sábado, 12 de mayo de 2012

Europa, la feroz antipolítica

Manuel Gómez Granados.
Excelsior 12 de mayo de 2012.

En los últimos días se celebraron elecciones en diferentes países de Europa. La más notable fue en Francia, con el triunfo de François Hollande. Era una derrota anunciada para Nicolas Sarkozy, que se explica por tres factores: la popularidad de la política antisistema, racista y antieuropea de Marine LePen, del Frente Nacional; el incremento en la abstención/anulación que alcanzó 5.8% en la segunda vuelta, y la incapacidad de Sarkozy para recuperar los votos de François Bayrou, que anunció su voto por Hollande.

Bayrou ocupó, con 9% del voto en la primera vuelta, la quinta posición, su declinación le permitió equilibrar la balanza del lado del socialista Hollande. Esto es más grave porque Bayrou representa la Francia centrista, moderada.

En Grecia, los helenos votaron en medio de una crisis que ha devastado a la sociedad, a tal grado que las “ciudades perdidas”, que antes eran exclusivas de América Latina, África o Asia, existen ahora al lado de las zonas arqueológicas griegas.

En la cuna de la democracia, ni el centro-derecha ni el centro-izquierda lograron contener el profundo enojo de millones sin futuro, y lo que ha surgido es el monstruo del neofascismo, representado por los militantes del radical partido Nuevo Amanecer, que mezcla los símbolos de la antigua civilización espartana con los del nacionalsocialismo alemán y el consabido discurso nacionalista que defiende Marine LePen en Francia y el Europarlamento que, llevado al absurdo, se resume en un desesperado intento por volver, a la fuerza, a un pasado mítico, glorioso, pero falaz, en el que Europa era ciento por ciento blanca, ordenada, cristiana y tenía el monopolio del uso de los prototipos del progreso y de la moralidad pública.

La elección griega arrojó resultados tan disparatados que ningún partido ha logrado formar gobierno, por lo que pudiera ser que los griegos deban ir de nuevo a las urnas para tratar de conformar a alguna coalición de gobierno que les permita superar la más severa crisis de su historia.

En el centro del Mediterráneo, en Italia, también hubo elecciones, y aunque ahí fueron municipales, los comicios presentan otra de las patologías de la moderna Europa: la antipolítica. Después del cinismo de Silvio Berlusconi, sabedores de su pasado fascista, el hartazgo italiano con la política, toma la forma de un creciente abstencionismo: de 73.7% de participación que tuvieron las municipales previas se pasó a un 66.9%. Cabe señalar el sintomático movimiento Cinco Estrellas, que es una forma de Baco moderno en la persona del comediante Beppe Grillo, que ha hecho de la sátira y el sarcasmo su pasaporte a la fama a costa de empobrecer el nivel de discusión.

En Alemania, el partido de la canciller Angela Merkel fue derrotado en comunidades del norte, por lo que su partido suma ya tres derrotas en los Länder, el equivalente de nuestros estados, mientras crecen las tensiones entre las minorías étnicas y los neonazis.

Asistimos a una época de agotamiento de las ideologías, del endiosamiento de la antipolítica, que lejos de facilitar la solución de los problemas, hace más difícil encontrar el terreno común para impulsar reformas, y culpa a los migrantes, a los pobres, a las minorías, de los problemas que padecemos.

La pregunta es, ¿qué haremos nosotros? La antipolítica a la mexicana también está ahí y nada nos exime de los males que aquejan a Europa.

Analista

manuelggranados@gmail.com

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