domingo, 15 de julio de 2012

Solalinde y el drama migratorio

La Crónica de Hoy.
Domingo 15 de julio de 2012.
Manuel Gómez Granados.

En estos días en que muchas energías se desperdician en las acusaciones y recriminaciones político-electorales, el trabajo del padre Alejandro Solalinde debería atraer nuevamente nuestra atención por la defensa de los derechos de los pobres y marginados en México.

La popularidad de Solalinde en redes sociales como Facebook y Twitter no es resultado de una campaña orquestada por algún grupo o respaldada por algún medio de comunicación, todo lo contrario, es fruto del trabajo desinteresado y de alto riesgo de un hombre que no sabe rendirse y está dispuesto a dar su vida por los demás. En una de sus fotos, que publicó Amnistía Internacional, se agregó una  de las frases que el también director del albergue Hermanos en el Camino dice con frecuencia: "La misión es un riesgo cuando se toma en serio". Y es que él ha sabido llevarla hasta sus últimas consecuencias. De hecho, estuvo varias semanas fuera de México porque recibió graves amenazas contra su vida e integridad física que hicieron que los órganos de la seguridad pública federal prendieran sus alarmas.

Ahora, cuatro escoltas lo acompañan permanentemente y hay fuertes críticas a la PGR porque no se perciben avances en las investigaciones por las amenazas en su contra.

La buena fama de Solalinde hace que —a diferencia de lo que les pasa a muchos políticos que tratan de conquistar las redes sociales—, las fotografías y noticias que de él publican varias organizaciones civiles, estén llenas de elogios y agradecimientos. En la fotografía a la que se ha hecho referencia, se han publicado varias docenas de comentarios. Estos son algunos de ellos:

l Un gran ejemplo de vida de servicio al prójimo

l Ánimo Solalinde. ¡Fuerza! ¡Todo el apoyo!

l Increíble defensor de los derechos humanos, Amnistía Internacional, no lo dejen solo

l Qué bueno que regresará; ahora es deber de todos cuidarlo.

El retorno de Solalinde a su albergue para migrantes en Oaxaca, tendría que servir a la sociedad mexicana para que no nos perdiéramos solamente en la discusión postelectoral. Solalinde, además de alimentar y dar techo a los migrantes, los trata como personas, promueve sus derechos y sobre todo anima espíritus, cura heridas de alma y renueva esperanzas. Dar de comer lo hacen muchos, curar el alma muy pocos.

Su retorno al trabajo con los migrantes ocurre en un contexto que ahora es mucho más complejo: hace poco se suspendieron los recorridos de los trenes que conectan al sureste con la frontera de EU. Como consecuencia, miles de personas están varadas en los distintos puntos de la geografía nacional que recorre el ferrocarril y necesitan atención: comida, albergue, ropa, baños…

Los migrantes no son una banda de delincuentes: no viajan por gusto, sino por desesperación y falta de oportunidades; buscan ganarse el pan de cada día para sus hijos y sus padres, arriesgando la vida y muchas veces sin más recursos que lo que traen puesto. Cargan con el estigma de ser ilegales, son víctimas de acoso y delitos como extorsión, violencia, intolerancia, etc.

En el municipio de Tultitlán, Estado de México, la Casa del Migrante Juan Diego, que opera desde hace años la diócesis de Cuautitlán, anunció su cierre temporal ante las fuertes críticas de los pobladores. Los habitantes se quejan por robos, agresiones, intentos de violación, riñas, basura, ruido. En otros estados la queja es semejante. Ciertamente, los migrantes no son ángeles, los hay que van en tránsito buscando una vida mejor y los hay que son delincuentes, pero unos y otros son personas.

Los gobiernos locales y federal tratan de atender a una y otra parte y tienen que cumplir con las leyes —para eso están—, además tienen que enfrentar conflictos con los países vecinos y, al mismo tiempo, algunas de las autoridades son parte de actos de corrupción, abusos, ineficacia, etc. Urge un tratamiento sistémico y coordinado de los lugares de expulsión, tránsito y destino, así como de los distintos niveles de gobierno.

La migración también refleja lo contradictorios que somos. Por ejemplo, nos lamentamos y maldecimos a los estadunidenses por las leyes contra los migrantes mexicanos, pero rápidamente hacemos nuestras esas actitudes, incluso peores, contra los migrantes de Centro y Sudamérica que, a diferencia de los nuestros en EU, sólo están de paso por México.

En este complejo escenario regresa Solalinde. Él pertenece a la mejor tradición del catolicismo social mexicano. No es un sacerdote que presuma de  sus convicciones ni trate de imponerlas a los demás. Es un hombre que eligió hacer vida aquello en lo que cree, y en un país en donde la caridad y el compromiso social es escaso, Solalinde emerge como testimonio.

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=676159

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