sábado, 25 de agosto de 2012

Resultados contra cultura, mal y al revés

Fernando López Anaya.
 
En la aprobación del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2012, el rubro destinado a la cultura fue calificado como “histórico” por la Dip. Kenia López. El monto destinado fue de 16 mil 663 millones de pesos. El presupuesto se incrementó 3 mil 841.6 millones de pesos respecto del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación presentado por el Ejecutivo, en el que solicitó 12 mil 821.6 millones de pesos.
 
A simple vista esto puede representar para muchos un avance en la difusión de expresiones culturales, pero debemos considerar una serie de condiciones que nos hacen ver que la cuestión de la cultura en nuestro país tiene un problema de fondo y estructural.
 
Los proyectos culturales no son considerados como parte medular del desarrollo de comunidades y pueblos. Basta con advertir que el entorno que valida y justifica la existencia de ciertas metodologías de organización comunitaria es el que produce y ofrece resultados, es decir, aquellos efectos que son vistos como concretos, tangibles y medibles. La realidad de muchas opciones de desarrollo comunitario local se estima y evalúa desde la utilidad de un producto.
 
En ciertos ámbitos, la razón por la que no se tiene propósito alguno de estudiar demandas culturales regionales, es porque estas no ofrecen un resultado donde los procesos de evaluación tengan parámetros de medición generalmente aceptados entre los técnicos de discursos especializados. Además, en muchos casos, la motivación utilitarista que da origen a una gran mayoría de proyectos comunitarios, reduce las iniciativas locales a circunscripciones de metas de corto plazo. La consecuencia de este escenario es el poco o nulo interés por profundizar en el sentido pleno de ciertos proyectos culturales locales y regionales.
 
Si se analizan a detalle algunos proyectos que se traducen en recuperación y recopilación de manifestaciones culturales autóctonas, la mirada crítica de muchos que tienen la función técnica de ser dictaminadores, puede cambiar. La perspectiva de una visión de conjunto de ciertos cambios sociales se reestructura si consideramos que muchas iniciativas inciden, entre otros aspectos, en nuevas formas de expresión dentro del lenguaje que la sociedad utiliza.
 
Cuando se impulsan expresiones artísticas regionales y nuevas manifestaciones locales, se facilita la transmisión de ideas, valores y deseos de una sociedad, fenómeno que se puede constatar en el enriquecimiento del uso del lenguaje a través de nuevas acepciones y regionalismos. El lenguaje se modifica, cambia, pues, como señaló Ludwig Wittgenstein, tiene una función descriptiva frente al mundo, ubicándolo en los límites del mismo, así es como el hombre, por medio del lenguaje, representa y crea una imagen de lo que le rodea. La importancia de estos proyectos que demandan una manifestación cultural, ya sea ancestral, urbana, contemporánea... radica en que estos involucran la configuración creativa de la identidad local y regional de las comunidades.
 
Finalmente, no podemos aceptar que una comunidad va a tener opciones de progreso y prosperidad si el enfoque de políticas públicas potencializa, principalmente, su crecimiento económico, pues antes de aspirar a tener más, se encuentra la motivación fundamental de ser alguien, detrás de cada proyecto cultural existe una idea del ser humano.
 
Un ejemplo de comunidades que buscan su identidad local, es el proyecto del Faro de Oriente que impulsa la Secretaría de Cultura de Distrito Federal al oriente de la Ciudad de México. Representa una propuesta alternativa de intervención cultural. Su objetivo es brindar una oferta de promoción cultural y formación en disciplinas artísticas y artesanales a una población marginada física, económica y simbólicamente de los circuitos culturales convencionales.
 
Tal parece que no somos conscientes de que el destino de la gestión de proyectos de desarrollo comunitario que privilegian dimensiones técnicas y rentables, tiene un impacto de desmembramiento del capital social y la mutilación de habilidades creativas. Si insistimos en incrementar bienes y servicios a costa de incentivar, motivar y a acompañar a las comunidades en iniciativas propias de sus culturas, los mismos proyectos de crecimiento económico perderán el origen de su creatividad, su motivación más profunda y su propósito final. Estamos haciendo mal y al revés muchos procesos de desarrollo comunitario.

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