domingo, 6 de enero de 2013

Las remesas y el futuro del país

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 6 de enero de 2013.

El 3 de enero, cuando México apenas se despertaba de las fiestas de fin e inicio de año, recibimos una mala noticia. No nos tomó por sorpresa, ya que es una tendencia que inició en junio de 2012 y para la cual, como en muchas otras cosas, no estamos del todo preparados.

La noticia fue el reporte de que, entre noviembre de 2011 y noviembre de 2012, las remesas que envían los migrantes se redujeron en cinco . Es decir, en noviembre de 2012 sólo se recibieron mil 695 millones de dólares, lo que representó una caída de 4.6 por ciento respecto de lo que el país recibió el año pasado.

En total, entre enero y noviembre de 2012, México recibió poco más de 20 mil 700 millones de dólares, cifra considerablemente inferior a los 22 mil 800 millones que se recibieron en 2011, por lo que la pérdida de 2011 a 2012 pudiera de 10 por ciento.

Lo que ocurra con las remesas es importante no sólo para las familias que, literalmente, dependen de estos ingresos para sobrevivir. Es importante para regiones enteras que, de manera un tanto ciega, emigran para buscar mejores condiciones de vida, actividad que se ha convertido en una especie de pacto con Satanás: aunque las remesas se han traducido en mejoras para algunas poblaciones rurales, también implican una dolorosa sangría. Implican el desarraigo, la pérdida de capital humano, de capital social, así como la ruptura de los vínculos familiares y comunitarios que dan forma a nuestra cultura.

Es . Las remesas fueron un excelente. De hecho, lo siguen siendo. Los más de 20 mil millones de dólares que los poco más de 10 millones de mexicanos residentes en EU envían a México, hacen de nuestro país el mayor receptor de dinero proveniente de EU, y de los que más recibe de sus expatriados a escala global. Las remesas pasaron de ser casi tres mil 100 millones de dólares en 1990 a siete mil 500 millones en 2000 y, entre 2006 y 2008 rebasaron, tres años de manera consecutiva, los 25 mil millones de dólares al año.

Es ingenuo suponer que podremos regresar a esos niveles. La natalidad se ha reducido en los últimos diez años. La economía de EU, especialmente en los sectores de la del y el agropecuario, están lejos de la dinámica que tuvieron antes y no hay signos de que pronto vayan a regresar a esos niveles.

¿Qué haremos si las remesas continúan con su tendencia a la baja? De acuerdo con datos del Banco Mundial, en 2009, uno de los años de mayores ingresos, las remesas representaron tres por ciento del PIB; fueron equivalentes al 157 por ciento de la inversión extranjera directa; representaron 10 por ciento de los ingresos por concepto de bienes exportados o 142 por ciento de los servicios comerciales exportados. Sobre todo, las remesas representaron 11. 83 por ciento de la inversión pública en desarrollo.

De ahí que cualquier variación en el monto de las remesas sea motivo de preocupación. Como sea, podría haber alguna ventaja en que esta caída ocurra ahora que estamos a punto de iniciar una discusión de fondo sobre el futuro fiscal y hacendario del país, pues podría obligar, si somos sensatos, a que los funcionarios del Ejecutivo y los legisladores asuman con seriedad el reto de legislar para el futuro, y establezcan las condiciones que permitan generar mayores oportunidades para todos.

Esta es una tarea que hemos eludido. Le apostamos a que el precio internacional del petróleo será suficiente para financiar los proyectos faraónicos de los gobernadores, como las ciudades rurales de Chiapas, o que el precio del maíz no subirá demasiado, de modo que descuidamos el campo. Estamos ahora en una situación difícil, en la que el precio del petróleo se ha mantenido relativamente bajo, en la que el precio del maíz se mantiene relativamente alto y en el que las remesas van a la baja. Lo que es más, hay una nueva conciencia acerca de los excesos que han cometido algunos gobernadores supuestamente en nombre del desarrollo. ¿Aprovecharemos la situación y cumpliremos con la tarea?

No es tan difícil. Es cosa de reconocer que las personas y las familias deben estar en el centro de nuestros esfuerzos en materia de desarrollo y que, más que administrar la pobreza, lo que se necesita es detonar procesos de progreso en los ámbitos locales: educar, ayudar a organizar a la comunidad, crear empleos que, antes que otra cosa, produzcan alimentos. La pregunta es, ¿lo haremos?

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=720299

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