sábado, 15 de septiembre de 2012

Los bancos de alimentos

Manuel Gómez Granados.
Sábado 15 de septiembre de 2012.
Excelsior.

Idealmente, todo ser humano, por el sólo hecho de ser persona, tiene derecho a la alimentación. Idealmente, no debería haber personas con hambre o que dependan de la caridad para poder comer. Todo ser humano debería tener garantizado un mínimo vital, pero no es así, y la verdad es que hay muchos mexicanos con hambre y quizás el día de hoy sólo podrán disponer de poco alimento o de nada.

En México utilizamos la expresión pobreza alimentaria para referirnos a quienes tienen ingresos insuficientes para adquirir la canasta básica de alimentos. El último informe del actual gobierno señala que en 2006 se encontraban en pobreza alimentaria 13.8% de los mexicanos, es decir, 14 millones 743 mil personas; que afectaba a dos millones 876 mil familias.

La pobreza alimentaria alcanzó en 2010 a 18.8% de la población, equivalente a poco más de 21 millones de personas, casi cuatro millones 300 mil hogares. Dicho de otro modo, uno de cada cinco mexicanos no tiene los recursos suficientes para adquirir alimentos.

Muchos hablan de la necesidad de generar empleos para que las personas tengan un ingreso digno que garantice su alimentación. Otros denuncian la injusta desigualdad y la falta de oportunidades. Muchos claman por un mundo más justo. Sin embargo, mientras llegamos a ese ideal, es necesario alimentar al que tiene hambre, pues si no lo alimentamos, lo matamos.

Los Bancos de Alimentos, desde hace muchos años, hacen una labor fecunda. Acopian comida con vida útil, pero cercana a su fecha de caducidad, en mercados, supermercados y restaurantes y la distribuyen entre las personas que más la necesitan.

Su labor es meritoria, aunque en algunos círculos genera polémicas porque en su trabajo no siempre logran unir dos premisas fundamentales: dar de comer al hambriento y enseñar al que no sabe a ganarse el sustento. Otras personas han manifestado su inconformidad y denuncian que este tipo de acciones retardan la toma de conciencia crítica, sirven para lavar conciencias, se prestan a argucias fiscales para deducir impuestos por parte de los donantes e indirectamente ayudan a los gobiernos para que el pueblo no exija sus derechos. No hay duda de que llevan parte de razón, pero "mientras yerba crece, burro muere".

Idealmente, hay que dar el pescado al que tiene hambre y también enseñarlo a pescar, ayudarlo a que tenga su propia caña de pescar, garantizarle acceso al río donde pueda pescar y capacitarlo para que pueda comercializar su producto. Pero en tanto no haya cambios estructurales, sin estas instituciones, millones de personas vivirían una realidad más difícil y dolorosa.

Por ejemplo, en municipios como Chignahuapan, Puebla, el Banco de Alimentos del estado (http://bancodealimentospuebla.wordpress.com/) ofrece despensas semanales para más de 600 familias, y en el país también apoyan a orfanatos, asilos, refugios para migrantes y comedores populares, entre otros.

Es por ello que este 20 de octubre la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos realizará su décima campaña anual "Por un México sin hambre", donde difundirá información de los servicios que ofrece por todo el país y formas de donación de alimentos; para que conozcamos mayores detalles de su trabajo, se puede consultar la página web http://bit.ly/DirAMBA.

Los bancos de alimentos realizan una tarea titánica, con pocos recursos y sin suficientes incentivos. Hay 21 millones de mexicanos que requieren de su ayuda, no los dejemos solos.

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=859177#.UFSUwvrMnuM.email

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