viernes, 14 de septiembre de 2012

Prohibidos los manuales


Fernando López Anaya.

En la producción editorial es frecuente que nos encontremos todo tipo de manuales, para elaborar ropa, muebles, alimentos; incluso, en el ámbito personal y afectivo, también tienen demanda títulos que dan recetas, como por ejemplo, 5 pasos para ser feliz, Cómo conseguir novio en 3 pasos. Parece que el modelo de administración del conocimiento que autoriza y descalifica discursos nos acostumbró a consumir una visión digerida del mundo, pensada, interpretada.

Tenemos ahorrada la tarea de pensar, porque existen recetarios para todo, y lo mismo nos puede parecer el trabajo de una organización de la sociedad civil que el de una empresa, pues para muchos, la única diferencia puede ser el cambio de lectura de un manual a otro. Tenemos manuales para la gestión de organizaciones de la sociedad civil, para campañas de recaudación de fondos, para elaboración de proyectos…

Entonces, tenemos comedores de manuales que hacen y siguen al pie de la letra lo que un manual les dicta. Es por ello que tenemos organizaciones que hacen lo mismo, que se pelean por hacer lo mismo, y no se diferencian unas de otras; incluso, quieren gestionar y operar como si fueran programas sociales del gobierno. Lo peor viene cuando confunden el manual de gestión de osc por el de empresa, es entonces cuando la organización quiere tener parámetros de productividad a gran escala como una empresa, y llega al extremo de buscar mayores rendimientos sin importarle los medios y los costos.

Es por ello que las organizaciones de la sociedad civil pierden de vista las oportunidades que existen cuando se trabaja desde la persona, desde una comunidad específica, pierden el valor de la producción a pequeña escala pero que soluciona grandes problemas para los que no entran en los sistemas de producción masiva; se pierden de vista las inquietudes culturales y creativas de los pueblos porque demandan recursos y ofrecen bienes que no pueden acomodarse a los estándares de calidad de las grandes industrias.

Si una organización comienza a trabajar desde las soluciones sencillas, desde las comunidades más lejanas, pequeñas y olvidadas, desde las manifestaciones culturales y creativas más caprichosas, desde la escases y la precariedad, pero también desde la libertad que le hace estar ligera de equipaje, se comienza a diferenciar de una empresa, del gobierno, de otras organizaciones, cobra identidad y se convierte en un referente obligado.

Es entonces cuando la organización tiene un camino que recorrer, cobra luz propia. Comienza a tener seguidores que investigan lo que hace, leen lo que escribe… Aquí es cuando la organización crece, se expande, existe la necesidad de sistematizar, hasta el punto de crear manuales de operación. Pero existe el riesgo de emborracharse en la sobre estructuración y matar la creatividad que impulsa para ser grande.

El reto para una organización de la sociedad civil es ser grande sin dejar de ser pequeña. Ser creativa y reinventar el mundo sin decirles a los demás cómo tienen que trabajar. Escribir mucho sobre sus ideas pero sin escribir manuales.

¿Usted qué opina?

 

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