domingo, 26 de mayo de 2013

La reforma de la migración


Manuel Gómez Granados.

La Crónica de Hoy.

Domingo 26 de mayo de 2013.

La semana pasada, en medio del ruido que provocan en México y Estados Unidos la interminable sucesión de escándalos, los servicios de información circularon una nota que anunciaba que el Comité Judicial del Senado en Washington, DC, había logrado un acuerdo preliminar para una muy amplia reforma del sistema de inmigración en EU.

Obama expresó: “Ninguno de los miembros de la Comisión Judicial ha conseguido todo lo que quería, tampoco yo, pero le debemos al pueblo estadunidense conseguir el mejor resultado posible sobre la línea de meta”.

Si ese Comité Judicial logró el acuerdo, es un hecho que lo hizo con el consenso de cada uno de los grupos parlamentarios. Las razones no son humanitarias. A pesar de que varios medios de comunicación a ambos lados de la frontera publican en fechas recientes historias sobre la muerte de cientos, quizás miles, de personas en el desierto de Arizona, lo que motivó a los dos principales partidos de EU fue el reconocimiento de una serie de realidades.

La primera es que a pesar de que EU tiene cerca de once millones de indocumentados, muchos  son personas con baja o nula escolaridad y lo que EU, lo mismo que muchos otros países del mundo buscan ahora, es atraer a personas capacitadas, calificadas, que hagan más productivas a las economías de los países. Incluso China, país que expulsa millones de personas al año, ha entrado a la competencia por atraer cerebros y capitales extranjeros, y para ello ha reformado sus propias leyes.

Por su parte, Canadá tiene diseñados mecanismos que le permiten atraer personas calificadas que son rechazadas en EU. Alemania, un país que históricamente se ha distinguido por no aceptar inmigrantes que no sean obreros en los sectores de menor rentabilidad de su economía,  reformó también sus leyes.

La segunda y quizás más importante es que el Partido Republicano pagó un precio muy alto por las posturas antiinmigrantes que asumió, contra sus propuestas, Mitt Romney el candidato republicano a la presidencia en 2012. Los republicanos no están dispuestos a volver a perder así y lograron acallar al Tea Party, el movimiento nacionalista, conservador y antimigrante, para que —al menos de aquí a 2015— no sean ellos quienes definan el desempeño en el Congreso de los republicanos.

Los demócratas, obviamente, han tomado nota de la urgencia republicana y tratan de capitalizar su cercanía con los migrantes indocumentados y con sus familiares que son ciudadanos o están próximos a serlo cuando cumplan 18 o 21 años y puedan votar. En ese sentido, la reforma de la migración que seguramente ocurrirá en los próximos meses es un triunfo de demócratas que desde hace muchos años presionan para incluir a las comunidades de migrantes en el proceso político en EU.

Hay una tercera razón. Sin reforma migratoria EU tendría que aplicar, como lo ha hecho los últimos años, las absurdas leyes en esa materia. Ello implica expulsar a jóvenes que han estudiado en ese país. Es perder un capital humano que ha sido formado por EU y que no crece en maceta.

Finalmente está el asunto de la necesidad que EU tiene de mano de obra barata si es que, como todo parece indicar, Barack Obama efectivamente le apuesta a reactivar la industria de la manufactura y la agricultura. Esto es terrible, porque la inmensa mayoría de esos inmigrantes son mexicanos que buscan allá los empleos que acá no consiguen, pues en México todavía no aprendemos a generar las condiciones para facilitar la inversión, para evitar que nuestros ciudadanos prosperen aquí y tengan que buscar el sustento allá.

Habrá quienes vean con buenos ojos la reforma de la migración. Se evitarán abusos y sufrimiento. Las familias podrán mantenerse unidas y los engranes de las remesas volverán a andar como lo han hecho los últimos 30 años en México. Ojalá nos demos cuenta, empero, que las remesas han sido mal negocio. No sólo perdemos capital humano. Muchas comunidades rurales del país se han dislocado por los efectos perversos de las remesas. A muchos niños, por ejemplo, les importa poco estudiar acá, pues desean irse pronto.

La reforma migratoria tendría que ser vista como un llamado de atención para México; podríamos avanzar si se aprueba una reforma fiscal sensata, que no exente a grandes empresas y castigue punitivamente a las pequeñas. Ojalá que la tan anunciada reforma ayude a evitar la emigración y favorezca un desarrollo que favorezca la productividad,  cree empleos y reduzca la devastación de nuestros recursos naturales y humanos.


manuelggranados@gmail.com


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