domingo, 27 de enero de 2013

Niños migrantes, ¿niños de nadie?

Manuel Gómez Granados.
Domingo 27 de enero de 2013.
La Crónica de Hoy.



Armando vivía en Nuevo León. Para probar fortuna se fue de migrante a Texas. Allá conoció a una mujer norteamericana, se juntó con ella y tuvo tres hijos. En 2010, Armando conducía un taxi y su mujer trabajaba de mesera. Con muchas dificultades mantenían a su familia.

Cuando las autoridades se percataron que era indocumentado, lo detuvieron y deportaron.

Su mujer, ciudadana norteamericana, lo siguió a Monterrey, y durante algún tiempo iba y venía de Estados Unidos a México con los niños. Sin embargo, era adicta a las drogas y sufría inestabilidad emocional.

En febrero del 2012, ella regresó a Texas con sus hijos.

Al mes siguiente fue encarcelada por problemas derivados de su adicción. Las autoridades que protegen a los menores se encargaron de sus hijos y colocaron a los tres en un foster home, un hogar de crianza temporal: Melissa de siete años, Esteban de cuatro y Vanessa de dos.

Hubo que cambiarlos varias veces de hogar, porque no los trataban bien y finalmente los niños estuvieron en diferentes hogares.

Armando se enteró que sus niños podían ser dados en adopción y que su mujer estaba en la cárcel. Como pudo, estableció contacto con la trabajadora social. Le daban pocas esperanzas de recuperarlos, pues sus antecedentes de indocumentado hacían difícil que obtuviera la custodia.

Afortunadamente, existen organizaciones como LACES (www.lacesusa.org), Soporte Extraordinario para Niños Latinoamericanos, que ayudan a que las familias de migrantes, separadas por deportación, cárcel o muerte, se reencuentren. LACES es un puente entre las autoridades y los padres; ofrece servicios de traducción, asesoría jurídica y contacta a los familiares de los niños en los países de origen, entre otros servicios.

En el caso de Armando, una trabajadora social del gobierno de Texas contactó a LACES para pedir ayuda, pues consideró que era un buen padre y que merecía la oportunidad de estar con sus hijos, aunque, por ser ciudadanos de EU, no podían ser deportados. En mayo de 2012, LACES contactó al consulado mexicano y le pidió que le asignaran un abogado con experiencia en casos de reunificación de familias.

Gracias a LACES, Armando ya no estaba solo y tuvo comunicación más fluida con el consulado mexicano y con las autoridades de Texas. Así, pudo satisfacer los engorrosos requisitos y recuperó la custodia de sus hijos. Probó que estaba libre de antecedentes penales, que era capaz de sostener a su familia, que gozaba de buena salud mental, además de que presentó una carta del DIF. En octubre de 2012, las autoridades norteamericanas aceptaron que los niños fueran a radicar con su padre en Monterrey.

Durante el proceso, la mujer de Armando dio a luz a una niña, de diferente padre, que, en el análisis que se le hizo al nacer, resultó positiva por metanfetaminas. Ella trató de impedir la reunificación de los cuatro niños; alegó que eran ciudadanos americanos y que México es un lugar inseguro.

En diciembre pasado, el juez consideró que era posible permitir la reunificación, a condición de no separar a los cuatro hermanos. El 11 de enero de 2013 los niños viajaron a México, luego de casi un año de no ver a su padre. LACES colaboró en el traslado de esos niños, pues los consulados no disponen de recursos para estas acciones.

Existen muchos niños en hogares temporales esperando ser adoptados y las autoridades norteamericanas no contemplan soluciones fuera de su país (abuelos, tíos…) ni están capacitadas para enfrentar estos problemas.

Por eso, recientemente se constituyó en México la organización Enlace AC (www.facebook.com/EnlazandoNinosLatinoamericanosConservandoEsenciaAc), que es la contraparte de LACES.

 El desafío de las migraciones es cada vez más complejo. En EU se habla de 11.5 millones de indocumentados; en 2012: cuatrocientos mil deportados y de ellos, doscientos mil dejan al menos un hijo. Detrás de estas historias y legislaciones en conflicto, se encuentran personas concretas con nombre y rostro.

Urge sensibilizar a los gobiernos, jueces, servidores públicos y abogados puesto que muchos niños no están abandonados, y no deben darse en adopción, sino que sus padres podrían estar en procesos de deportación o en la cárcel; es necesario mejorar los servicios de intérpretes, sensibilizar a las comunidades de migrantes y orientar a las familias; hace falta mejorar los servicios de protección a los menores, reformar las leyes para adecuarlas a la realidad, y preparar abogados para casos como estos. Las comisiones respectivas del Senado y de la Cámara de Diputados ya tomaron cartas en el asunto, pero falta mucho por hacer.

Reconforta encontrar proyectos como LACES-Enlace, que ofrecen servicios concretos a los migrantes que dejan nuestro país por falta de oportunidades.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=725837

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