domingo, 9 de septiembre de 2012

Cuatro años más


Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 9 de septiembre de 2012.

Este domingo, luego de los rituales propios de las convenciones republicana de Florida y demócrata de Carolina del , será el primer de campañas oficiales de las dos fórmulas de candidatos a la presidencia y vicepresidencia de .

La gran duda que tendrán que despejar los habitantes de ese país es si, a pesar de los números raquíticos en económica, Barack Obama y Joe Bidden merecen o no cuatro años más para tratar de sacar adelante su programa de gobierno. Es un crecimiento mediocre si se compara con lo ocurrido en Europa e incluso con Japón, que atraviesa el momento económico más difícil de su historia desde el final de la II Guerra Mundial.

Las credenciales que Obama puede presumir son haber puesto final a la ocupación militar en Irak; haber logrado la aprobación de la reforma del sistema de salud; reorganizar, gracias a generosos , a la industria automotriz de EU y, sobre todo, reorganizar otras áreas de la economía que quedaron en una condición cercana al desastre, luego de los 8 años de gobierno de George W. Bush. Los casos más sonados fueron los préstamos y otras formas de personal, como las tarjetas de crédito, pero el caos no se limitó a esas áreas. Una de las áreas más complicadas fue la de los préstamos para realizar estudios de licenciatura.

Sin embargo, son credenciales difíciles de apreciar porque la economía de EU no logró crecer por encima del 2 por ciento de su Producto Interno Bruto y, particularmente, porque ha mantenido niveles muy altos de desempleo, de más del 8 por ciento, que se reflejan en una masa, cada vez más desesperada, de cerca 13 millones de personas que, en algunos casos, ya acumulan varios años sin poder contratarse y, por lo mismo, han perdido la posibilidad de recibir los beneficios del seguro de desempleo.

En un escenario así, Obama tendrá que apostarle a convencer a los electores de que, sin importar qué tan bonitas puedan las promesas de Mitt Romney, son sólo eso, promesas que, además, no se respaldan con el récord del desempeño de los gobiernos republicanos de Bush.

Un dato digno de destacar en este sentido, es que mientras en la convención del Partido Demócrata de Charlotte han participado todas las figuras de esa organización, especialmente Bill y Hillary Clinton, en la Republicana de Tampa, no estuvieron presentes ni George Bush, a quien los propios republicanos consideran responsable de la crisis de 2007, ni su vicepresidente Dick Cheney, ni otras figuras menores como la ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin. De hecho, el Partido Republicano enfrenta en estos momentos una de sus peores crisis internas por las críticas que, desde dentro, lanza el llamado Partido del Té que, sin embargo, ha sido incapaz de desarrollar propuestas que vayan más allá de las recetas simplonas de reducir impuestos. La ineficacia de esas propuestas puede medirse mejor cuando se considera que justamente a eso fue a lo que se dedicó el gobierno de Bush Jr., y lo que dejó como legado fue una economía profundamente endeudada, que dilapidó el superávit fiscal que había recibido como legado de los 8 años de gobierno de Bill Clinton. No en balde, el miércoles 5, Clinton hizo un repaso de los méritos de su gobierno e identificó las coincidencias entre los gobiernos demócratas.

Para Obama, sus principales obstáculos se encuentran en sus adversarios que expresan argumentos pobres y que se han desgastado de tanto abusar de ellos, como cuando dicen que las mujeres cuentan con mecanismos naturales que les permiten evitar un embarazo en caso de violación.

El principal reto de Obama, en medio de un talante gris y desanimado, es volver a despertar el entusiasmo y la esperanza que lo llevó a la presidencia de su país en 2008. Parte importante de ello depende de los jóvenes latinos, la minoría con más rápido crecimiento en EU y que estuvo muy bien representada, la noche del martes 4, en la persona del alcalde de San Antonio, el mexicano-americano Julián Castro.

Esto es importante por el bienestar de más de 10 millones de mexicanos que viven allá, además de que nuestra economía necesita vender al país vecino para sostener empleos y mantener la dinámica de regiones enteras en México que, a querer o no, dependen de lo que ocurra en Estados Unidos. En un mundo globalizado y dada nuestra geografía, interdependemos con los vecinos del norte para bien y para mal.


manuelggranados@gmail.com


Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=689043

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