domingo, 21 de abril de 2013

El futuro de Venezuela


La Crónica de Hoy.

Domingo 21 de abril de 2013.
Manuel Gómez Granados.

 ¿Qué pasará con Venezuela? Es difícil jugar a ser profeta, especialmente cuando las variables involucradas en el análisis son tan difíciles de evaluar como el temperamento de Nicolás Maduro u otros actores de la vida pública venezolana, así como del hecho que Venezuela depende por completo de la exportación de petróleo crudo, cuyo precio se ha desplomado 10 dólares en la última semana, dato que nadie puede dejar pasar en un país cuyo principal producto de exportación y principal fuente de ingresos es el petróleo.
Esas variaciones son más importantes cuando se considera la inexperiencia política de Maduro. No sólo hubo, incluso de acuerdo con las cifras oficiales, una baja sensible en el caudal de votos del Partido Socialista Unificado de Venezuela. Si en 2012 Hugo Chávez logró una ventaja de más de 10 puntos porcentuales sobre Henrique Capriles, seis meses después, la ventaja se diluyó a poco menos de un uno por ciento. Queda claro que a Maduro no le bastará tapizar las calles de Caracas con fotografías de Chávez, pues la gente espera algo más del nuevo líder, que no puede ser la repetición de las mismas fórmulas usadas los últimos 15 años.

Pero la responsabilidad de construir el futuro político de Venezuela también recae en Capriles, quien tendría que reconocer que Maduro difícilmente perderá en la mesa lo que, legal o ilegalmente, ganó en la calle. Apostar a que la protesta logre lo que la campaña no logró es una fórmula que conocemos bien en México y que Capriles, de manera inteligente, eludió en octubre del año pasado. A ello se deben agregar los siete muertos y 60 heridos que dejó la protesta. Y la pregunta inevitable es, ¿cómo resistir la tentación de la violencia? Esta es más difícil de resolver en un país en el que abunda la violencia en el discurso político, con sus abusos en discursos agresivos, la victimización, el insulto del adversario convertido en enemigo. De ahí la incertidumbre que domina el futuro de Venezuela.

Maduro tendrá que encontrar alguna manera de institucionalizar el ejercicio del poder, sin caer en el simplismo de “la conspiración del imperio” y el “pajarito” que le dicta mensajes sobre el futuro del país. Hasta ahora, Maduro hace que las críticas a él sean críticas a Chávez. La pregunta es ¿cuánto tiempo podrá hacerlo? La respuesta depende del tiempo que esa ficción —que es la economía venezolana— pueda continuar, en momentos en que baja el precio del crudo.

El petróleo en Venezuela ha construido —desde antes de Chávez— un edificio de mentiras, la más notable es que con la energía barata se facilita la industrialización. Eso no ha sido cierto. Más bien ha ocurrido lo contrario. La gasolina, más barata que el agua o la leche, se desperdicia en miles de viejos vehículos de seis y ocho cilindros, que operan en condiciones lamentables y sin solución a los problemas de millones que, sin otra razón que las torpezas de la clase política de los últimos 60 años, han hecho de Venezuela el ejemplo de lo que no se debe hacer para manejar la economía. Donde no debería haber pobres; ¡abundan! Donde tendría que existir una democracia estable, hay una democracia más frágil que la de países con menos recursos, como Costa Rica o Chile.

Para Capriles el reto es más complejo. Él podría capitalizar el descontento que existe en Venezuela, pero es ahí donde la tradición política venezolana no ayuda, pues sus hipérboles, excesos verbales y arrebatos, entrampan el diálogo. Sería deseable que Capriles apostara a construir una respuesta institucional para los problemas de su país, que no dependa sólo de su carisma o de la apropiación, como hizo en campaña, de la figura de Chávez.

Capriles ha sido muy cuidadoso, pero no todos los grupos que orbitan a su alrededor lo han sido. Hay quienes pierden de vista sus propios errores y le apuestan, más bien, a un chispazo que resuelva problemas que no se deben sólo a los excesos del presidente fallecido. Son ejemplos que Chávez heredó de los políticos de la democracia y que ellos, a su vez,  recibieron de las dictaduras militares del siglo XX. Por ello, porque no basta eliminar de la ecuación política a Chávez o a su sucesor, la apuesta de Capriles debe ser generosa y de largo plazo: un ejercicio de construcción de ciudadanía, que haga conscientes a los venezolanos de los efectos devastadores de una economía basada en mentiras, que sólo los empobrece y enfrenta.



Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/746882.html

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