martes, 4 de septiembre de 2012

El “desarrollo” no ha servido

Fernando López Anaya.

Martin Heidegger, en su Carta al humanismo, explica cómo los antiguos griegos no tenían necesidad de pensar la realidad con alguna clase de prejuicios, restricciones ni acotaciones, tampoco había la necesidad de que sus ideas tuvieran una especie de certificación o aval para que fueran aceptadas. Para Heidegger, era la época más grande porque era el punto originario del pensar, pues apareció como un servicio para actuar.

Octavio Paz, en su prólogo a Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castañeda, en relación a los que tratan de difundir su pensamiento, dice que más vale ser desconocido que mal conocido, y añade: la mucha luz es como la mucha sombra, no deja ver, haciendo énfasis en que el afán de dar a conocer y difundir ideas integra una dinámica de degradación del pensar, pues se encuentra atado a la aceptación de los destinatarios.

Actualmente, cuando emitimos alguna idea sobre algo, tenemos que hacer que nuestro lenguaje tenga elementos técnicos, que se base en argumentaciones “científicas” y que las instituciones que administran “el saber” lo avalen para que forme parte del universo de los discursos formalmente aceptados. Aún, los autodenominados libre pensadores buscan  frecuentemente la aceptación de los disidentes y los rebeldes, esto parece que ya no los puede hacer tan libres.

Michel Foucault en su obra La Arqueología del Saber, nos remite al “orden” que le dan los historiadores al desarrollo del conocimiento en una continuidad cronológica. Foucault trata de la necesidad de analizar el saber en la ruptura, la discontinuidad, pues esta manera de abordaje descubre una serie de elementos y actores que administran el saber generalmente aceptado, según los intereses del ejercicio del poder.

Hace falta una nueva imaginación para volver a pensar todo desde menos paradigmas, sin prejuicios, sin que se dé algo por hecho, y evitar lo que los franceses suelen decir: “científico” ergo “discutible”.

Heidegger aboga, en su Carta sobre el humanismo, por un pensamiento libre, incluso de la lógica, de la gramática… Esta ruptura del pensamiento con estos títulos no necesariamente se traduce a favor de lo ilógico. Bajo esta encomienda, también los títulos de “ciencia”, “humanismo”, “desarrollo”, tal y como los tenemos elaborados pueden ser no necesarios para encaminarnos a nuevas formas de discusión, un tanto parecidas al punto originario del pensar. En este sentido, avanzar es regresar al principio.

En esta invitación de repensar la realidad, considero que necesitamos formas distintas de entender el “desarrollo”, concepto con el que se agrupan las distintas iniciativas políticas, estratégicas y programáticas que tienen por objetivo el desenvolvimiento, la actualización de potencias, el crecimiento y el combate a la pobreza.

Resulta complejo apuntar a un modelo teórico vigente del desarrollo, más aún, tenemos varias teorías que tienen rasgos comunes. Isaac Enríquez Pérez en su obra La construcción social de las teorías del desarrollo, señala algunos:

a) la interpretación de la dinámica histórica y estructural del capitalismo.

b) la comprensión de la organización y gestión del proceso de producción.

c) La explicación del proceso económico y del proceso de distribución, y el planteamiento de pautas normativas –preñadas de una ética determinada- relativas a la redistribución de la riqueza y al mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones.

d) El análisis del papel del Estado en la modelación de la sociedad y la función de las instituciones en el fomento del proceso de desarrollo.

e) La identificación y el análisis de los actores, agentes y organizaciones que intervienen en el proceso de desarrollo, así como la interpretación del sentido de las decisiones y las relaciones de poder que se gestan entre ellos y en la asignación de los recursos.

f) La construcción de conceptos y categorías sobre la naturaleza del proceso de desarrollo a partir de la esfera o ámbito de la realidad social y económica que son asumidos como prioritarios en la investigación.

Se suele decir que lo más práctico es tener una buena teoría o un buen plan para la acción. Considero que podemos asumir una actitud de olvido de lo que hemos aprendido para emprender nuevas experiencias que logren transformar más eficazmente la realidad, sin temores ni prejuicios, con la única convicción de pensar en libertad.

Urge liberarnos de la plataforma de pensamiento que no ha estado al servicio del actuar, pues los resultados que se constatan son brechas abismales entre las mayorías pobres y las élites inmensamente ricas. En todo caso, necesitamos una nueva imaginación para repensar la forma en la que podamos construir sociedades más igualitarias, donde existan más oportunidades para todos, y un mundo en el que la realidad humana no sea una frase vacía sino una realidad tangible.

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