lunes, 19 de marzo de 2012

Sacarles los ojos

La Crónica de hoy.
Manuel Gómez Granados.

Este miércoles,  The New York Times publicó en sus páginas editoriales la carta que Greg Smith, hasta ese día alto directivo de las oficinas de Goldman Sachs Europa, elaboró para renunciar públicamente a ese importante banco de desarrollo. La Crónica de Hoy publicó fragmentos de la carta que se pueden leer aquí http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=645490.

No fue una renuncia cualquiera, pues en el documento su autor presenta una detallada denuncia de las prácticas que explican muchos de los males que hemos sufrido a escala global en los últimos doce años y que, no en balde, llega a calificar como generadoras de un "ambiente más tóxico y destructivo que nunca". En ella, por ejemplo, Smith habla de la manera en que los empleados de Goldman Sachs, una empresa con más de 140 años, lejos de vigilar y proteger a sus clientes, hacían todo lo posible por mal aconsejar, esquilmar, engañar y defraudar la confianza de esos clientes, a quienes se referían como "muppets", a los que debían "sacarles los ojos" para cumplir con las metas de ganancias de los inversionistas de Goldman Sachs.

La realidad descrita por Smith es más grave en la medida que no se limita sólo a Goldman Sachs. Por el contrario, se trata de un patrón de conducta común a otras instituciones financieras, que en buena medida explica el colapso de algunas empresas que desaparecieron o se fueron a la quiebra en el contexto de la crisis de 2006-9, como Lehman Brothers o el gigante de los seguros AIG.

Es una realidad que habla de la existencia de una profunda crisis de valores, que ha sido agravada por la idea de que el Estado y las leyes no deben intervenir o que sólo deben intervenir cuando ya es demasiado tarde para evitar catástrofes como la que hemos vivido en los últimos años. Se trata de un escenario en el que los intereses de corto plazo, individuales o de grupos extremadamente pequeños, resultaron más importantes que la preocupación sensata por la pertinencia de las inversiones que se sugerían a los inversionistas de Goldman Sachs.

Y no es que Smith sea un comunista ni que hable de la necesidad de abolir el capitalismo o de eliminar el lucro o de pedir que el Estado intervenga en todos los ámbitos de la economía. Todo lo contrario. Por su formación profesional, Smith es el mejor representante de quienes creen en el mercado, en la libre empresa. Sin embargo, a diferencia de muchos magnates de la banca de inversión, Smith comprende que si el capitalismo ha de prosperar necesita de reglas claras, del respeto de los intermediarios financieros a los inversionistas y deudores.

Hay en la crítica de Smith al modus operandi de Goldman Sachs el reconocimiento de que no se pueden fingir ni la sensatez ni la rentabilidad de una inversión. Su carta da cuenta, por ejemplo, de la manera en que sus ejecutivos colocaban productos que ellos mismos calificaban de buenas inversiones sin considerar las necesidades de sus clientes: "¿Incluso después de casos sonados como el de Carl Levin? ¿No hay humildad? Es decir, ¿no hay integridad? Erosiona la confianza. No puedo hablar de comportamiento ilegal, pero ¿se presiona y se ofrecen complicados productos lucrativos aún cuando no son las inversiones más simples o las más directamente alineadas con sus objetivos? Absolutamente, Todos los días, de hecho". Lo que es más grave, esto se hace sin importar el costo que esas inversiones pudieran tener en el mediano y largo plazos.

Las acusaciones de Smith obligan a cuestionar la formación deontológica de quienes dirigen el sistema macroeconómico, bajo qué principios se rigen, y  qué tanto de la crisis que actualmente tiene ahogados a Grecia o España se debe a que bancos y fondos de inversión de diversas instituciones financieras inundaron el mercado de los derivados con instrumentos financieros ventajosos y abusivos.

La carta de Smith no es la primera acerca de estas prácticas; hace dos años se dio a conocer la película Inside Job, que narra los orígenes de la crisis de 2006-9 con su costo multimillonario; sin embargo, es la primera ocasión en que un alto directivo de un banco de inversión rompe el silencio y explica cómo y por qué se generan estas crisis.

Tal vez sea pertinente recordar esta frase de Arturo Jauretche, Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional -y añado, también con los que manejan la especulación financiera- es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero.

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