domingo, 22 de julio de 2012

¡Somos un pueblo feliz!

La Crónica de Hoy.
Domingo 22 de julio de 2012.
Manuel Gómez Granados.

Apesar de los problemas que han nublado el horizonte nacional en los últimos años, los mexicanos tenemos una suerte de seguro contra los males que nos aquejan. Somos un pueblo feliz, con todo lo subjetivo que pueda ser. Y esto no es algo que afirme la propaganda oficial ni se desprende de las campañas que, de cuando en cuando, transmiten las televisoras comerciales de México. Tampoco es un caso de falsa publicidad, como la de los productos milagro que prometen tantas cosas tan difíciles de cumplir.

La afirmación es el resultado de una evaluación hecha por la New Economics Foundation (el índice se puede consultar en http://www.neweconomics.org/sites/neweconomics.org/files/HPI_3_0_WEB.pdf) del Reino Unido, dada a conocer recientemente, que evalúa qué tan felices somos los habitantes de prácticamente todo el mundo. No es un índice basado en el consumo o en la satisfacción de necesidades materiales; ni siquiera es un índice de felicidad abstracta. Lo que hace muy interesante el Índice Planeta Feliz (Happy Planet Index), es que además de medir qué tan felices se consideran las personas entrevistadas, también considera un factor fundamental que es la llamada huella ecológica.

La huella ecológica es una estimación del impacto que tiene nuestra existencia en los ecosistemas global y locales. Al tomar en cuenta este factor, la NEF no sólo evita que confundamos felicidad con bienestar material o felicidad con ingreso o, peor aún, felicidad con capacidad de consumo o con consumo efectivo, que es uno de los riesgos inevitables al realizar este tipo de análisis. De acuerdo con los autores del índice, lo que han logrado es "una medida de eficiencia (que) calcula el número de años felices logrados por cada unidad de recursos utilizados".

Aunque la meta ideal de ser una sociedad en la que felicidad no dependa de altos índices de consumo aún no se ha logrado en ninguna parte del mundo, De las diez naciones que están más cerca de lograrlo, nueve son de América Latina y el Caribe. Las diez primeras sociedades en este índice son Costa Rica, Vietnam, Colombia, Belice, El Salvador, Jamaica, Panamá, Nicaragua, Venezuela y Guatemala.

El Índice de Felicidad Planetaria muestra una tendencia a contradecir los supuestos de las teorías de la modernización y de las teorías del desarrollo, al considerar el costo ecológico de los programas de desarrollo.

Una de las primeras sorpresas que arroja el índice es que Estados Unidos, una de las sociedades más prósperas del mundo, está lejos de ser una de las sociedades más felices. De un total de 151 naciones consideradas en la elaboración del índice, Estados Unidos ocupa el lugar 105. En otras palabras, la felicidad en Estados Unidos se compra a un precio muy elevado.

Y no es sólo un problema de nuestros vecinos al norte. En Europa la sociedad más feliz no es Alemania, que es la sociedad europea más próspera, ya que ocupa el lugar 46, ni Francia que ocupa el lugar 50, o Inglaterra, que está en el lugar 41, sino Noruega, que ocupa el lugar 29, pero que está muy lejos de tener los niveles de ingreso o de consumo de sus vecinos al sur.

Esto se puede observar también en América Latina. México (22), Argentina (17), Chile (19) y Brasil (21), las cuatro naciones más industrializadas de América Latina aparecemos por debajo del índice de naciones centroamericanas como Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Belice, e incluso Honduras (lugar no. 13), el segundo país más pobre de América Latina después de Haití, lleva ventaja sobre los cuatro "gigantes". Al final de cuentas, más ingreso, más consumo o más desarrollo no necesariamente hace más feliz. Quizás ser más feliz tiene que ver con sencillez, austeridad, tranquilidad, confianza, amistad…

El Índice de Felicidad en el Planeta, no pretende disputar la validez de otros indicadores, como el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. Es una medida alternativa, que nos permite evaluar a partir de otros criterios nuestros esfuerzos en materia de desarrollo.

Insistir, como lo hemos hecho en México en las últimas cuatro décadas, en imitar los patrones de consumo y modelos de desarrollo de Estados Unidos y Europa nos ha llevado a callejones sin salida.

Quizás en lugar de preocuparnos por proyectos faraónicos, lo que se hubiera tenido que privilegiar son los proyectos de desarrollo sustentable en los ámbitos comunitario, vecinal o familiar. Quizás lejos de voltear a ver qué han hecho en el primer mundo, es tiempo de voltear a vernos a nosotros mismos y a nuestros hermanos de Centroamérica para ser más felices.

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=677779

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