sábado, 22 de diciembre de 2012

“Para que coman mis hijos, hago lo que sea”


Excelsior.
Sábado 22 de Diciembre de 2012.
Manuel Gómez Granados.




El viernes pasado, un Notario Público, una senadora, dos diputados, algunos funcionarios públicos y ciudadanos de a pie tuvimos oportunidad de visitar en Chignahuapan, Puebla, a cuatro grupos de 12 mujeres cada uno, organizadas para producir alimentos.

Son mujeres que recibieron recursos del programa Opciones Productivas de Sedesol y viven en áreas de alta marginación, como Toltempan, Acoculco, Tzitla, Tenancingo. Los grupos los encabezan mujeres que han vivido toda su vida allí, como Balbina Lira Téllez, Edith Sánchez Bernardino, María Efigenia Vázquez Romero y Lucila Domínguez Téllez.

Con los recursos y la capacitación que recibieron construyeron micro invernaderos que integran una serie de tecnologías simples y novedosas para producir de manera intensiva hortalizas orgánicas y hongos comestibles.

Al dedicar parte de su tiempo a estos proyectos, las mujeres completan los modestos ingresos de sus maridos y llevan alimento a sus casas, lo que —en estricto sentido— no es nuevo. Lo han hecho desde hace muchos años. La diferencia es que antes tenían que buscar ropa ajena para lavar, vender o elaborar esferas o trabajar en casas particulares como sirvientas.

Hacerlo las obligaba a recorrer grandes distancias, gastar en pasajes y dejar solos a sus hijos pequeños. Como resultado, no estaban al pendiente del rendimiento escolar de sus pequeños y los exponían a distintos peligros. Algunas de ellas comentaron que sus esposos se habían ido a Estados Unidos y a veces mandaban dinero, pero no siempre.

Con esta oportunidad para trabajar y producir alimentos en sus casas, 48 familias encontraron una nueva esperanza y quizás la solución para algunos de sus problemas. Para lograrlo, contaron con el apoyo de Sedesol, pero enfrentaron algunos obstáculos: como el complejo llenado de cuestionarios; algunos funcionarios prepotentes que las asustaron diciéndoles que si las facturas no estaban bien hechas irían a la cárcel o que tenían que comprar los productos e insumos con el proveedor que él les indicara. Y tratar de responder a preguntas de evaluadores como: “¿Cuál fue la estrategia del curso que les dieron?”.

Otros problemas fueron técnicos, nunca habían producido en invernaderos ni sabían producir hortalizas y hongos comestibles, pero no se detuvieron. Rosa, una de las integrantes de esos proyectos, nos dijo: “para que coman mis hijos, hago lo que sea, me enfrento a quien sea y aprendo lo que sea necesario”.

El año próximo podrán producir hasta 32 mil plántulas y hasta 300 kg. de hongos en cada ciclo. Una parte de lo que produzcan será para alimentar a sus familias y otra, para venderla y obtener algunos ingresos. No es la solución, pero sí un paso adelante.

El presidente Enrique Peña anunció que en febrero iniciará la Cruzada Nacional Contra el Hambre, y resulta muy oportuna pues, entre 22 y 26 millones de mexicanos padecen hambre.

Aumentar los fondos para programas sociales, dar despensas o crear nuevas ayudas es una tentación permanente, pero no hay recursos que alcancen si no impulsamos a los pobres para que produzcan sus propios alimentos. No puede haber desarrollo sino elevamos la autoestima de los mexicanos y logramos que, en principio, cada quien se gane el pan con el sudor de su frente. Para lograrlo, es importante que programas exitosos continúen y que estén bajo la estricta mirada de una Comisión Nacional Anticorrupción eficaz, que destierre vicios y abusos.

Feliz Navidad.

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=876129

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