sábado, 3 de marzo de 2012

El reto del narcotráfico

Manuel Gómez Granados.

Pocos temas, acaso con la excepción de la crisis griega, provocan las reacciones a escala global que provocó esta semana el debate acerca del narcotráfico. Un dato para comprender la magnitud de la crisis que se vive es el de Otto Pérez Molina, el presidente de Guatemala, que hizo campaña con el eslogan de "mano dura" contra el crimen organizado, y dio un súbito golpe de timón para plantear la necesidad de discutir la legalización de las drogas (http:bit.lyOPerezlegalizar).

La discusión continuó con la publicación, el 28 de febrero, del Reporte 2011 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, un organismo dependiente de la ONU (http:bit.lyDrogasONU2011). El documento destaca los efectos que ha tenido la lucha contra el narcotráfico no sólo en México, sino en toda América Central y el Caribe, y los resultados de la misma, pues lejos de reducirse el crimen, lo que ocurre es que se han elevado los costos y los riesgos para toda la región. La JIFE da cuenta de cómo en Guatemala y Honduras, en especial, hay signos ya de una "captura" de las instituciones de policías y militares.

Tanto así, que la Conferencia de Obispos de Honduras (http:bit.lyObisposHonduras12) publicó —esta semana— un desgarrador documento titulado En defensa de la vida, que dice, a la letra, "últimamente la Policía Nacional (…) se ha visto muy afectada por actos ilícitos, algunos realmente abominables, cometidos por miembros de esta institución (…) Por lo tanto exigimos la depuración rápida y efectiva de la Policía Nacional".

Sin embargo, el campanazo en torno a este tema se lo llevó Uruguay, la más pequeña nación de América del Sur que, sin darle demasiadas vueltas, anunció el miércoles 29 de febrero, por medio de la Junta Nacional de Drogas, la intención del gobierno de José Mujica de "despenalizar ciertos usos", pues los resultados de la política de prohibición actualmente vigente "han sido inversos a los buscados: ha crecido el consumo, ha crecido la producción y se ha complejizado el crimen organizado" (http:bit.lyUruguayDespenalizar).

Todavía no queda claro qué tan lejos llegarán Guatemala y Uruguay, pero es claro que la situación que actualmente existe en México y América Latina es insostenible. En el caso de México, preocupa que en esta semana también se haya dado a conocer el Barómetro de Conflictos 2012 de la Universidad de Heidelberg, Alemania (http:bit.lybarómetro2012). Según este estudio, México aparece con dos conflictos: el que enfrenta al Estado con el narcotráfico, con el nivel máximo de intensidad de cinco puntos. Y otro, el que enfrenta a los narcotraficantes entre sí, aparece con cuatro puntos. Estos son los conflictos de mayor intensidad en toda América y es claro que ha tenido efectos —como en Uruguay— contraproducentes no sólo en México, sino en América Central.

Entre las consecuencias más preocupantes de los conflictos, está el creciente interés que los militares de Estados Unidos ponen en México como un peligro para la seguridad nacional de su país, como da cuenta el CTC Sentinel, publicación vinculada con un instituto dependiente de West Point, la academia militar de élite en EU, sobre las actividades de Los Zetas (http:bit.lyWestPointZetas).

La pregunta ya no es, pues, si se debe discutir o no un golpe de timón en la política contra las drogas sino, más bien, cuándo empezaremos esa discusión en México, cómo ocurrirá, y si la podremos resolver con la velocidad que las condiciones exigen.

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