lunes, 18 de marzo de 2013

PAPEL DE LOS MEDIOS DURANTE EL CONCLAVE


Mons. Abelardo Alvarado Alcántara.

A partir del anuncio que el 11 de febrero hiciera Benedicto VI de su renuncia, noticia que impactó  al mundo por sorpresiva y extraña, puesto que en 600 años no se había dado la renuncia de un Papa, el Vaticano y la Iglesia Católica se volvieron el centro de atención no sólo del mundo católico, sino podemos decir del mundo entero, teniendo en cuenta que los medios de comunicación –prensa, televisión y radio, internet y redes sociales- son a nivel global y llegan a todo el mundo. A querer o no se multiplicó la información sobre la renuncia de Benedicto, la elección del nuevo Papa y los retos y desafíos de la Iglesia en el momento actual.

El 28 de febrero, cuando Benedicto abandonó el Palacio Pontificio en el Vaticano para dirigirse a Castel Gandolfo, residencia de verano de los Papas,  -a 20 klms. de Roma junto al lago Albano-, se acrecentó el interés y las expectativas sobre quien resultaría electo nuevo Pontífice de la Iglesia. Abundaron los comentarios y opiniones de los periodistas, especialmente  de los analistas que se dedican a cubrir la fuente religiosa y las noticias sobre el Vaticano. Apareció la lista de los Cardenales que se consideraron “papables”. Hasta las casas de apuestas publicaron sus momios. Se expresaron diversas preferencias sobre los Cardenales que más se mencionaron como candidatos al Papado, alegando la edad más conveniente y la probada capacidad de gobierno y liderazgo de los diferentes Cardenales mencionados. 

El martes 4 de marzo comenzaron las reuniones previas de los Cardenales  que se encontraban en Roma –llamadas Congregaciones Generales-  para reflexionar sobre los problemas y necesidades actuales de la Iglesia, prioridades sobre la misión de la Iglesia en el presente, intercambiar experiencias y ahondar en el conocimiento mutuo. Para estas fechas se encontraban ya en Roma unos 6000 periodistas dedicados a cubrir todos los detalles de la elección.

Iniciado el Conclave el 12 de marzo –reunión de los Cardenales en completo encierro y desconexión  del exterior para la elección del Obispo de Roma, Sucesor de Pedro y Supremo pastor de la Iglesia fundada por Cristo-, creció la expectativa especialmente en la enorme multitud de peregrinos y turistas que se encontraron en Roma y que acudían con gran algarabía a la Plaza de San Pedro para presenciar el anuncio de la elección de un  nuevo Papa, a pesar de la inclemencia de la lluvia y del frío de esos días y ver salir el humo por la chimenea de la Capilla Sixtina que anunciaría el resultado de las votaciones.

Fue un Cónclave corto y al segundo día por la tarde, concluida la quinta votación, segunda de la tarde del miércoles 13,  los 114 Cardenales habían llegado al suficiente consenso y del humo de la chimenea salió blanco. Había sido elegido el nuevo Papa. Cuando el Cardenal Jean-Louis Tauran  Protodiácono del Colegio Cardenalicio- se asomó en el balcón del frontispicio de la Basílica de San Pedro para hacer el anuncio en latín, hubo algún desconcierto al escuchar el nombre  del elegido: Jorge Mario Bergoglio, argentino de  origen piemontés. Primer Papa Jesuita, primer Papa latinoamericano. Para los informados no fue sorpresa: en el conclave del 2005 fue quien obtuvo más votos después de Ratzinger. 

Aparte de todos los rasgos y las señales que ha dado con sus acciones a partir de su elección, podemos afirmar que en este caso se cumple cabalmente el principio de que en política (en este caso en la vida de la Iglesia)  la forma es fondo. El Papa Francisco está enviando un mensaje muy claro al mundo: él quiere ser un Papa humilde y sencillo, un pastor cercano a su pueblo, preocupado por los pobres y desheredados, despojado de todo signo de poder. El nombre que adoptó lo dice todo. La referencia a San Francisco de Asís es clara. Él quiere ser como San Francisco de Asís, el hombre de la pobreza, de la paz, el hombre que ama y que cuida de la creación.

Pero el aspecto que hoy nos ocupa es su relación con los medios. Este sábado se ha reunido con todos los seis mil periodistas y representantes de los medios de comunicación, tanto de la Santa Sede, como acreditados permanentemente o durante estos días para cubrir la información relativa al Cónclave. Después de dirigirles un cálido saludo les ha dicho: 

El papel de los medios de comunicación - ha dicho- ha ido creciendo en estos últimos tiempos, hasta el punto de convertirse en indispensable para narrar al mundo los acontecimientos de la historia contemporánea. Os dirijo un agradecimiento especial por vuestro calificado servicio en los días pasados -habéis trabajado ¿eh?!, habéis trabajado!- en estos días en los que los ojos del mundo católico, y no solo católico, se han dirigido a la Ciudad Eterna, especialmente a este territorio cuyo baricentro es la tumba de San Pedro. En estas semanas habéis tenido ocasión de hablar de la Santa Sede, de la Iglesia, de sus ritos, de sus tradiciones, de su fe, y en especial del papel del Papa y de su ministerio”.

 “Un agradecimiento especialmente a todos los que han sabido observar y presentar estos acontecimientos de la historia de la Iglesia teniendo en cuenta la perspectiva más justa en que deben ser leídos: la de la fe. Los acontecimientos de la historia requieren casi siempre una lectura compleja que a veces también puede comprender la dimensión de la fe. Los acontecimientos eclesiales no son, ciertamente, más complicados que los políticos o económicos. Tienen sin embargo, una característica de fondo particular: responden a una lógica que no es principalmente la lógica de las categorías, por decirlo así, mundanas, y precisamente por esto no es fácil interpretarlas y comunicarlas a un público amplio y heterogéneo. La Iglesia aunque ciertamente es una institución humana e histórica, con todo lo que esto comporta, no tiene una naturaleza política, sino esencialmente espiritual: es el pueblo de Dios. El santo pueblo de Dios que camina hacia el encuentro con Jesucristo”. 

“Solo colocándose en esta perspectiva se puede dar razón plenamente de todo cuanto  la Iglesia católica obra. Cristo es el Pastor de la iglesia, pero su presencia en la historia pasa a través de la libertad de los hombres: Entre ellos, uno ha sido escogido para servir como su Vicario, sucesor del apóstol Pedro, ¡pero Cristo es el centro! El referente fundamental, el corazón de la Iglesia. Cristo es el centro; no el sucesor de Pedro. Sin Cristo, ni Pedro ni la Iglesia existirían ni tendrían razón de ser. Como ha repetido muchas veces Benedicto XVI Cristo está presente y guía su Iglesia. En todo lo que ha sucedido, el protagonista es, en último análisis, el Espíritu Santo. Él ha inspirado la decisión de Benedicto XVI para el bien de la Iglesia; Él ha dirigido a los cardenales en la oración y en la elección. Es importante, queridos amigos, tener en cuenta este horizonte interpretativo, esta hermeneútica para analizar a fondo los acontecimientos de estos días”.

Después añadió: “De aquí nace, sobre todo, un renovado y sincero agradecimiento por la fatiga de estos días particularmente trabajosos, pero también una invitación a tratar de conocer siempre mejor, la naturaleza verdadera de la Iglesia y las motivaciones espirituales que la guían y que son las más auténticas para comprenderla. Podéis estar seguros de que la iglesia, por su parte, presta gran atención a vuestro precioso trabajo; tenéis la capacidad de recoger y expresar las esperanzas y exigencias de nuestro tiempo, de ofrecer los elementos para una lectura de la realidad. Vuestro trabajo necesita estudio, sensibilidad, experiencia -como tantas otras profesiones-, pero conlleva una atención particular hacia la verdad, la bondad y la belleza; y esto nos acerca mucho, porque la Iglesia existe para comunicar eso mismo: la Verdad, la Bondad y la Belleza "in persona". Debe quedar claro que estamos todos llamados no a comunicar lo nuestro, sino esta triada existencial que conforman la verdad, la bondad y la belleza”.

Concluyó dándoles su bendición. Pero con un detalle de gran delicadeza. Concluyó con estas palabras: “Os había dicho que os daría de todo corazón mi bendición. Muchos de vosotros no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes. Os doy de corazón esta bendición, en silencio, a cada uno de vosotros, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de vosotros es hijo de Dios. Que Dios os bendiga”.

Más claro ni el agua. Este mensaje describe con gran precisión y claridad la importancia del papel de los medios tanto para la Iglesia como para lo sociedad. De agradecerse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario