domingo, 5 de agosto de 2012

La sequía perfecta

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 5 de agosto de 2012. 
 
Durante los últimos años, a la vista de todos nosotros, la naturaleza nos ha advertido acerca de la situación tan grave que vivimos ahora. Desde Canadá hasta el Bajío mexicano, las grandes extensiones de cultivos de maíz, frijol o trigo, así como las explotaciones ganaderas resienten los efectos de la sequía. En pocas palabras, desesperanza, dolor, tristeza y poca, muy poca producción.

Hasta ahora los mercados de alimentos, especialmente los de carne y algunos otros productos animales para el consumo humano, no han resentido los efectos. De hecho, los precios de algunos productos han caído, pues los productores prefieren sacrificar a sus hatos antes de que sea imposible alimentarlos.

Lo peor vendrá el año próximo, cuando los precios de diversos productos experimenten alzas importantes. En Estados Unidos y Canadá, dos de las naciones de las que más dependemos para comprar alimentos, se espera que las alzas para los productos agropecuarios sean entre el tres y hasta el cinco por ciento.

En algunos casos, las empresas han anunciado modificaciones en las presentaciones de sus productos. Si antes una caja de hojuelas de maíz contenía un kilogramo, en 2013 empezarán a vender cajas con 900 o 950 gramos, de modo que mantengan el precio por unidad, aunque eleven el precio. Los bancos de alimentos que opera la iglesia en Estados Unidos ya resienten los efectos, pues hay menor disponibilidad de productos por los recortes en inventarios.

Esta realidad no es resultado sólo de la sequía. Buena parte se debe a la manera en que usamos los recursos naturales. En Canadá, por ejemplo, se han reducido de manera significativa las reservas disponibles de agua para consumo humano y agrícola, pues la minería demanda mucha agua para "lavar" los minerales, aunque ello implique contaminar millones de litros de agua. Mientras, en México, hay zonas donde no se ha tecnificado el riego, no se almacena el agua y se desperdicia mucho.

En Estados Unidos, George Bush dio un impulso sin precedente a la producción de maíz para elaborar etanol. La expectativa era reducir hasta en 15 por ciento la dependencia de petróleo. Para ello, era necesario elevar la producción de maíz para elaborar etanol. Esto se logró parcialmente. Estados Unidos pasó de producir cerca de seis mil 500 millones de galones de etanol en 2007 a casi 14 mil millones en 2011. También requería reemplazar el parque vehicular de todo EU y exigir a las grandes armadoras de autos que sus modelos a partir de 2001 pudieran operar con gasolinas mixtas con al menos 15 por ciento de etanol. En Canadá, se observó un patrón similar, pues la producción de etanol pasó de 211 millones de galones a 462 millones en el mismo periodo.

Los productores de EU y Canadá respondieron con relativa holgura a los incentivos que se les ofrecieron, pero ello ha tenido impactos desastrosos para la producción de forraje para el ganado, así como para la producción de maíz para consumo humano. A ello habría que agregar que los precios de los alimentos aumentaron. Esto fue advertido por diferentes organizaciones de la sociedad civil como la británica ActionAid que, en enero de 2010 publicó un folleto de 46 páginas titulado "Meals per Gallon" (http://www.actionaid.org.uk/doc_lib/meals_per_gallon_final.pdf), que podría traducirse como "Porciones por galón". El folleto era el resultado de un estudio que midió el impacto que tendrían los nuevos estándares de la industria automotriz en la producción de alimentos y, sobre todo, en los precios.

Ya desde 2010 se advertía una fuerte demanda de tierras arables de África, Asia y América del Sur que llevaron a Argentina a imponer —a principios de año— restricciones a las compras de tierras por extranjeros.

A pesar de esas y otras advertencias, gobiernos como el de EU insistieron en apostarle a los llamados biocombustibles como la solución a la dependencia del petróleo. A la vuelta de unos años, los efectos combinados de la sequía (que es en sí misma resultado del consumo excesivo de hidrocarburos) y de la presión para producir maíz para elaborar etanol, han logrado colocarnos en el escenario en el que estamos ahora.

Nadie puede predecir cuándo terminará la sequía ahora en curso; lo que sería importante es que, en lugar de apostarle al modelo actual, que —como señalaba ActionAid en 2010— golpea a los más pobres, le apostemos a un modelo de desarrollo nacional y urbano donde sea prioridad la producción de alimentos, con especial énfasis en la capacitación para que los pobres puedan ser autosuficientes en la producción de sus alimentos básicos.
 
Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=681053

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