jueves, 7 de marzo de 2013

¿Pobreza insuperable?

Fernando López Anaya.

Los niños de Chiconcuautla me despertaron de un sueño, y me hicieron ver la realidad de un México olvidado. A tan sólo cuatro horas de la Ciudad de México, en la sierra norte de Puebla se encuentra el municipio de Chiconcuautla. Entre cerros y un camino de terracería, se llega a este lugar que forma parte de municipios con menor índice de desarrollo humano en el país. Es uno de los lugares donde la pobreza tiene rostro femenino e indígena, más del 80% de los habitantes del municipio son indígenas.
  
Ahí es común encontrarnos con personas descalzas que trasladan en sus espaldas una carga de leña que recolectaron en el campo, y que les sirve para cocinar sus modestos alimentos que, por cierto, no son los que encontramos en cualquier mesa. La razón es muy sencilla, en muchos casos comen lo que encuentran en el monte, y lo que pueden obtener de un trabajo mal pagado. Las tortillas, los escasos frijoles, quelites y algunas verduras son un manjar para las familias de poco más de cinco integrantes que cuentan con menos de $900 pesos mensuales para sobrevivir.

Después de conocer la situación de varias familias de Chiconcuautla, vi que muchos niños de estas localidades padecen hambre, desnutrición y frío, y quisieran atragantarse de lo que muchas veces desperdiciamos.

Vienen a mi mente las escenas de los niños con un evidente rezago en capacidades psicológicas y de aprendizaje. Parece una utopía que los niños de Chiconcuautla sean los mejores estudiantes de la región o del Estado de Puebla. Los niños desnutridos, con deficiente desarrollo intelectual, fruto de la mala alimentación, no pueden aspirar a mucho, eso es una realidad que los condiciona de por vida.

Los niños de Chiconcuautla lamen los platos de plástico cuando alguien les sirve un trozo de carne de res. Tienen hambre. Por si fuera poco, los niños se ven obligados a ayudar en tareas del campo para mejorar la economía familiar, porque en Chiconcuautla no hay empleo, no hay trabajo, muchas mujeres desearían irse de trabajadoras domésticas si tuvieran oportunidad.

Las condiciones de desventaja y marginación a las que se encuentran condenados los más de 15 mil habitantes de esta región son casi insuperables, pues su situación geográfica también abona, ya que no les facilita el necesario acceso a servicios de salud, educación, capacitación… Los costos de transportación escapan a sus posibilidades.

Sin embargo, existen opciones para que las comunidades de Chiconcuautla solucionen sus problemas de alimentación nutritiva. Grupos de mujeres se capacitan para producir hongos comestibles en micro invernaderos con riego tecnificado. Esta actividad les brinda la posibilidad de acceder a una rica fuente de proteínas.

Margarita, soltera de 22 años, madre de dos niños, contó con mucha alegría que gracias a un micro invernadero, tenía hongos para alimentar a sus hijos, y no tenía que abandonarlos ni dejarlos solos, pues desde su casa podía trabajar y producir alimentos. La emoción le ganaba al decir que ya podía nutrir mejor a sus niños, pues antes sólo les daba atole de maíz, tortillas y frijoles.
Para que una mujer inicie su producción de hongos para consumo de su familia y ganar un poco de dinerito, requiere comprar insumos: semilla de hongo, pacas de paja, bolsas… además de capacitación para poder producir.

¿Quieres ayudar a estas familias de Chiconcuautla para que mejoren su alimentación? ¡Puedes adoptar a una familia! Un kilo de micelio o semilla de hongo cuesta 35 pesos, capacitar a una familia cuesta mil quinientos pesos, instalar un micro invernadero con riego tecnificado cuesta 110 mil pesos. ¿Con qué deseas apoyar?

Acude a CENADIN para que  facilite que tu contribución, ya sea en efectivo o en especie, se traduzca en capacitación, acompañamiento, asesoría técnica y la utilización eficiente de insumos para que las familias de Chiconcuautla produzcan sus propios alimentos. CENADIN tiene la posibilidad de ofrecerte un recibo deducible de impuestos por tu donativo, todo esto con el fin de que estas comunidades se valgan por sí mismas y sean protagonistas de su propio desarrollo.






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