domingo, 7 de octubre de 2012

El coronel y el ruso en el Orinoco

Manuel Gómez Granados.La Crónica de Hoy.Domingo 7 de octubre de 2012. Hoy acude a las urnas para decidir entre la continuidad del de 14 años del coronel Hugo Chávez, y la posible llegada de Henrique Capriles Radonski, a quienes algunos llaman El , aunque en estricto sentido su apellido materno sea de origen polaco.

Chávez —a pesar de sus errores— uno de los experimentos políticos más exitosos en América en los últimos 50 años. No en cuanto a los resultados de su gestión, marcada por la corrupción y los excesos de todo , sino porque sabe hablarle al corazón de un pueblo que ha sido engañado muchas veces y que vio cómo la democracia más rica de América Latina se hundió en la pesadilla del “carachazo” y el retorno de los golpes de .

Desde la derecha, la alternancia con un personaje como Capriles resulta muy atractiva. Es un hombre joven, que apenas acaba de cumplir 40 años, no hay en su propuesta nada radical. Su familia ha sido exitosa en los negocios privados, pero él mismo no es un empresario metido a la política. Su carrera inicia desde la política . Ha sido alcalde, legislador y gobernador. Ha padecido cárcel, y en su pasado familiar están presentes tanto la experiencia de la migración y la persecución hasta su profunda conversión personal al catolicismo.

Capriles representa las aspiraciones de una mejor Venezuela, y lo hace con un ánimo que entusiasma incluso a sus adversarios. Sin embargo, no es posible perder de vista que Chávez llegó a la presidencia como resultado del fracaso de la democracia venezolana que, a pesar de la riqueza petrolera sin precedentes que disfrutó, fue incapaz de educar a todos sus habitantes para ser ciudadanos plenos, responsables, participativos.

No está de más recordar que Venezuela ha tenido un ingreso petrolero ligeramente superior al mexicano, pero con menos de una cuarta parte de nuestra población y, a pesar de ello, el Índice de Desarrollo Humano venezolano es menor al mexicano.

La riqueza petrolera no bastó, ni antes ni durante los gobiernos de Chávez, para construir una democracia estable, sensata. Ocurrió lo contrario. El ingreso petrolero hizo de Venezuela el paraíso de la corrupción. El cogollo, como le llaman allá, se convirtió en un deporte nacional del que se tenía que ser muy estúpido o muy virtuoso para no participar. Sin importar qué tan monstruosas nos puedan parecer las políticas desarrolladas por Chávez en los últimos 14 años, hay que recordar que las de Acción Democrática y el COPEI, en cierto momento fueron peores y por eso pavimentaron la llegada de Chávez a la presidencia venezolana.

Capriles representa una promesa de mejora, de reforma sin estridencias, sin excesos, sin rencores; no sólo por lo que señala la plataforma que defiende, sino porque la vida de su familia ha estado marcada por el dolor del pogromo, el campo de concentración y la persecución. Por eso, incluso el chavismo le reconoce méritos a Capriles. Las encuestas, como nos ocurrió en México, no son una guía confiable de lo que podría ocurrir hoy mismo.

Algo que es importante, gane quien gane, es que la democracia en América Latina en los últimos 30 años sufre porque construimos demasiadas expectativas en torno a los líderes. Todavía hay muchos que creen que más que buenas instituciones y buenas prácticas necesitamos al líder carismático que nos rescate de otro líder carismático que se volvió loco en el ejercicio del poder.

Le apostamos demasiado a que los políticos actúen como redentores, como mesías. Dado que es muy difícil cumplir con el papel de redentor, nos decepcionamos de los políticos y, tristemente, de la política. Es la historia de Raúl Alfonsín o Carlos Menem en Argentina, de Alan García o Alberto Fujimori en Perú o de Abdalá Bucaram o Rafael Correa en Ecuador.

Capriles podría dar un campanazo sin precedentes. Si lo hace, y ojalá lo haga, sería necesario que comprenda que no todo puede depender de él. A Venezuela no le han faltado personas dignas y nobles en la presidencia. Tuvo la suerte de ser gobernada en dos periodos por don Rafael Caldera, caballero sabio, honesto y digno, como los ha habido en la historia de Venezuela y de América Latina. Pero los individuos aislados no construyen democracias. Se necesita de organizaciones civiles y partidos políticos que las nutran y sostengan. Si Capriles gana, esa tendrá que ser su primera preocupación. Y si Capriles, El Ruso, no gana, esa tendrá que ser también su primera preocupación: reconstruir la sociedad civil y desde ella, la democracia que Venezuela necesita.


manuelggranados@gmail.com



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