sábado, 5 de enero de 2013

Queridos Reyes Magos.

Manuel Gómez Granados.
Excelsior.
Sábado 5 enero de 2013.

Queridos Reyes Magos:

No sé qué tan bien me haya portado el año pasado, pero como lo que les pido no tiene que ver conmigo, sino con mi país, les suplico que consideren esta carta.

Así como llevaron oro al niño Jesús, ayúdennos a devolver la paz a México. Los últimos cinco años vivimos una pesadilla con miles de personas muertas o desaparecidas y millones más que viven atemorizadas. El miedo se ha apoderado de regiones enteras en las que grupos criminales exigen dinero a cuenta de “protección”, los policías renuncian a sus cargos y las autoridades están rebasadas.

Las fuerzas armadas no se dan abasto y en algunos casos la policía federal, lejos de ayudar, enrarece más el ambiente. Muchos niños crecen con la idea de que la única manera de lograr el éxito es huyendo a Estados Unidos o convirtiéndose en sicarios de los grupos de delincuentes y muchas niñas creen que los narcotraficantes son buenos novios.

También me gustaría que, así como pusieron incienso a los pies de la Sagrada Familia, nos ayuden a conmover los corazones de los mexicanos para que nos demos cuenta de que la desintegración de tejido social y la corrupción son el resultado de nuestro propio desinterés en lo que los antiguos llamaban “la cosa pública”. Que entendamos que los problemas no podrán resolverse si nos aislamos en nuestros hogares y dejamos la esfera pública a quienes actúan movidos sólo por sus intereses de corto plazo. Ayúdennos Melchor, Gaspar y Baltazar a que los mexicanos sigamos su ejemplo de acción coordinada frente al mal, como cuando fueron más astutos que Herodes Antipas, pues sabían que sus intenciones no eran buenas. Ayúdennos a seguir su ejemplo que no fue de confrontación, sino de coordinación inteligente, prudente y serena.

Les encargo también que, así como entregaron mirra a nuestro salvador, estemos dispuestos a compartir tiempo, dinero y conocimientos para ayudar a otros a salir adelante. Ayúdennos para que seamos capaces de abatir la insolidaridad y reconozcamos que si queremos un país en paz, necesitamos que todos los mexicanos puedan desarrollarse como personas, como miembros de comunidades dinámicas. Mientras existan las diferencias abismales entre quienes viven en la delegación Benito Juárez del DF y quienes sobreviven en San Andrés Larráinzar en Chiapas, será muy difícil que haya paz y que las relaciones entre los mexicanos sean armoniosas y no estén marcadas por la desconfianza y por el rencor.

Reyes Magos les pido que nos ayuden a abrir nuestros corazones para no cegarnos ante el dolor de quienes menos tienen, y que ayuden a estos a reconocer que, sin importar qué tan pobres sean, están dotados de una intrínseca dignidad, de algo que ni los políticos, ni los narcos, ni los empresarios insensibles, ni los jefes policíacos corrompidos pueden arrancarles, y que la conciencia de esa dignidad debe servir como trampolín para organizarse, trabajar, actuar, para imaginar un país mejor, más justo, en el que los defensores de los derechos humanos no vivan sumidos en el miedo por posibles ataques a su vida o la de sus familiares.

Queridos Reyes Magos, sé que no depende sólo de ustedes y sé también que al ser hombres sabios encontrarán la manera de mover el corazón y la conciencia de mis paisanos para que seamos capaces de construir un país en el que no haya hambre, ni los bosques tengan que ser defendidos por comunidades que sienten que el gobierno los abandonó ni persista la violencia en todas sus formas.

Analista
manuelggranados@gmail.com

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