lunes, 19 de marzo de 2012

Pírricas derrotas

Excelsior Sábado 17 de marzo 2012
Manuel Gómez Granados.

La política en México se ha convertido en un juego de pírricas derrotas. Quien lo dude basta que considere lo ocurrido con la reforma del artículo 24 Constitucional. Los que promovieron el naufragio de esa reforma pensaban que al hacerlo derrotaban a la Iglesia católica y, sin embargo, dado el carácter más bien mezquino de sus cálculos, perdieron de vista que quienes más podrían beneficiarse de esa reforma son quienes, por una razón u otra, tratan de romper con las estructuras de cacicazgos que en muchos lugares de la República se confunden con las estructuras del catolicismo.

Los estudios acerca de las razones que llevan a los católicos a dejar de serlo destacan el cansancio que generan, por ejemplo, los sistemas de cargos y mayordomías. James W. Dow, de la Universidad de Oakland, escribió en 2005: "En las últimas tres décadas del siglo XX, muchas personas en México y Centroamérica optaron por el protestantismo como una nueva religión. Los mayores incrementos han ocurrido en zonas rurales. Este cambio no es una reacción contra la Iglesia católica, sino una reacción contra los sistemas tradicionales de cargo" (The expansion of Protestantism in Mexico. An Anthropological view" en Anthropological Quarterly, vol. 78, no. 4, 2005).

La reforma originalmente planteada del artículo 24 constitucional buscaba garantizar un derecho humano fundamental, por ejemplo, a cambiar de religión en el momento que mejor conviniera a sus intereses; y así, erradicar, por ejemplo, la posibilidad de invocar los "usos y costumbres" para obligar a las personas a participar de los sistemas de cargos.

En Argentina, donde desde hace tiempo se reconoce el derecho a la libertad religiosa, a finales de febrero de este año, los tribunales argentinos fallaron -sobre la base de la libertad religiosa- que en la provincia de Salta se dejara de "rezar diariamente., bendecir la comida, alabar a la Virgen." (http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-188632-2012-03-01.html).

En México prevaleció una visión neurótica, que convenció a muchos -sobre la base de la desconfianza- de que la reforma "podía servir" para que se cometieran cualquier cantidad de excesos e intromisiones por parte de la iglesia, en detrimento del Estado laico. Esta visión, fundada en conjeturas hipotéticas, se arraigó en el PRI, sobre todo por el conflicto que prevalece en el seno del partido que, enfrentado consigo mismo, por lo menos en este tema, no acierta a darle sentido concluyente a su mayoría parlamentaria.

Igual suerte han corrido casi todas las propuestas de reforma en los últimos 15 años en México. Lo que es un hecho es que la política de la construcción de una nación de derechos, se convirtió en materia de negociación de intereses a corto plazo de grupos políticos, académicos, periodistas y dirigentes incapaces de ver más allá de la inmediatez mediática.

La reforma del 24 Constitucional es trunca e insuficiente; orientada en la lógica de avivar el conflicto iglesias-Estado; que perdió de vista la necesidad de construir bienes públicos y, sobre todo, de construir un régimen fundado en derechos y libertades. Es una más de las derrotas pírricas que los distintos actores de la política mexicana tratan de infligirse unos a otros, aunque saben que no ganan cosa alguna; saben que ni anulan al adversario ni avanzan en su propia agenda, y mantienen y motivan un clima que polariza a la población, aumenta la desconfianza y alienta la confrontación, situación que no facilita el diálogo para la solución de otros problemas. La reforma pendiente en este rubro es el derecho de cada persona a creer o no creer, y de manifestar libremente convicciones y creencias fundamentales, tanto en público como en privado, solo o asociado.

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