sábado, 13 de octubre de 2012

Decepcionados con la democracia


Manuel Gómez Granados.
Excelsior.
Sábado 13 de octubre de 2012.


Desde que inició la ola de transiciones a la democracia en América Latina (AL), a principios de los ochenta, distintos estudios, como Latinobarómetro (http://bit.ly/latinobarometro), se han ocupado de medir qué tan satisfechos están los ciudadanos con sus respectivas democracias. Algunos de esos estudios incluyen preguntas que tratan de medir qué tan dispuestos estamos en AL a regresar a formas de gobierno autoritarias o dictatoriales. El común denominador de estos estudios es un creciente desencanto con la manera en que la democracia funciona, una cierta nostalgia con los gobiernos autoritarios o incluso con las dictaduras.


Según Latinobarómetro, de 18 países de AL, sólo en cuatro naciones creció (Paraguay, Argentina, Uruguay y República Dominicana), entre 2010 y 2011, la proporción de personas que apoyan a la democracia. Cuando se publiquen los datos para 2012, en diciembre, habrá que ver qué ocurrió con Paraguay, que recién vivió una severa crisis institucional, cuando el Congreso destituyó al presidente Fernando Lugo, aunque ya es posible conocer algunos detalles del efecto inmediato que tuvo esa decisión en el ánimo de los paraguayos en un estudio que Latinobarómetro publicó el 27 de junio de este año.

En el resto de AL la democracia perdió apoyo entre uno por ciento (Panamá) y hasta diez por ciento (Guatemala). Y, como lo hace ver el citado estudio, el apoyo a la democracia no depende del crecimiento del PIB. Hay países cuyo PIB creció mucho, como Venezuela (5.8% más entre 2010 y 2011) y, aún así, la convicción democrática cayó nueve por ciento, mientras que en Paraguay el PIB cayó 9.3%, pero el apoyo a la democracia creció cinco por ciento en el mismo periodo.

En un estudio para México, la encuestadora Parametría (http://bit.ly/AprecioDemoMexico) da a conocer que en términos de apoyo a la democracia en los últimos 12 años, no hay avances. En 2000, 47% de los mexicanos creían que no éramos una democracia y en abril de 2012, 40% pensaba lo mismo. En 2006, 51% considerábamos que en México había instituciones fuertes y, seis años después, sólo 32% lo cree. En mayo de 2009, 33% creía que se necesitaba un “gobierno de mano dura” y en abril de 2012 la cifra era de 49%.

De acuerdo con Latinobarómetro, la insatisfacción de la democracia en AL está asociada con dos problemas: sólo 20% cree que la distribución del ingreso es justa y 26% considera que se gobierna “para el bien de todos”.

En México es peor: sólo 15% cree que la distribución del ingreso es justa y 17% supone que se gobierna “para el bien de todos”. Este último índice se relaciona también con el hecho de que 55% de los mexicanos considera que “falta reducir la corrupción” y 36% considera que “falta aumentar la transparencia”. Por ello, al calificar qué tan democrático es nuestro país, con 5.9 de diez puntos posibles, aparecemos por debajo del promedio de AL, que es de 6.4.

Nuestras democracias sufren por la corrupción y están ayunas de transparencia. Eso explica que en México, los 12 años de gobiernos democráticamente elegidos hayan dejado mal sabor de boca y en muchas personas hartazgo y frustración. Si el gobierno entrante quiere aumentar la confianza en la democracia, debería tener claro que no es sólo un problema de crecimiento económico. Hay una marcada percepción de inequidad, de desequilibrio en la distribución del ingreso, además de la violencia, la pobreza y el desempleo, y pocos consideran que los intereses de la mayoría se toman en cuenta a la hora de decidir.

*Analista
manuelggranados@gmail.com
Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=184&id_nota=864117

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