lunes, 17 de septiembre de 2012

La bondad de un manual

Fernando López Anaya.

En un artículo anterior, mencioné que, muchas veces, la actitud de seguir al pie de la letra ciertos manuales que dan recetas, fórmulas y pasos mecánicos, pueden   matar la creatividad de las personas, pues no incentivan el espíritu de investigación, de reflexión y de experimentación personal.

También es cierto que los manuales son necesarios y en ocasiones indispensables para enseñar los pasos de una operación “manual”, sobre todo aquéllas que requieren más de la práctica que de la reflexión.

Por eso, ciertas organizaciones de la sociedad civil, con mucho tino, elaboran manuales en los que documentan su experiencia y muestran las bondades de una determinada técnica para que otros las aprendan y las puedan poner en práctica.
Tal es el caso, por ejemplo, de la producción de hortalizas y hongos comestibles a pequeña escala para solucionar casi de inmediato la pobreza alimentaria de varias familias.  

Esta experiencia, de producción de alimentos a pequeña escala, se tiene que multiplicar y perfeccionar, pues mientras padecemos a nivel mundial una crisis alimentaria, muchas organizaciones de la sociedad civil ya están ayudando a que la gente que padece hambre produzca de manera sencilla sus alimentos.

Según el índice FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en 2008 los precios de los alimentos alcanzaron su nivel más alto en casi 30 años. En conjugación con la desaceleración económica, esta situación ha llevado a más de 100 millones de personas en el mundo a padecer hambre crónica. La FAO también señaló que en octubre de 2011 los precios descendieron a su nivel más bajo en los últimos once meses. Sin embargo, en general los precios permanecen más altos que el año pasado y existen datos de que los alimentos, sobre todo los básicos, subirán de precio, sea por cosechas que se perdieron, sea por los combustibles que provienen de granos, sea por especulación.

Organizaciones de la sociedad civil actúan de manera proactiva enseñando técnicas sencillas de producción de alimentos. Y además, documentan y sistematizan procesos de producción ya probados, el grueso de la población accede a esos manuales para eficientar su producción, ya sea para hacer ropa, zapatos, cultivar alimentos, elaborar conservas o abono orgánico.

Si las organizaciones de la sociedad civil no existieran, tendríamos que inventarlas, pues son un acicate para la creatividad y la innovación desde la lógica de la solidaridad, la ayuda mutua y la subsidiaridad. Por eso, pueden responder a necesidades reales con respuestas concretas y eficaces.

Mi crítica a los manuales se ubica en un contexto diferente, es decir, es una crítica a la demagogia que impide pensar y asumir la responsabilidad de nuestra propia vida. Ese es el caso de ciertos manuales que ofrecen, y hasta prometen, que en 5 pasos se puede ser feliz o uno puede dejar adicciones o aprender a orar…la vida del ser humano es más compleja y supone siempre el uso de la inteligencia y la libertad.  Por eso, los manuales demagógicos no deberíamos asumirlos acríticamente, en cambio los que enseñan técnicas y procesos prácticos, sí.   

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