domingo, 8 de julio de 2012

Los objetivos globales después de 2015

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 8 de julio de 2012.

A  finales del siglo XX, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU promovió los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se trataba de un doble esfuerzo. En un sentido, para socializar el conocimiento que se había acumulado gracias a la labor del premio Nobel de Economía 1998 Amartya Sen, quien construyó, en 1990, el Índice de Desarrollo Humano. En otro, para promover un salto cualitativo y cuantitativo en la promoción del desarrollo humano en todo el mundo.

Fijar objetivos de alcance global no sólo sirve para medir de manera más clara las metas que deben perseguirse. Sirve también para que las elites políticas de cada país dejen de lado la palabrería que generan las comisiones, los comités, las conferencias y los congresos convocados por la industria del combate a la pobreza y actúen para lograr avances concretos.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2000 han servido como una guía para saber qué hacer a fin de resolver los problemas del desarrollo. Se trata de ocho objetivos, que deben mostrar avances sustantivos en 2015, y que se desglosan, a su vez, en el caso de México, en 22 metas y 80 indicadores que se miden sistemáticamente para saber qué tanto se avanza o no en ellos. A tres años de que termine el plazo fijado, la ONU inició los trabajos para redefinir, luego del 2015, los nuevos objetivos globales del desarrollo.

México ha logrado avances importantes en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero muchos de los programas de desarrollo están afectados por vicios culturales, por ejemplo: el clientelismo, la tramitología para "bajar" recursos para proyectos productivos, la corrupción, tanto del gobierno como de empresas y organizaciones de la sociedad civil, que prefieren utilidades inmediatas o buscan beneficios personales en vez de mirar el largo plazo y el beneficio de todos, pero también la discrecionalidad al decidir qué proyectos se apoyan y cuales se desechan.

Los esfuerzos para despolitizar esos programas han sido insuficientes y los recursos por sí mismos no alcanzan, se invierte mucho en informes, reportes, auditorías, etc. Y no es que las organizaciones de la sociedad civil desperdicien los recursos, sino que la operación de los llamados programas sociales esté plagada de insuficiencias que generan un sentimiento de que nada cambia.

Uno de los temas que el PNUD reconoce que no fue adecuadamente considerado por los Objetivos de Desarrollo del Milenio es la creación de empleos productivos (ver el documento Agenda post 2015 en http://bit.ly/ODMpost2015, especialmente la página 7), y también admite que la dinámica política de las distintas naciones pesa demasiado, por lo que no se percibe la profundidad de los cambios y que no se han abordado problemas de rendición de cuentas suficientemente. Además, está el reto de generar riqueza y, a la vez, potenciar el uso de los recursos naturales que está en el núcleo de conflictos como los que se viven en Cherán, Michoacán o Wirikuta, la tierra ancestral de los huicholes, entre otras muchas comunidades rurales (ver el capítulo III, páginas 11 a la 20).

En México estamos a punto de iniciar la discusión para darle forma al Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 y para aprobar los presupuestos para el 2013, por ello, es crucial que se reconozca ya la necesidad de invertir en la creación de empleos productivos. El modelo orientado a la exportación está agotado. Insistir en él sólo nos hará más vulnerables.

México hace mucho que dejó de ser autosuficiente en materia de producción alimentaria y eso nos ha hecho sumamente vulnerables a las variaciones en los precios internacionales de materias primas como el trigo o el maíz. Insistir en proyectos "de desarrollo", marcados por una lógica clientelar o incluso abiertamente electoral como remedio a nuestros males, sólo nos hará más vulnerables como país y, sobre todo, hará más vulnerables a los más pobres y  más dependientes de programas asistenciales. Lo que hace falta es creatividad, innovación, nuevas tecnologías económicas y de tamaño humano.

Urge inyectar mas capital para crear empleos productivos, mejorar los mecanismos de rendición de cuentas, reducir nuestras vulnerabilidades, combatir mucho más la corrupción y mejorar la calidad de vida de los más pobres con nuevas rutas que los hagan verdaderos actores de su desarrollo, cada vez más productivos, y no poblaciones pasivas que sólo reciben los programas que "se aplican" en sus comunidades. Además, las organizaciones sociales necesitan profesionalizarse mucho más e integrar en sus programas  desarrollo económico, cuidado ecológico y contribuir al cambio de la mentalidad de resignación para pasar a una actitud ganadora, de superación.

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=674468

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