domingo, 12 de agosto de 2012

Xochimilco: a veinte años del Embarcadero Ecológico

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 12 de agosto de 2012.

En 2013 se cumplirán veinte años de la inauguración del Parque y Embarcadero Ecológico de Xochimilco. Su construcción renovó la esperanza de un mejor. Ahí, las autoridades de la época hicieron un esfuerzo serio para no repetir los errores cometidos en los embarcaderos tradicionales y parecía ser el inicio de una nueva era en la relación entre la ciudad y sus zonas rurales.

20 años después, queda claro que ese modelo, aunque acertado en algunos aspectos (la recuperación de flora y fauna de la región), ha sido notoriamente insuficiente para revertir muchos de los vicios del desarrollo urbano en el suroriente de la ciudad.

El principal es centrado el desarrollo urbano en el uso intensivo del como medio de transporte. En estos 20 años, Xochimilco, como otras delegaciones (Tlalpan, Milpa Alta, Magdalena Contreras) y municipios del Estado de México se han convertido en localidades , como lo hicieron antes Nezahualcóyotl o Naucalpan. Ese modelo no favoreció un desarrollo equilibrado que redujera la necesidad de viajar en auto; al contrario.

Y si ese modelo de desarrollo era prácticamente lo único que se podía hacer con tierras salitrosas de Iztapalapa, Texcoco, Ecatepec o Ixtapaluca, en el caso de Xochimilco resultó absurdo, pues hace 20 años contaba con tierras de primera, que nuestros antepasados habían diseñado sabiamente. No sólo produjeron alimentos de alta calidad para varias decenas de generaciones desde que las chinampas se desarrollaron en el siglo XII de nuestra era. También permitieron resolver algunos de los más graves problemas de la vida diaria en el Valle de Anáhuac, que ahora, a la vuelta de nueve siglos, nos torturan de nuevo, como la falta de agua limpia, apta para el consumo humano, y el peligro constante de las inundaciones.

Es cierto, hace 80 años, cuando se creyó que el mejor uso posible para el lago (salado) de Texcoco era secarlo o cuando se entubó el río de La Piedad, los gobiernos federal y del DF seguían las tendencias de la época. Lázaro Cárdenas podría alegar, en su defensa, que hizo lo mejor que pudo con la información a su alcance en la década de 1930. Sin embargo, eso es algo que ya no podemos decir ahora.

La movilidad urbana basada en el automóvil es el gran cáncer que amenaza con hacer inviables a las grandes ciudades del mundo. Por eso, desde Singapur hasta Melbourne, desde Nueva York hasta París o Copenhague, las grandes ciudades con visión de futuro, apuestan a modelos que no están centrados en el uso del auto o la moto. Apuestan a modelos que favorecen la conservación y ampliación de las áreas verdes, rurales o urbanas. No lo hacen sólo con bicicletas en las colonias de mayores ingresos. Eso ayuda, pero es insuficiente. Dedican grandes extensiones de terrenos públicos a la siembra por medio de jardines o parcelas públicas, que permitan recuperar agua, conservar el aire y reducir la expansión del concreto.

Se necesita voluntad política y esfuerzos mucho más serios para proteger y ampliar las zonas verdes, rurales o urbanas del DF. En el caso de Xochimilco todavía estamos a tiempo de recuperar la vocación de esas tierras: la producción agropecuaria, y frenar la devastación que ha ocurrido en esa delegación. La Fundación Luis María Martínez IAP, el Programa Hábitat de Sedesol y Sergio de los Santos, líder de las cooperativas de esa zona, están haciendo un trabajo excelente de capacitación, innovación y producción de alimentos.

Sin embargo, urgen más proyectos que premien la conservación de la tierra y el agua, programas viables de producción intensiva y comercialización de los productos, apoyos concretos a la zona turística de los canales y políticas públicas que frenen la expansión de la mancha de concreto. Asimismo, hacen falta oportunidades de empleo a distancias que no obliguen a usar transportes motorizados. Insistir en la idea que se puede aumentar la densidad urbana al infinito, sin imponer límites éticos y ecológicos a la construcción es suicida.

Esta no es una afirmación irresponsable o sensacionalista. Lo reconocen los funcionarios de la Comisión Nacional del Agua y de los organismos correspondientes en el Distrito Federal y el Estado de México. Basta ver lo ocurrido en los últimos diez años en el oriente de la ciudad de México, tanto en delegaciones del DF como Iztapalapa donde el agua es de pésima calidad, como en municipios del Estado de México, donde la única provisión segura de agua que tienen es la que llega en forma de inundaciones como las que cada año provoca el desbordamiento del Canal de la Compañía.

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=682663

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