domingo, 25 de marzo de 2012

Hongos, algo que sí funciona

La Crónica de Hoy.

Manuel Gómez Granados.

Cosas que sí funcionan, que se han hecho bien y que tienen un impacto importante en la vida de todos nosotros abundan. Desafortunadamente, la economía política de los medios en México hace que se le preste poca o nula atención a estas historias de éxito. Una de las más interesantes es el papel que los hongos comestibles, champiñones y setas, entre otros, han desempeñado en proyectos de desarrollo que han cambiado la vida de millones de personas.

Es una historia en la que destaca el esfuerzo de personas que se convierten en los actores de su propio desarrollo, que no son carne de cañón electoral o de movilización política y que colaboran en relaciones de igualdad con instituciones promotoras del desarrollo, como la Fundación Luís María Martínez y el Centro Nacional de Desarrollo Integral que, desde hace varios años, impulsan proyectos de desarrollo y nutrición en Chiapas, el Estado de México, el Distrito Federal, Ciudad Juárez y Nogales, y que tienen como uno de sus componentes el cultivo de hongos comestibles.

En otros ámbitos, pero relacionado también con los hongos, la nutrición y la organización para el trabajo, se encuentran académicos que entienden que la ciencia en abstracto, alejada de la realidad, es un lujo que el país no puede darse. Es el caso de los académicos asociados al Colegio de Postgraduados de Puebla que, encabezados por el doctor Daniel Martínez-Carrera, realizan una serie de investigaciones orientadas precisamente a promover la producción de los hongos comestibles en México.

Martínez-Carrera recientemente presentó en la Academia Mexicana de las Ciencias, la institución que agrupa a los académicos mexicanos más destacados en distintas disciplinas, un resumen del trabajo desarrollado en México en materia de promoción del cultivo de hongos comestibles y medicinales en los últimos 20 años, y habla de un desarrollo sin precedente en la producción de hongos en los últimos 30 años, el trabajo de Martínez-Carrera destaca por las oportunidades que identifica. Se trata de proyectos que no condenan a las personas a depender de los ingresos que otorgue el Estado, que no requieren de grandes extensiones de terreno, o de la construcción de grandes obras de irrigación y que, si se hacen bien, permiten quebrar modelos de cacicazgo y servidumbre política.

Además, permiten construir el sentido de pertenencia a comunidades en las que las personas no esperan que otros les resuelvan los problemas. Todo lo contrario, aplicados correctamente, permiten que las comunidades crezcan por sí mismas y se hagan responsables de su desarrollo. Y esto es algo, por cierto, que no sólo beneficia a las comunidades rurales. En Ciudad Juárez, Chihuahua, La Fundación Luis María Martínez y el Centro Nacional para el Desarrollo Integral, Cenadin, participan de un feliz experimento que promueve la producción de hongos del tipo seta en la zona periférica de la ciudad fronteriza y los resultados, como en las comunidades rurales, son sumamente satisfactorios. No sólo porque las personas están en condiciones de construir comunidad, de conocer a sus vecinos, de apoyarse y de atender y resolver los problemas que tienen en común, sino también porque dejan de ser compradores de alimentos y, aunque primero sea sólo para el autoconsumo, producen parte de los alimentos que consumen.

Los hongos comestibles ofrecen oportunidades únicas a productores y consumidores pues, además de enriquecer la alimentación por las proteínas, generan un ahorro en las familias. El hongo no ha aumentado de precio; al contrario. Por ejemplo, entre 2002 y 2007, el champiñón registró una caída de 33% en su precio (http://www.hongoscomestibles-latinoamerica.com/Indice/Tendencias.pdf). Lo que es más. México está lejos de haber saturado el mercado interno de consumo de hongos, pues mientras que los alemanes, en promedio, consumen 3.5 kilos de hongos al año, en México sólo consumimos 1.5 kilos, por persona, al año.

El número de los retos que México enfrenta son infinitos, pero también son infinitas las posibilidades que ofrece la cooperación de buena fe, los proyectos integrales de desarrollo y el uso de tecnologías sencillas, que ven a las personas más allá de las trampas que nos imponen algunos estudios con su carga de pesimismo y determinismo.

Más que tratar de identificar y describir las muchas cosas que no funcionan, en México necesitamos voltear la vista a experiencias exitosas de modelos de desarrollo integral, así como recuperar y valorar el trabajo que desarrollan académicos efectivamente comprometidos con la búsqueda de soluciones a los problemas del país. Necesitamos también promover una relación más creativa, más fecunda entre los centros productores de conocimiento, las universidades y tecnológicos, las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades más necesitadas.

manuelggranados@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario