domingo, 5 de mayo de 2013

Alimentos y combustibles, la crisis en puerta

Manuel Gómez Granados.
La Crónica de Hoy.
Domingo 05 de mayo de 2013.

A escala global, en los últimos 10 años se han registrado por lo menos tres importantes alzas en los precios de los alimentos. Se trata de un hecho sin precedente en la historia de la humanidad. Los efectos de estas alzas han sido devastadores en diferentes regiones del mundo. Tanto, que la organización civil Oxfam publicó a finales del año pasado el reporte: Los secretos de los cereales (http://bit.ly/oxfamcereal2012), que explica las razones de esos aumentos.

Entre las causas que Oxfam señaló se encuentra la creciente financialización de los mercados agropecuarios. El concepto de financialización es uno de los más recientes en el mundo del análisis económico. La idea de que algo se financializa es que los precios de ese algo dejan de depender de las leyes de oferta y demanda y, en lugar de ello, dependen de cuántos y por qué deciden invertir o no en la producción de ese algo. No está por demás recordar que las decisiones de invertir no son éticamente neutras ni necesariamente están motivadas por el bien común o el interés superior de una sociedad o del mundo; frecuentemente están motivadas sólo por el interés del algún lucro, sin importar las consecuencias.

El concepto de financialización apareció originalmente en algunos oscuros documentos de análisis económico publicados a principios de la década pasada y, poco a poco, ha encontrado su camino hasta los diarios y revistas financieros, y su popularidad dependerá de qué tanto daño provoque.

No hay una definición única, pero entre las muchas que existen destacan la del profesor Thomas I. Palley de la Universidad Bard (http://bit.ly/PalleyFinancialización): “Un proceso por el que los mercados, las instituciones y las elites financieras adquieren mayor influencia sobre el rumbo de la política económica, sus objetivos y resultados. Ello transforma el funcionamiento de los sistemas económicos tanto en el nivel macro como el micro de modo que, además de que crece la importancia del sector financiero en relación con el sector real, al mismo tiempo el sector real transfiere más ingreso al sector financiero, lo que aumenta la desigualdad del ingreso y hace que los salarios se estanquen”. Ello hace que los mercados sean más proclives a recesiones prolongadas, entre otros riesgos.

Richard Freeman, de Harvard (http://bit.ly/FreemanFinancializacion), señala que una de las consecuencias es una “tremenda pérdida de empleos y reducciones en los bienes públicos disponibles”, que resultan de las pérdidas que el proceso provoca, pues lejos de ser un proceso que aliente la producción de bienes y abaratarlos, al aumentar la productividad o mejorar los procesos tecnológicos, más bien beneficia a elites que buscan conservar ventajas en la forma de rentas que se pueden lograr al favorecer una mayor o menor producción de los alimentos.

Wei Xiong, de Princeton, señala —a su vez— que una de las consecuencias de la financialización es una “más pronunciada correlación entre los precios de materias primas no-petroleras y el petróleo”. De acuerdo con un índice elaborado por Xiong y su colega Ke Tang de la Universidad Renmin de China (http://bit.ly/XiangFinancializacion), “esa correlación refleja los resultados de la financialización de los mercados de materias primas y ayuda a explicar los marcados aumentos en la volatilidad de las materias primas no-energéticas”. Este argumento ha sido adoptado por la Conferencia de Naciones Unidas en Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en algunos de sus documentos oficiales (http://bit.ly/UNCTADfinancializacion).

El riesgo que la financialización plantea para los mercados agropecuarios es doble. En un sentido, dado que hay la percepción de que el despegue económico de países con poblaciones muy grandes como China, India o Brasil hará que se presente un marcado aumento en la demanda de alimentos, hay un incentivo para producir más, pero no demasiado, no como para satisfacer la demanda, pues si se satisface la demanda, los precios bajan; el modelo de financialización alienta, pues, la especulación. En otro sentido, la decisión del gobierno de Estados Unidos de aumentar los porcentajes biocombustibles en las gasolinas y diesel que se venden al público, ha hecho que las empresas petroleras busquen invertir más y más en la producción (o en la no producción) de maíz, caña de azúcar y palma, los tres productos clave del mercado de los biocombustibles. Esto es más relevante para un país como el nuestro, que públicamente ha reconocido que sufre de hambre y que incluso ha firmado un memorándum de entendimiento con la FAO, pero que —hasta ahora—no reconoce el riesgo que plantea la financialización. El tema resulta muy oportuno en el contexto de la Cruzada Nacional contra el Hambre.

manuelggranados@gmail.com

Enlace: http://www.cronica.com.mx/notas/2013/750574.html

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