domingo, 14 de abril de 2013

Argentina, tiempo de recoger varas



Domingo 14 de abril de 2013.
La Crónica de Hoy.
Manuel Gómez Granados.

A pesar de las inundaciones en dos provincias y en Buenos Aires, la capital, Argentina ha vivido los últimos dos meses una suerte de periodo de júbilo por la elección del antiguo arzobispo de la capital, Jorge Mario Bergoglio, como el Papa Francisco.

Cristina Fernández ha impulsado en los últimos dos años una serie de políticas que teóricamente tendrían que
haber servido para reactivar la economía. Estas políticas incluyeron la prohibición de compras de tierras a empresas o personas extranjeras; siguió la imposición de elevados aranceles a la importación de productos que, en opinión del gobierno de ese país, podían producirse localmente. Continuó con la ruptura de los acuerdos de partes automotrices con México y la expropiación de las acciones de la empresa española Repsol en Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Agregó a la fórmula un control encubierto de cambios, así como la imposición de mayores controles (e impuestos) a las exportaciones de carne, cereales y otros productos agropecuarios argentinos y culminó, hace poco, con un control de los precios de los artículos de mayor consumo.

Son medidas que apuntaban a un retorno a los años 1960 y las políticas de sustitución de importaciones e industrialización acelerada. Como en aquellos años, la idea era reactivar el empleo, reducir la dependencia del extranjero y aislarse de lo que la Casa Rosada ve como los peores efectos de la globalización. El problema, y esto es lo que tiene preocupados a muchos observadores, es que a la par del impulso de estas medidas, la señora Cristina Kirchner impulsa un proyecto político que insiste en que ella es la única persona capaz de gobernar Argentina, para lo cual se necesita una reforma de la constitución.

Es un mal signo. Habla de una visión muy estrecha, personalizada, caudillista de la política que reniega del supuesto base de la democracia y que, para hacerse realidad, necesita de una buena dosis de violencia verbal, y a veces física, contra los adversarios. En el caso argentino esa violencia, de alguna manera, se ha camuflado en la medida que se le presenta como parte de una reflexión más amplia sobre los excesos cometidos por la dictadura militar de 1976-83, pero que—caprichosamente—desconoce el hecho de que el modelo económico que ahora tratan de impulsar es el mismo que impulsaron los militares que derrocaron a Juan Domingo Perón en 1955, y que encabezaron una dictadura tan represora e ineficaz como la de Jorge Videla.

Lo que hace doña Cristina es una pirueta, pues denuncia el legado de represión de la dictadura de 1976-83, pero abraza sin pudor los supuestos económicos de cualquiera de las tres dictaduras que se sucedieron entre 1955 y 1973. Lo hace en nombre de la democracia y enarbolando a Eva Perón.

Hay en esta situación una serie de moralejas que los mexicanos deberíamos considerar con todo cuidado. La más importante de todas es que la política no puede concebirse como un ejercicio de pase de facturas a los adversarios, reales o imaginarios, de quienes ejercen el poder. Eso es, por cierto, lo que hizo durante sus casi quince años de gobierno Hugo Chávez en Venezuela y eso es, sin mayor adorno que sus insultos, lo que ha hecho Nicolás Maduro como candidato del chavismo que hoy domingo define su futuro en la elección frente a Henrique Capriles.

Más que pensar en cacerías de brujas y en el pase de facturas, lo que los países de América Latina necesitan es diseñar políticas que nos digan qué harán para construir un mejor futuro. En el caso de Argentina, la generación de militares, empresarios y políticos corresponsables del golpe de 1976 desaparece. La muerte se encarga de ellos y al hacerlo el kirchnerismo pierde las banderas que ha ondeado en los últimos años, a veces con una fuerte dosis de amnesia, mientras los problemas estructurales persisten y se agravan.

La gente sigue comprando dólares en los mercados informales, pues no confía en el peso. La recuperación del empleo que se esperaba, no ha ocurrido, pues el contrabando es una realidad ineludible y porque la ecuación del gobierno no consideró que para generar empleo se necesita que los empresarios confíen. Y peor, las empresas que sí generaban empleo —las del sector automotriz— perdieron la posibilidad de vender al exterior.

Los próximos meses serán determinantes para el futuro del kirchnerismo. Se jugará su resto para buscar la reforma de la constitución y no sería difícil que viéramos un intento desesperado de la actual presidenta para lograrlo.

manuelgranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/744898.html

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