domingo, 16 de diciembre de 2012

La autoridad de Xochimilco

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 17 de diciembre de 2012.

En México tenemos una capacidad asombrosa para llegar tarde a las citas con el destino.

La Supervía o Autopista Urbana es un ejemplo de ello. La Ciudad de México se sumó a esa tendencia cuando los padres de esas políticas, los gobiernos municipales de Estados Unidos, ya dejaron de promoverlas e incluso, como en New Haven, Connecticut, las cerraron por sus efectos negativos (http://bit.ly/NewHavenCierraSupervia). Y no es sólo New Haven; incluso la ciudad de Nueva York ha empezado a cerrar ya una de esas autopistas urbanas (http://bit.ly/12ciudadeseliminansupervias). Sólo en México y, de manera más específica en la ciudad de México, se adoptan algunas políticas que han demostrado su ineficacia y caducidad en otras ciudades.

Por supuesto, no todas las decisiones son así. Una de las primeras decisiones del nuevo jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, fue instituir la Autoridad de la Zona Patrimonial de Xochimilco. Al frente de esta nueva entidad, que involucra territorio de tres delegaciones (Xochimilco, Milpa Alta, Tláhuac), nombró al antropólogo Gustavo Cabrera.

La idea de crear una autoridad que, de alguna manera pueda hacer lo que las delegaciones no pueden (o no quieren) hacer no es nueva tampoco. Incluso, ya se ha aplicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Hay quienes estiman que la Autoridad del Centro Histórico, que involucra territorio de las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, ayudan resolver más fácilmente algunos problemas de coordinación institucional, aunque para eso se supone que existe un gobierno central. También, hay quienes ven muchas cosas que no se hacen o están pendientes en el primer cuadro de la Ciudad porque, dicen, existen dificultades en la coordinación. Es notable que muy cerca de las inmediaciones de la estación Juárez de la Línea 3 del Metro, sobre la calle de Artículo 123, se han asentado desde hace algunos años personas conocidas como los “sin techo”; mexicanos que esperan, con la paciencia que sólo la desesperanza les puede dar, a que en el más antiguo edificio de la YWCA, que está muy cerca de la estación del Metro, las almas caritativas de esta asociación les den de comer.

A pesar de esos riegos, saludamos la iniciativa de una autoridad de la Zona Patrimonial de Xochimilco, conscientes de que los problemas de esa región requieren mayor coordinación, inversión y voluntad política, pues no basta coordinar a tres delegaciones del DF. Sería necesario involucrar al gobierno federal y a algunos municipios mexiquenses, pues el antiguo lago de Xochimilco llegaba hasta Chalco en el Estado de México.

Es claro que el antropólogo Cabrera no podrá —aunque quisiera— restaurar la grandeza de aquellos lagos que alimentaban a la Ciudad, evitaban inundaciones y daños por los sismos, y mantenían el clima que conocieron
nuestros tatarabuelos. Lo que tendría que garantizarse es que los remanentes del antiguo Lago, los canales que todavía son navegables en medio de basura y heces, así como el Parque Ecológico de Xochimilco, efectivamente se limpiaran y conservaran. Para ello no hay otra medicina posible que devolver a Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta, Chalco, Ixtapaluca, entre otras demarcaciones del DF y el Estado de México, la vocación agrícola que tuvieron hasta los años 30, cuando los proyectos de “embellecimiento” de la Ciudad desecaron lagos y entubaron ríos.

Cualquier proyecto que no haga rentable los usos agropecuarios del suelo, sólo acelerará la extinción de los canales y nos pondrá en mayor peligro de inundaciones y daños por sismos al valle de Anahuac.

Hasta el momento no está resuelto el problema de fondo, que es la lucha entre quienes buscan preservar la vocación agropecuaria del suroriente de Anahuac y quienes tratan de urbanizarlo. Mientras tanto, esa zona se empobrece y sus habitantes padecen marginación.

Las primeras declaraciones del antropólogo Cabrera son esperanzadoras. Rechaza los proyectos “megalomaniacos”, como la creación de un acuario y un museo que topó con la pared del enojo de los habitantes de Xochimilco, pero todavía no queda claro qué se hará en concreto para evitar lo que —de seguir las cosas como van— apunta a ser un suicidio colectivo.

El antropólogo Cabrera, quien tiene experiencia de trabajo en las zonas rurales del DF, ha dicho que las inversiones privadas deberán comprometerse con la conservación. Es difícil encontrar, incluso a escala mundial, ejemplos del sector privado que inviertan para conservar, recuperar o rescatar territorios, pero si Cabrera y Mancera logran convencerlos, será algo muy valioso para todos, pues los efectos de la recuperación de la zona beneficiarán a toda la ciudad. Por lo pronto esta nueva autoridad y su fideicomiso son una esperanza para esa zona.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=715983 

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