domingo, 3 de febrero de 2013

Como en tiempos de Napoleón

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 03 de febrero de 2013.


Como en tiempos de Napoleón, los ejércitos de Francia han vuelto a marchar sobre tierras africanas, específicamente en Malí. Pero, ¿por qué Francia, que vive una de las épocas más difíciles de su historia económica reciente, vuelve a actuar como potencia imperial en África? ¿Por qué ha sido Francia y no Estados Unidos la que ha intervenido en Malí? La situación deja ver, como en una cápsula, algunos de los más importantes cambios a escala global en los últimos años. El más significativo es que EU, luego de más de 10 años de sostener dos guerras en Afganistán e Irak, renunció a desempeñar el papel de policía global. Eso abrió la puerta para que Francia, la antigua potencia colonial en Malí, interviniera en solitario.

Francia actúa, además, porque no puede tolerar la continuación de tres procesos: En un sentido, el aumento en el flujo de personas provenientes de sus antiguas colonias que piden asilo político a la vieja metrópoli. La revuelta de la coalición de Al-Qaeda y los independentistas tuaregs ha generado una oleada de solicitudes de asilo político en Francia que, dadas las condiciones económicas en Europa, son difíciles de procesar.

En otro sentido, el conflicto en Malí aumentó el riesgo para las inversiones francesas en África y Medio Oriente. Esas inversiones son importantes para que Francia compre allí materias primas (particularmente uranio) y energía, en condiciones relativamente favorables, que le dan ventajas que no puede perder ahora.

Finalmente, permitir la victoria del fundamentalismo musulmán en Malí implica generar mayores presiones sobre otras naciones con mayorías musulmanas en África y Asia, así como mayores presiones del fundamentalismo musulmán que también opera en Francia.

Ello explica la manera en que el gobierno de François Hollande ha hecho todo lo posible para justificar un intervencionismo militar que no se veía desde mediados del siglo XIX. Sin embargo, quien quiera aplaudir la decisión de Hollande de enviar tropas a Malí debería pensarlo dos veces.

Algo que es importante recordar es que el saldo de la actuación de Francia como potencia imperial está muy lejos de ser satisfactorio. En Haití el colonialismo francés hizo de ese país una gigantesca plantación. En África y Asia, ninguna de las naciones colonizadas en algún momento por Francia se transformó en una democracia estable, más bien lo contrario. Incluso Líbano, antiguo protectorado francés, que muchos pensaban en los 1960 que tenía todos los elementos para ser una democracia estable, se convirtió en un invernadero del fundamentalismo y el nacionalismo más radicales. No olvidemos que Hezbolá ha tenido desde hace muchos años una de sus bases de operación en Líbano.

Incluso si no se considera el caso un tanto extremo de Hezbolá, dado el financiamiento que recibe de Irán, es difícil encontrar en las antiguas colonias francesas algún ejemplo de una democracia estable y consolidada. Si el imperialismo militar francés hubiera sido positivo, habría evidencia de ello. No la hay. Francia fue una mala administradora de su imperio y si bien Charles de Gaulle comprendió que el imperio no tenía futuro, permitió que surgiera una estructura informal, la Françafrique, estructura paralela a los canales diplomáticos oficiales, que lejos de ayudar al desarrollo de las antiguas colonias, las sumió en el subdesarrollo. Los cambios de gobierno en Francia no modificaron esta realidad. Gaullistas y socialistas por igual han contribuido al abuso de las antiguas colonias africanas.

Esta estructura paralela facilitó, de acuerdo con cálculos publicados en 2007 por Tierra Solidaria, una organización civil gala (http://ccfd-terresolidaire.org/), el desvío desde los 1960 y hasta la década pasada, de entre 100 mil y hasta 180 mil millones de dólares de ayudas para el desarrollo, que terminaron en cuentas bancarias de los líderes de las antiguas colonias y de funcionarios franceses.

Aunque es relativamente fácil criticar al fundamentalismo musulmán por usar la violencia para imponer reglas totalitarias, como lo demuestran sus excesos en Malí, también es cierto que dicho fundamentalismo atrae a personas hartas de los abusos de una globalización económica, que no se traduce en mayor bienestar para las personas. Más que una intervención militar como la ocurrida en Malí, se necesita desmontar la red de corrupción representada por Françafrique y garantizar formas de comercio justo entre las antiguas colonias y Francia; urge que los productos de Malí, de Gabón o de Argelia lleguen a París o Lyon en condiciones equitativas y que sean los productores de esos bienes, no los intermediarios, quienes se beneficien. Es un asunto de justicia básica.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notaOpinion.php?id_nota=727707

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