sábado, 16 de febrero de 2013

La renuncia


Excelsior.

Sabado 16 de febrero de 2013.

Manuel Gómez Granados.

Más allá del estupor que provocó la renuncia de Benedicto XVI, constatamos que se trata de un acto de humildad, inteligencia y profunda congruencia de un hombre que, como pocos, sufrió en su niñez y primera juventud los excesos del nacionalsocialismo alemán.

El Papa no padeció, como Maximiliano Kolbe o Juan Pablo II, la persecución del régimen. La experiencia de los jóvenes Josef y GeorgRatzinger en la Alemania nazi fue más compleja, más perversa: formar parte de ese pueblo —supuestamente superior— pero rechazar el papel que su gobierno le quiso asignar en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Sin importar la manera en que el régimen nazi insertaba ideas de odio y superioridad raciales, los jóvenes Ratzinger mantuvieron un ámbito de libertad personal que los llevó a ingresar al seminario y que, incluso, a pesar de la conscripción forzada que sufrieron, nunca se tradujo en actos de odio.

En la lógica de Benedicto XVI, el amor sólo puede ser en tanto sea expresión de la libertad. Un amor que no sea libre, no es amor. Y su magisterio, tanto como pontífice como teólogo, ofrece pruebas abundantes de ello. Los casos más notables son las encíclicas Spe Salvi y Caritas in Veritate.

En Spe Salvi, dedicada a la esperanza que alienta a los cristianos, habla de la libertad en 35 ocasiones. Vincula los actos de libertad con la capacidad de renunciar a algo por un bien mayor: “Esta nueva libertad... también se ha manifestado en las grandes renuncias, desde los monjes de la antigüedad, hasta Francisco de Asís, y a las personas de nuestro tiempo que, en los institutos y movimientos religiosos modernos, han dejado todo por amor a Cristo para llevar a los hombres la fe y el amor de Cristo, para ayudar a las personas en el cuerpo y en el alma” (No. 8).

En Caritas in Veritate se refiere al concepto de libertad en 38 ocasiones, y la vincula directamente con un problema central de nuestros tiempos: el desarrollo: “la humildad de quien acoge una vocación se transforma en verdadera autonomía, porque hace libre a la persona… Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano. Sólo en un régimen de libertad responsable, (la persona) puede crecer de manera adecuada” (No. 17).

La renuncia es la conclusión lógica de un hombre que se sabe agotado, limitado para servir al Evangelio y enfrentar los enormes retos de división, increencia y perplejidad, donde “la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.Profunda humildad y libertad de quien dice: “no puedo”; además, evita a la iglesia un interregno que facilite excesos o ambigüedades, pero no es un acto aislado: aceptó los errores que cometió la Iglesia; no los ocultó ni los maquilló. Fue su actitud como cardenal, como Papa y siempre que se reunió con víctimas de abusos, pero también promovió que las diócesis actuaran para castigar y evitar que se repitieran situaciones así.

La libertad es para el Santo Padre condición fundamental de la dignidad humana y del cristiano. Ser libre, es ser capaz de decidir, elegir, renunciar, romper paradigmas, hacer lo que no se ha hecho, estar dispuesto a enfrentar la soledad, el anonimato y la crítica. El miércoles de ceniza pasado dijo: “¿qué cosa cuenta realmente en mi vida?”… “en nuestros días muchos están dispuestos a rasgarse las vestiduras ante escándalos e injusticias, naturalmente, las cometidas por otros, pero pocos parecen dispuestos a actuar sobre su propia conciencia e intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta”.

manuelggranados@gmail.com




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