sábado, 28 de abril de 2012

Comunidades en transición

Excelsior, Domingo 29 de abril de 2012. Manuel Gómez Granados. En distintas partes del mundo hay organizaciones que, conscientes de los retos que el crecimiento urbano plantea, hablan de la necesidad de promover las mejores prácticas para la creación y desarrollo de comunidades sustentables. Al conjunto de estos cambios se le dan distintos nombres, pero entre los más populares está el de “comunidades de transición” (http://www.transitionnetwork.org /). Se trata del paso de un modelo fundado exclusivamente en criterios de mercado, en el que las relaciones se ordenan a partir de criterios lucrativos, a un modelo de desarrollo sustentable que privilegia la construcción de relaciones a partir de valores de cooperación y convivencia entre los individuos de una comunidad y la naturaleza. Este modelo de transición se conforma de pequeños proyectos locales, donde las personas interactúan directamente. Por ejemplo, sanear espacios como parques públicos, riberas u otros cuerpos de agua, bosques o playas. En otros casos, especialmente cuando se trata de comunidades de transición en contextos urbanos, se impulsan proyectos a largo plazo, tales como aquellos que consisten en la implementación de huertos o granjas comunitarias y de traspatio. Estos proyectos son importantes por su contribución a la producción de oxígeno y la recarga de mantos acuíferos, porque permiten que las familias participantes produzcan alimentos más nutritivos, con posibilidades de comercializarlos y favorecen que las personas que viven en ciudades, donde la convivencia es compleja, construyan dinámicas de cooperación, ayuda mutua y confianza, para formar la base del capital social. En México se ha hablado mucho acerca del capital social, pero la realidad es que tenemos un déficit importante de este activo. El capital social es resultado de la existencia e interacción de redes sociales que unen a distintas personas y establecen puentes entre ellas a partir de normas implícitas de reciprocidad y confianza. También puede ser visto como la suma de la buena voluntad entre individuos o grupos, cuya fuente se encuentra en la estructura y contenido de las relaciones sociales y que tiene efectos en la información, la influencia y la solidaridad disponibles para una persona o grupo. Entre algunas experiencias exitosas en Ciudad Juárez, en el contexto de la violencia que se vivió en esa zona urbana de México, en los últimos dos años la Fundación Luis María Martínez, IAP y el Centro Nacional de Desarrollo Integral (http://www.cenadin.org/) han desarrollado una serie de proyectos que apuntan a reconstruir esas dinámicas de cooperación, ayuda mutua y confianza necesarias para acabar con la violencia. Las personas que participan en los proyectos de invernaderos para la producción de hongos y hortalizas, además de obtener beneficios directos al cultivar ellos mismos alimentos para autoconsumo, se conocen entre ellos y establecen vínculos de amistad; de esa manera, sientan las bases para la cooperación y la ayuda mutua en otros ámbitos como pueden ser la educación de sus hijos, el equipamiento urbano o de transporte, y que —además— sirven para frenar y revertir el deterioro del entorno ecológico. Asimismo, existen grupos que impulsan una convivencia cívica, respetuosa de leyes de tránsito y más amabilidad en el trato para elevar el ánimo de los habitantes. Si nos permitimos buscar nuevos enfoques, podremos encontrar soluciones a muchos de los problemas de México, ¡sí podemos reconstruir el tejido social! *Analista manuelggranados@gmail.com Enlace: Da click aquí para ir a la nota del periódico.

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