domingo, 11 de marzo de 2012

Carne de cañón electoral

La Crónica de Hoy.
Domingo 11 de marzo de 2012.
Manuel Gómez Granados.

Al igual que México, otros países también celebrarán comicios este año. Entre los más destacados se encuentran Estados Unidos y Francia. En ambos países, presidentes nacidos en familias de grupos minoritarios buscan reelegirse. Las semejanzas acaban ahí. Barack Obama ha dado la vuelta a la crisis que heredó de George W. Bush; las apuestas que realizó en 2009 de rescatar a la industria automotriz y al sistema bancario ahora le pagan dividendos y se antoja difícil que pierda la elección; el futuro de Nicolás Sarkozy, en cambio, es menos claro.

Obama se ha beneficiado de la guerra fratricida que vive el Partido Republicano, que lejos de aprender de los errores que lo llevaron a perder en 2008, naufraga en un monumental concurso de insultos y ataques. Los Súper Comités de Acción Política (Súper-PAC), que permiten a ciudadanos comunes canalizar fondos electorales sin límites para apoyar a los candidatos de su preferencia, han permitido que el diputado Rick Santorum, el ex presidente de la Cámara baja Newt Gingrich y el diputado de Texas Ron Paul se mantengan en la interna republicana contra el puntero, el ex gobernador de Massachussets, Mitt Romney.

Los Súper-PAC, que formalmente operan al margen de los comités oficiales de campaña, han llevado la vieja tradición de la política estadunidense de la "campaña de lodo" a un extremo sin precedentes, sobre todo porque ha dado el control de la nominación del Partido Republicano a un pequeño grupo de personas extremadamente ricas (http://bit.ly/SuperPACexp).

Y es que incluso si Romney logra la nominación del Partido Republicano como candidato lo hará como resultado de un brutal proceso interno que ha debilitado y radicalizado al instituto político. Las más recientes encuestas en EU ofrecen un panorama alentador para Obama, pues los republicanos se han balcanizado. Lo que es más, se han convertido en una caricatura de sí mismos gracias a los mutuos ataques entre precandidatos. Romney apenas logra 39% de las simpatías de los republicanos, Santorum se queda con 27%, Gingrich conserva el 17% y Paul se queda con 10% (http://bit.ly/Rasmussen8marzo12). Y peor aún: un 43% de los republicanos considera que necesitan un nuevo precandidato para enfrentar a Obama.

En Francia la situación para Sarkozy es distinta. Aunque lo apoya su partido, la Unión por un Movimiento Popular, enfrenta dos retos: por una parte, François Hollande, candidato socialista que plantea una reforma fiscal con impuestos de más del 50% para los millonarios franceses. Por la otra, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, la formación de extrema derecha que hace 10 años logró sacar de la segunda ronda de las elecciones al candidato socialista.

Dada la magnitud de la crisis y el descontento, Sarkozy podría ser derrotado en la primera vuelta. Si es así, Francia tendrá que decidir entre Hollande y Le Pen en la segunda vuelta.

La más reciente encuesta presidencial francesa, publicada por la revista Time (http://ti.me/TimeFrancia2012), coloca a Le Pen con 24% y a Sarkozy con 21% y con menos de 100 días de campaña presidencial por delante. Sin embargo, el caso de Cassez, la francesa encarcelada por secuestro, podrían darle oxigeno. No está por demás decir que las posibilidades de Le Pen de ganar la presidencia en la segunda vuelta son mínimas, pero su discurso perturba la elección.

Tanto es así que Sarkozy, acorralado por su impopularidad, declaró que "en Francia hay demasiados inmigrantes" (http://bit.ly/Sarkomigrantes), comentario absurdo, especialmente cuando lo pronuncia el hijo de un inmigrante húngaro, nieto de una mujer griega y esposo de una ciudadana italiana.

El discurso radical y la impopularidad de Sarkozy, sumados a los excesos de Le Pen seguramente ayudarán a Hollande a ganar, pero algo de la construcción del migrante como el enemigo de Francia quedará, de modo que los ataques a los emigrantes seguirán. Baste recordar que en EU, Obama cedió a las exigencias de los grupos antimigrantes y sólo el temor a perder el voto latino en 2012 lo hizo reconsiderar sus políticas contra ellos.

Tanto en Estados Unidos como en Francia miles de familias, mexicanas y latinoamericanas en nuestro vecino, africanas o árabes en Francia y otros países de Europa, pagan las consecuencias de esta construcción del migrante como enemigo, como peligro. Esas familias de migrantes, que están entre las más pobres, realizan empleos clave, carecen de derechos políticos, sufren deportaciones, separaciones e incluso cárcel para algunos de sus miembros. Y, lo peor, como culpar a los migrantes era una falacia, una trampa para ganar votos, los problemas no se resuelven; sólo se provoca dolor y angustia entre los más vulnerables, convertidos así en carne de cañón electoral.

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