sábado, 7 de julio de 2012

Veamos adelante

Excelsior.
Sábado 7 de julio de 2012
Manuel Gómez Granados.

México vivió el fin de semana pasado una jornada electoral crucial para nuestra vida pública. Cada quien en función del resultado, sus preferencias y sus esperanzas tendrá que revisar con actitud crítica y sin complacencias por qué obtuvimos dichos resultados. No habrá una visión única de lo que ocurrió el día de la elección, pero creo que el país y nuestros hijos merecen que empecemos a pensar, ya, en lo que viene.

Aunque a mí, en lo particular, no me agrade el resultado y siga evaluando lo que se hizo, las traiciones, los bloqueos o las inequidades, insistir en un discurso de duelo, como sí México hubiera vivido una catástrofe como la de Fukushima, sólo enfatiza nuestra incapacidad para apreciar los méritos del sistema democrático, que hemos construido con tanto trabajo.

Regresar al discurso del fraude implica desconocer el trabajo de mexicanos que dieron su vida para construir la democracia que, para bien o para mal, tenemos. Es un insulto a la memoria de mexicanos como: Carlos Castillo Peraza, Gilberto Rincón Gallardo, Manuel J. Clouthier, José Álvarez Icaza, Abel Vicencio Tovar, Heberto Castillo, entre muchos más, que han ayudado a construir las bases de las libertades civiles y políticas que gozamos.

¿Son insuficientes las instituciones electorales? Si es así, mejorémoslas; reformemos pronto lo que tenemos, pero no nos quedemos en interminables autopsias y funerales que a nadie ayudan.

Quien crea que el gobierno entrante tendrá seis años de días de campo o siquiera una luna de miel prolongada, se equivoca. Pero también se equivocan quienes se empeñan, desde ahora, en rechazar al gobierno que asumirá el poder. Ni unos ni otros le ayudan a México. Llevamos 15 años de parálisis legislativa en muchos temas. Incluso reformas benévolas que no implicaban la privatización de bienes públicos, como la reforma de los artículos 24 y 40 de la Constitución, están prácticamente atoradas por la incapacidad de dialogar en las Cámaras de la legislatura federal y, sobre todo, en las legislaturas de los estados.

Todos coincidimos en que México necesita reformas. Dada la integración de las Cámaras, sólo podremos lograrlas, sí existen acuerdos entre las principales fuerzas políticas. Negar o sabotear esa posibilidad para avanzar en ellas es desleal, es un crimen.

Tenemos que ver adelante. La mitad de nuestra población está integrada por pobres que no saben si comerán mañana y el mundo vive una situación tan difícil, como frágil. El actual modelo orientado a la exportación vive bajo acoso, como: la desaceleración en el ritmo de las importaciones de Estados Unidos y Europa o la nueva ola proteccionista en naciones como Argentina y Brasil, que implican la pérdida de mercados para nuestros productos y de empleos en las empresas mexicanas.

En una hora tan difícil, el imperativo moral no puede buscar revanchas ni satisfacer la ambición personal de quienes se han erigido en mesías de la patria.

Necesitamos urgentemente aprender a negociar desde un piso parejo, en donde se respeten los intereses y se reconozcan los aportes de cada partido. Y que el resultado de la negociación reconozca las ganancias y costos electorales a quien corresponda, para regresar así a la ruta de las reformas que nos permitan recuperar el paso frente a los cambios que han ocurrido en los últimos años, pero la política es tan importante —como decía Konrad Adenauer— que los ciudadanos no podemos dejarla solamente en manos de los políticos.

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=846279

No hay comentarios:

Publicar un comentario