sábado, 19 de enero de 2013

El cuarto lustro de Chávez

Manuel Gómez Granados.
Excelsior.
Sábado 19 de enero de 2013.


Contra todos los pronósticos, Hugo Chávez fue capaz de encontrar una pequeña rendija que le permitiera continuar, a control remoto desde La Habana, Cuba, como líder de Venezuela. El argumento que usaron sus leales en Caracas, hubiera sido rechazado prácticamente por cualquier otro país de régimen presidencial, pues implica crear una especie de paréntesis en el que Nicolás Maduro, vicepresidente de Chávez, asume los poderes del jefe de Estado, pero que no afecta al periodo para el que Chávez fue elegido a finales del año pasado.
No se sabe cómo logró hacerlo, entre otras razones, porque cuando se trata de Hugo Chávez hay pocas certezas jurídicas. Maduro puede decir muchas cosas, como que Chávez se está recuperando, pero hay desconfianza en los reportes de salud por ser contradictorios. Desde la campaña presidencial, muchos hablaban de una situación muy grave. Tan grave, que se dijo que para ser candidato, Chávez recibió fuertes dosis de esteroides que le han pasado una elevada factura.
Pero si fuéramos generosos con Chávez y olvidáramos las contradicciones tanto en los reportes de salud, como de las razones para crear el paréntesis en el que Maduro es jefe de Estado, es necesario preguntar qué será capaz de lograr en esta nueva etapa de su muy dilatada gestión. Es un hecho que Venezuela se ha apuntado éxitos en el combate a la pobreza. Las cifras que reporta al PNUD hablan de una reducción importante en el número de pobres, que no tendrían porque existir en un país que tiene un poco más de la renta del ingreso petrolero de México, pero sólo la tercera parte de nuestra población.
Es cierto, la pobreza no la creó Chávez. Cuando asumió su primera presidencia en 1999, Venezuela tenía un número francamente absurdo de pobres pero, a lo largo de casi 15 años, los avances son magros y están marcados por una profunda polarización, que no resuelve los problemas de fondo y que ciertamente no son los de la pobreza, sino el síntoma de una enfermedad más grave.
Los problemas clave son la violencia y la desconfianza en las instituciones de la democracia. Esos fueron los problemas que la República de Punto Fijo, el experimento político vigente entre 1959 y 1999, no resolvió a pesar de la riqueza petrolera, pero que Chávez tampoco ha resuelto y que, de hecho, se han agravado por la retórica de confrontación del chavismo.
No han faltado ideas. La política de subsidios generalizados a los combustibles fue una de ellas, pero lejos de resolverlos, los agravó. Así, aunque en algunas regiones de Venezuela, la gasolina es muy barata, no se ha alentado la industrialización. Eso, como en el caso de la pobreza, no es culpa sólo de Chávez, pues Venezuela carecía de una política industrial antes de su llegada, pero su política de nacionalizaciones tampoco ha resuelto esta carencia y ahora es más difícil encontrar inversiones. El déficit fiscal cercano a 20% del PIB parece una bomba de tiempo, lo mismo que el mercado de divisas, el desempleo, la deuda externa y un largo etcétera. El precio que Venezuela ha pagado es el de una creciente polarización que la regresó a la era del caudillismo.
Si Chávez en realidad piensa en el bienestar de su pueblo, tendría que consolidar algunos de los proyectos que inició en 1999 y dar pasos concretos hacia la democracia, especialmente facilitar una era de menor polarización, de mayor confianza y menor violencia. Ojalá la pausa en La Habana le permita encontrar el camino para ello.
*Analista
manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.excelsior.com.mx/2013/01/19/manuel-gomez-granados/880097

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