domingo, 23 de septiembre de 2012

Dan el pescado y enseñan a pescar

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 23 de septiembre de 2012.

Jobita Hernández es una mujer de años, que toda su vida ha vivido en Chignahuapan, Puebla. Su piel es muda testigo de los inviernos fríos, típicos de la Sierra Norte de Puebla, combinados con muchas horas de trabajo bajo el sol de esas montañas. Ella vive en Capulaquito,  ahí coordina a un grupo de doce . Algunas son madres solteras, otras están solas porque el marido se fue a , dejó de mandar recursos y ya no volvió.

Jobita y las mujeres de Capulaquito se organizaron y aprendieron a producir hongos setas. Ahora, gracias a su trabajo, se alimentan ellas y sus familias y esperan poder vender muy pronto excedentes de su producción.

La historia de Jobita es la de muchas mujeres que en ocasiones son las únicas responsables de mantener a sus hijos pues, se sufre de pobreza y, por eso, los varones emigran a Estados Unidos, y las mujeres a las ciudades para emplearse como sirvientas.

La Sierra Norte de Puebla es rica en recursos naturales, los paisajes muy bellos y las personas muy trabajadoras, pero “no hay empleos”. La madera y otros recursos del , el agua, la agricultura, la producción de esferas de primera calidad, son relativamente abundantes y, a pesar de ello, muchos tienen problemas para sobrevivir. María, junto con su hija Lupe que es madre soltera, decora mil esferas a la semana y ganan 160 pesos.

La emigración, en general, es un arma de dos filos. En algunos casos trae mejoras, pero también es una sangría, es desintegración , además de que algunas personas regresan enganchadas a las drogas. No son sólo personas que salen. Son sueños y  esperanzas de varias generaciones que realizan en otros lugares porque en su no hay oportunidades de salir adelante.

Por eso, la Fundación Luis María Martínez, IAP decidió desarrollar programas que favorecen el desarrollo armónico, integral, humano, de Chignahuapan. La filosofía que inspira estos esfuerzos es no entregar solamente el , sino enseñar a pescar y ayudar a la gente  para que tenga su propia caña de pescar, garantizarle acceso al río donde pueda pescar y capacitarlos para la comercialización de su producto.

Todas estas se realizan de manera sistemática, pues, en ocasiones, el mejoramiento de muchas comunidades en México va acompañado de sombras. Al dotar de servicios públicos a comunidades marginadas, como puede ser el alcantarillado, alumbrado público, caminos pavimentados, servicios médicos, escuelas, telefonía, internet…, crece la violencia, el alcoholismo, la drogadicción, la desconfianza, el individualismo, la desintegración familiar… Resulta paradójico que a mejores condiciones materiales vaya unida cierta descomposición social. Algo le falta al tradicional modelo de desarrollo, puesto que, por lo que se ve, no es integral.

La Fundación Luis María Martínez  trabaja con personas a quienes enseña a cultivar hongos setas y hortalizas en micro invernaderos tecnificados, capacita a quienes lo desean en la producción de esferas, ofrece cursos de computación, nutrición, aplicación de ecotecnologías, elaboración de pan. Gracias al apoyo del Banco de Alimentos de Puebla, entrega despensas semanales para familias que se encuentran en pobreza, (esta semana se entregó la despensa número tres mil). También ofrece servicios de asesoría jurídica, cursos de verano, atención a niños, cursos de primeros auxilios y a finales de este mes se entregarán varios cientos de cobijas para hacerle frente al difícil invierno.

La Fundación ha desarrollado un modelo que integra actividades recreativas, educativas y capacitación para el trabajo, que complementan actividades de las comunidades. Los programas refuerzan el tejido social, estrechan lazos de colaboración entre una comunidad y otra, y mejoran las habilidades en algunos oficios. Esta experiencia se replica en otros estados de la República para el desarrollo de poco más de tres mil 500 familias en todo México. De ellas, poco menos de la tercera parte, mil familias, viven en alguna de las comunidades de Chignahuapan.

Este esfuerzo ha sido posible gracias al apoyo del Programa Hábitat de Sedesol, que reconoce el derecho de toda persona de llevar una vida digna, ganarse el pan de cada día con su propio esfuerzo y, además, se pueden reconstruir los vínculos de confianza, solidaridad y convivencia armónica en cada comunidad.

La fundación Luis María Martínez en Chignahuapan opera en dos centros de desarrollo comunitario, uno en operación y otro en construcción. Doña Jobita, como su grupo de mujeres, puede pasar más tiempo cerca de sus hijos, comen mejor y tienen un mejor desempeño escolar, pues el trabajo lo tiene en casa.

Estas transformaciones que se traducen en mejor calidad de vida pueden ser para muchas otras familias.


Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=692430

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