Cada individuo vale por el hecho de ser libre, capaz de autodeterminarse y cambiar de rumbo; por ello, no puede existir alguien que sea totalmente inmerecedor de confianza.

Cada persona va más allá de cualquier error e impertinencia que ocasione duda.

En México, nuestros niveles de confianza ofrecen un área de oportunidad para mejorar la convivencia y reconstruir el tejido social. El ser humano es el que hace del planeta una casa “más humana”. Si no hay un entorno de apertura, disponibilidad, ayuda mutua e incluso de perdón, no estamos lejos de desconfiar hasta de nosotros mismos. Como dice Juan Carlos Zubieta: toda nuestra existencia gira en torno a la confianza/desconfianza en los otros, y también en nosotros mismos.


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