domingo, 30 de diciembre de 2012

¿Menos racistas?, ¿por qué no?

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 30 de diciembre de 2012.

México ha sido, históricamente, un país que expulsa población. Poco más del diez por ciento del total de nuestra población vive en Estados Unidos. Son aquellos que, entre nuestros marginados, buscaron salir adelante en medio de muchas dificultades, a veces con más audacia que recursos a su alcance.

Sin embargo, México también ha sido —históricamente— un país hospitalario que recibe población de otras naciones. Ya desde el primer contacto con España y el resto de Europa a principios del siglo XVI, México acogió a soñadores y buscafortunas de todo tipo. Algunos fecundaron con sus contribuciones a México y lo que ahora es América Latina. Otros más, simplemente, hicieron fortuna y se fueron.

Incluso, durante el siglo XIX, cuando México se desgarraba por los conflictos internos y las sucesivas intervenciones de ingleses, estadunidenses y franceses, mantuvo sus puertas abiertas a migrantes que deseaban construir su futuro en nuestro país.

Desde finales del XIX y hasta mediados del XX recibimos oleadas de migrantes de Oriente Medio, Japón, Europa oriental y España. Todos, de una manera u otra, encontraron acomodo en una sociedad que, en medio de sus contradicciones, supo ser generosa con ellos. En los setenta, cuando América Latina se convirtió en un carrusel de dictaduras y guerrillas, México recibió a migrantes de todo el continente. Se acogió a argentinos perseguidos por Videla, chilenos acosados por Pinochet y a guatemaltecos y salvadoreños presos entre el fuego cruzado de las guerras civiles de sus países.

Por eso, no sorprende que ahora, cuando España vive las horas más difíciles de su historia desde el final de la Guerra Civil de los treinta, españoles de todo tipo vengan a México y encuentren las oportunidades que su país no les ofrece. Pero, ¿sería demasiado pedir a nuestras autoridades que evitemos caer en el racismo que tanto daño nos hace? ¿Por qué solamente se da oportunidad a jóvenes españoles para probar fortuna en México? ¿Por qué se discrimina sistemáticamente a hondureños, salvadoreños o guatemaltecos que tratan de cruzar por México para llegar a Estados Unidos?

Decía con toda la razón Mauricio González de la Garza, en los setenta, que México es un país “racista, clasista y aristocratizante”, y en pocas cosas una afirmación así es tan cierta como en el caso de la migración de otros países a México. Ser así nos obliga a pagar un precio muy alto. Algunos de los extranjeros rápidamente se dan cuenta de lo racistas y clasistas que somos y lo aprovechan para su beneficio. Lejos de honrar y respetar al país que los recibe, algunos de los jóvenes españoles recién llegados se mofan y critican todo, sin contribuir en nada a mejorar la realidad. Crean sus propios espacios de convivencia, como guetos, sólo se reúnen entre ellos y su pasatiempo es criticar a nuestro país. Seguramente tienen razón en muchas de sus críticas, pero el hecho es que sólo nos utilizan como un escalón para lograr sus fines.

Paul Claudel decía: “el orden es el placer de la razón; el desorden, las delicias de la imaginación”, y nosotros nos parecemos más a lo segundo. Mucho ayudaría que nuestras actitudes cambiaran y nos reconociéramos como un país multirracial y multicultural, y que lejos de dar preferencias reconociéramos la igual dignidad de todo ser humano.

También ayudaría que las autoridades protegieran efectivamente a quienes ofrecen refugio a migrantes indocumentados: son indocumentados, no criminales; que no se permitiera el cierre de albergues de migrantes por temores infundados, ni la impunidad ni la corrupción de los cada vez más engorrosos procesos migratorios.

El premio que recientemente se otorgó a Alejandro Solalinde por su defensa de los derechos humanos de los migrantes mexicanos y de otros países tendría que ser visto no como el reconocimiento a una persona. Solalinde refiere repetidamente que, con él, miles de personas luchan todos los días para evitar los abusos contra los más indefensos.

México sólo podrá dejar de ser esa sociedad “racista, clasista y aristocratizante” cuando seamos capaces de vernos en el espejo de nuestra propia condición vulnerable, frágil, y dejemos de añorar un “pedigrí” en Europa. No se necesita demasiado. Basta ser honestos con nosotros mismos. Aceptar, por ejemplo, que las remesas que envían los migrantes mexicanos en EU son una fuente fundamental de ingresos para nuestro país, dejar de pensar en que estamos más cerca de Europa que de América Central y reconocernos en el sufrimiento de quienes pasan por nuestras tierras. Vale la pena considerarlo en nuestros propósitos para el próximo año. Feliz 2013.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=719079



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