miércoles, 4 de julio de 2012

Quiero ser policía

Fernando López Anaya.

En un salón de clases de tercero de primaria, la maestra pregunta a sus alumnos qué quieren ser cuando sean grandes, una voz pueril dice: “yo quiero ser policía”. La maestra, consecuente con la respuesta, pregunta el por qué de dicha decisión, a lo que su alumno afirma: “porque mi papá sólo encontró trabajo de policía para comprarme zapatos”.

Esta situación puede estar cerca de nosotros, con el vecino que saludamos en las mañanas, e incluso, en nuestra propia familia. Pero ¿por qué no hay trabajo para todos?, o ¿por qué hay sólo determinados empleos?, estas preguntas apuntan a una realidad más compleja.

Según Friedrich Hegel, filósofo alemán del s. XIX, la historia se conduce en un proceso dialéctico. Quienes intentan realizar algunas lecturas del pensamiento sistémico de La Fenomenología del Espíritu, obra clásica del filósofo, encuentran, básicamente, que toda tesis se enfrenta a su antítesis, y ambas, quedan finalmente superadas e incluidas en una nueva realidad, la síntesis. Para Karl Marx, uno de los pensadores más influyentes de nuestros tiempos, este método para entender la historia es la clave que explica su propuesta de la lucha de clases, teoría que expone que el proletariado debe representar para la burguesía una antítesis pujante y crítica. Marx, en el fondo y bajo la lógica dialéctica, aboga por el triunfo de la burguesía, que una vez que culmine su dominio sobre los medios de producción, esta se vea superada y absorbida por el proletariado, que vence y transforma la dinámica de lucha de clases a través del manejo de las técnicas de producción, y la conduce hacia una nueva realidad social más justa.

Pero pareciera que Marx se equivocó, que no consideró que el capitalismo y las nuevas formas de producción tuvieran un comportamiento mutante, y que hoy el trabajo se entienda de otras maneras. Los grandes sistemas de producción no funcionan sin los mercados bursátiles, espacios donde frecuentemente se lucra con proyecciones de productividad bajo sistemas de nuevas tecnologías de información. Emergen actividades especulativas, que crean productos virtuales, con normativas fuera del alcance de quienes poseen la mano de obra no especializada, bajo técnicas que difícilmente tendrán quienes operan la agricultura, las herramientas mecánicas, los proveedores de servicios básicos.

La especulación que se realiza en muchos ámbitos, hace que el trabajo sea diferente y escaso, pues teniendo la posibilidad de facilitar y promover el trabajo productivo con mayor determinación, lo restringe, tanto que hoy el trabajo se ha convertido en un bien de difícil acceso, pues no hay para todos. Por otro lado, las actividades que no contribuyen a la acumulación de capitales, por ejemplo, algunas labores de acompañamiento psicológico, anímico, deportivo, educativo, religioso y social, entre otras, no son incentivadas, promovidas y autorizadas por los sistemas especulativos, y no se consideran parte esencial de un escenario de progreso.

A su vez, la vida de las instancias reguladoras gubernamentales, empresas, corporativos transnacionales,  sistemas financieros, todo este entramado de instituciones, necesita seguridad, guardar cierta integridad en sus operaciones; es por ello que buena parte del empleo de lo que llaman “capital humano”, se dirige a las actividades que preservan seguro el complejo estructural de la vida económica, política y social. Un ejemplo de este esfuerzo son las vacantes para pertenecer a los cuerpos de seguridad, cuerpos policiacos, grupos de escoltas…

Si no hay iniciativas que incentiven más y mejor el empleo productivo, de manera de que el trabajo no quede supeditado a la especulación de capitales, y/o que limiten y acoten modelos de subordinación del trabajo a la acumulación de capitales, sólo encontraremos empleo como guardianes del “orden”, pero de aquél orden que promueve el monopolio de un modelo depredador… seremos una sociedad carcelaria más compleja, como la que se narra en  Vigilar y Castigar, obra de Michel Foucault, sociedad que tiene como principal industria el cumplimiento de la disciplina, incluso aquella disciplina aplicada a los bienes y servicios que deben administrarse en una familia. De esta manera, la acumulación de capitales, que debería ser un medio para mejorar la calidad de vida de las personas, se convierte en factor victimario de muchos sectores de la sociedad.

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