sábado, 21 de julio de 2012

La dama

Excelsior
Sábado 21 de julio de 2012.
Manuel Gómez Granados.

Hace 22 años, el Parlamento Europeo otorgó el premio Mijail Sajarov a la Libertad del Pensamiento a Aung San Suu Kyi, la política birmana que recién fue liberada de un injusto y prolongado arresto domiciliario y fue elegida legisladora. Ella publicó un breve ensayo en el que resumió su pensamiento con una habilidad sorprendente.

Decía Suu Kyi: "No es el poder el que corrompe, es el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a quienes lo ejercen y el miedo al flagelo del poder corrompe a quienes están sometidos a él. La mayoría de los birmanos conocen las cuatro a-gati, las cuatro formas de corrupción: Chanda-Gati: corrupción inducida por el deseo, es la desviación del camino original en la búsqueda de sobornos o para beneficiar a quienes amamos. Dosa-Gati es tomar el camino equivocado para ofender o lastimar a quienes uno les tiene mala voluntad y Moga-Gati, que es una aberración debida a la ignorancia.

"Pero quizás la peor de las cuatro es Bhaya-Gati, pues no sólo Bhaya, el miedo, entumece y lentamente destruye todo sentido del bien y del mal, Bhaya-Gati frecuentemente se encuentra en la raíz de las otras tres formas de corrupción. Como ocurre con Chanda-Gati, cuando no es el resultado de la pura avaricia, puede ser causado por el miedo a desear o el miedo a perder la buena voluntad de nuestros seres queridos, de modo que el miedo a ser rebasado, humillado o lastimado de alguna manera puede ofrecer el estímulo para la mala voluntad. Y sería difícil erradicar la ignorancia a menos que haya libertad para buscar la verdad, libres del miedo. Con una relación tan cercana entre el miedo y la corrupción no es una sorpresa que donde abunda el miedo, la corrupción se convierte en algo común". (Una versión en inglés se encuentra en http://www.link.asn.au/downloads/papers/burma/p_bm_03.pdf).

En cada párrafo uno encuentra la misma lógica demoledora que hace de la libertad el valor más importante de la convivencia humana. Ése y otros escritos se convirtieron en la "evidencia" con la que Suu Kyi, frágil y hermosa como el pavorreal que adorna la bandera de su partido, se convirtió en el principal "enemigo" de las juntas militares que gobernaron Birmania desde 1962 hasta 2011.

Su reflexión era resultado de la observación cuidadosa de cómo Birmania había pasado de ser un imperio autónomo a una colonia más del Imperio Británico, e incluso —brevemente— un protectorado japonés hasta descender, como otras naciones, a los baños de sangre, la violencia ritual, de las luchas políticas de los 1950, 1960 y 1970.

El asesinato de su padre le enseñó lo necesario acerca del miedo como motor de la acción política y de la necesidad de controlar y liberarse de él por medio de la reflexión y el diálogo. Sin embargo, el miedo también tiene que ver con el sinsentido de la vida y el instinto de conservación.

La vida de Aung San Suu Kyi es un testimonio de valentía que sólo un espíritu grande puede expresar en la no-violencia activa; por eso, en 1991, le otorgaron el Premio Nobel de la Paz, que recogió hasta 2012. Ahora, gracias a la cinta The Lady, de Luc Besson, conocemos un poco más de esta extraordinaria mujer, y convendría preguntarnos qué implica liberarnos de nuestros miedos como condición para erradicar la corrupción y repetir, como ella, las palabras de Mahatma Gandhi: "el mayor don para una persona o una nación… es 'abhaya', la valentía que no se limita sólo al coraje, al arrojo físico, sino que es el resultado de la ausencia de miedo en la mente".

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=849059

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